Frontera
Subeilis Chirino, la artista que ameniza el PASI Liceo Nacional San Antonio
20 de abril de 2020
Jonathan Maldonado
De los 358 retornados que cumplen aislamiento preventivo en el PASI Liceo Nacional San Antonio, Subeilis Chirino, de 33 años, ha resaltado por su potente y afinada voz, la cual usa para amenizar las tardes y noches de los connacionales.
Su talento se dio a conocer, en principio, en el Terminal de Pasajeros de la ciudad de San Antonio del Táchira, donde aguardaba, junto a su agrupación llanera, compuesta por un arpa, cuatro, maracas, bajo y cantante, a ser trasladada al Punto de Asistencia Social Integral.
“Sacamos los instrumentos y comenzamos a cantar por una hora. La gente, tanto los funcionarios como el pueblo, nos daban las gracias por permitirles pasar un rato diferente, alegre”, dijo.
Al ser distribuidos en los PASI, les tocó separarse. “Unos son de Barinas y otros de Guárico. Yo soy de Lara”, aseveró Chirino al tiempo que aclaró: “a quien me pide que cante, lo hago. Es gratificante verlos cómo disfrutan”.
Los tres días que lleva en uno de los cinco PASI que están habilitados en el municipio fronterizo de Bolívar, no ha parado de cantar. “Anoche (domingo) me pidieron en la cocina que volviera a cantar y lo hice”, dijo.
“Aquí, en el PASI, nos han tratado excelente. El concejal Adixón Amaya, encargado, nos ha brindado todo el apoyo. En el aula que yo estoy, vivimos bien. Desde el primer oficial que conseguí en el puente, hasta el día de hoy, me han tratado bien”, reiteró.
Su estadía en Colombia
Chirino estaba en el municipio colombiano de Duitama, en Boyacá, cuando decidió retornar. “Tenía dos años yendo y viniendo. Pero en esta ocasión vine y pasé un mes con mi familia. Tenía ya dos semanas con ellos, cuando me agarró la cuarentena por la pandemia”, indicó.
“Me ganaba la vida cantando música llanera. Desde pequeña mi padre y madre me inculcaron la música y me llevaron hasta donde ellos pudieron. Ya cuando crecí, abandoné la música, pues me dediqué a mi familia, mi hija, de 9 años”, puntualizó.
En la nación neogranadina, tuvo la oportunidad de retomar a su mundo. Para darse a conocer, empleó la regla de los músicos: “vamos a patear la calle”. De esta manera, dueños de restaurantes y organizadores de festejos (15 años y matrimonios), pusieron los ojos en ella y en los músicos.
“En Colombia me trataron muy bien. No tengo quejas. Las ciudades que recogí me brindaron apoyo. También a los demás miembros de la agrupación”, sentenció mientras la invadía la duda de regresar o no al vecino país una vez pase el escenario de la pandemia. “Aún no lo sé”, añadió.
“Lo que sí estoy segura es que una vez concluya la cuarentena, hay que continuar. Agradecidísima si me sale trabajo”, señaló a modo de colofón.