Las despedidas de los seres queridos, en los camposantos, ha cambiado enormemente. En el Cementerio Municipal de la ciudad fronteriza de San Antonio del Táchira, las cristianas sepulturas duran 15 minutos y solo pueden ingresar 10 personas, del grupo familiar, para darle el último adiós.
Ese adiós, para la mayoría, se ha convertido en un momento efímero, incompleto. “Antes de la pandemia, no había límites en el número de personas que podían entrar a los entierros, y mucho menos en el tiempo. Las personas podían durar una, dos o tres horas, si así lo deseaban”, recalcó el coordinador del Cementerio Municipal, Erwin Godoy.
De acuerdo con Godoy, en 255 días de pandemia, que se traducen en ocho meses, se les ha dado cristiana sepultura a 30 ciudadanos que registraron cuadro clínico para covid-19. “Los familiares que ingresan al cementerio deben hacerlo con su tapaboca y respetando los demás protocolos de bioseguridad, como el distanciamiento social”, indicó Godoy.
La mañana de este martes 24 de noviembre el camposanto lucía solo. Pocas personas ingresaban a visitar las tumbas de sus seres queridos. El horario va desde las 8:00 a.m. y hasta las 3:00 p.m. En la fachada de las instalaciones están activos los quioscos que venden flores para adornar las tumbas.
Otras veces, cuando hay entierros, algunos familiares deben esperar afuera, mientras el otro grupo (10 personas) ingresa a despedir a su ser querido. Las funerarias están claras con los protocolos y tiempos. La idea es no arriesgar a nadie, y que los contagios no se sigan propagando.
30 años de servicio
Romero Ramiro Antonio, de 51 años, lleva 30 años ininterrumpidos como sepulturero. Quizá lo más difícil que ha tenido que presenciar, en los meses de pandemia, ha sido el corto tiempo para la despedida: “de 15 a 20 minutos como máximo”, dijo. De resto, para él, todo ha transcurrido igual.
“La piqueta, la barra y el canalete siguen siendo sus instrumentos de trabajo, con o sin pandemia”, precisó quien rememoró el acto de velación que hacían los familiares durante la noche. “Ahora eso no se puede hacer”, acotó rodeado de tumbas, a cuyo material es muy costoso acceder en la actualidad.
“Lo único que ha cambiado de mi trabajo es lo rápido que se hacen ahora los entierros, lo demás sigue igual”, prosiguió Ramiro Antonio, quien hizo énfasis en las aglomeraciones. “Ya no se permiten”, remató.
Jonathan Maldonado