Frontera

Cuatro rostros del comercio formal en la zona de frontera

14 de agosto de 2021

1.311 vistas

Jonathan Maldonado


Una de las fronteras más conocidas de Latinoamérica ha perdido su dinamismo. El comercio formal de San Antonio es un ejemplo palpable y actual. Acudir al centro de la Villa Heroica es tropezarse con la mayoría de los locales cerrados; los pocos que se atreven a abrir apenan ganan para pagar el alquiler y sobrevivir.

De ese pequeño grupo, cuatro rostros harán un bosquejo del escenario en el que se desempeñan laboralmente. Lázaro, Luz Marina, Sandra y Ferddy son los nombres de quienes conforman el grupo que relatará sus experiencias en una economía que ven estancada y cuyo problema se ha acentuado con el arribo de la pandemia, hace más de 15 meses.

Los tres primeros nombres atesoran recuerdos, vivencias y grandes experiencias, pues cada uno suma más de 30 años en un negocio que trata de no sucumbir del todo por la persistencia que mantienen los que aún quedan. Los tres son mayores de 50 años y significan para Ferddy, con apenas año y medio en el nicho, una guía y espaldarazo.

Tres lustros atrás, las aceras del centro se veían atestadas de personas que se movían por la zona buscando algún producto dentro de la variedad de locales activos que existían. En ese entonces, la palabra pujante delineaba al sector y lo ubicaba en un escalón donde las expectativas y ganancias eran muchas.

Esa imagen, en este instante, está desfigurada. De ella solo quedan las fotos y relatos de quienes la vivieron y disfrutaron, con un paso binacional donde los carros particulares y el transporte público iban y venían, en un intercambio que abarcaba lo comercial, cultural y familiar.

Isabel Castillo, presidenta de la Cámara de Comercio de San Antonio del Táchira, indicó que, antes del 2015, año que marcó un antes y un después en el desenvolvimiento fronterizo, ya las empresas venían registrando problemas. “Se estaban dando problemas con la materia prima y la mano de obra calificada”, dijo.

Isabel Castillo presidenta de la Cámara de Comercio.

“En la parte comercial se ve la ausencia total de personas en el casco de la ciudad y podemos ver que hay un 92 % del sector cerrado. Este 8 %, que aún está trabajando, lo hace con su familia. No hay trabajadores y no está circulando el bolívar, solo el peso colombiano y el dólar”, enfatizó Castillo.

Otro punto que recalcó fue lo que califica como la “deficiencia de los servicios públicos”, la cual, a su juicio, ha provocado graves pérdidas de artefactos eléctricos y maquinarias, con los constantes y prolongados cortes eléctricos. “Los comerciantes y empresarios están batallando frente a un duro panorama”, acotó.

En torno al sector industrial, aseveró que un 95 % se halla paralizado, solo funciona un 5 % y al 30 % de operatividad. “Muchos no tienen acceso a los insumos, no hay beneficios para los trabajadores, lo que dificulta, sin duda, a uno de los sectores que requieren acceso a las divisas y materia prima”, agregó.

La presidente de la Cámara de Comercio puntualizó que la frontera está a punto de cumplir seis años de aquel primer cierre de los puentes internacionales, el cual fue socavando la vida económica de la zona. “Es hora de que se abran los puentes con todos los protocolos que se necesitan por la pandemia”, aclaró.

“Los contenedores no han traído ningún beneficio; al contrario, hemos sido perjudicados, no solo a nivel comercial e industrial, sino también en los aspectos humanitarios y de educación”, prosiguió Castillo mientras indicaba que las empresas afiliadas en estos momentos no llegan a 150.

Más de 37 años

de experiencia

Lázaro León Martínez, comerciante de 57 años.

Lázaro León Martínez, de 57 años, suma 37 años de experiencia en el mundo del foto estudio. Los primeros 17 años los invirtió en una empresa que no era suya, pero donde aprendió el oficio que hoy le ha permitido seguir desempeñándose en su propio negocio, con 20 años de historia y virajes.

“Esto ha sido tenaz, muy duro, no hay comparación a como era antes.  Demasiado complejo. Antes era una frontera dinámica, venía mucha gente de Cúcuta, de San Cristóbal. El centro de San Antonio estaba muy cuidadito. Ahorita es difícil, usted sale y lo que consigue es soledad por todos lados”, contó León Martínez.

Desde la comodidad de su foto estudio, lamentó que la mayoría de negocios estén cerrados y recalcó que un miércoles, a las 10:30 a.m., no se diferencia mucho de un domingo. En este sentido, cree que el secreto para no desfallecer es “echándole pichón a cada jornada para poder sobrevivir”.

El hecho de tener que pagar 300 mil pesos de alquiler mensual le ha provocado ciertos retrasos al momento de cancelarlos. “Debo dos meses”, soltó con tono de preocupación y frente a un panorama que no ofrece grandes opciones ni clientes a quienes brindarles el servicio fotográfico.

Mientras los pasos oficiales estén cerrados, duda que sus clientes de Villa del Rosario, Colombia, se acerquen, pese a que los precios son más bajos y con la calidad de siempre. “Un estudio en Cúcuta puede costarte 70 mil pesos; aquí se lo hacemos en 17 mil, de calidad y superbarato”, reiteró.

Como comerciante, ve idóneo un consenso entre Caracas y Bogotá que permita acciones oportunas para la frontera y enfocadas, en primera instancia, en la apertura de los puentes Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander.

Reinvención frente

a los obstáculos

Para Luz Marina Godoy, de 54 años, fueron inevitables las lágrimas. En cada recuerdo, con el que dibujaba el movimiento de antaño, se le hacía un nudo en la garganta que se acentuaba en sus ojos inundados. Y es que los 35 años inmersos en la papelería y librería le confieren la posibilidad de expresarse con propiedad.

Luz Marina Godoy, comerciante de San Antonio.

“Las ventas han decaído en un 90 %. Los papeleros hemos sido los más sufridos debido a las clases, los muchachos no están asistiendo a las aulas y hemos tenido que cerrar empresas, sacar personas; somos muy pocos. Éramos 35 empleados del grupo de papeleros de tres empresas y solo quedamos cuatro”, detalló quien lleva 25 años manejando su propio negocio.

De su empresa y de la frontera se declara enamorada, dos puntos que la han mantenido con la persistencia a millón ante las actuales dificultades. “Gran parte de mi familia se ha ido a Colombia, solo estoy con mis dos hijos, y ellos han emprendido otros oficios muy diferentes a lo que hago, pese a que crecieron en este entorno”, subrayó.

Aunque la mayoría de los productos que ofrece son adquiridos en Venezuela, hay otros, en menor proporción, que compra en Colombia y pasa por los caminos verdes. “Más del 80 % de mi mercancía es venezolana, pues no se pueden pasar volúmenes, primero por la factura y, segundo, por el Seniat, que siempre hace sus fiscalizaciones”, destacó.

Además de las ofertas y premios escolares que rifa en su negocio para atraer a clientes, tuvo que reinventarse y agregar ventas de refrescos, chocolates y ciertos obsequios para ocasiones y fechas especiales. “Antes la gente compraba para guardar. Ahora no, solo lo que más necesitan”, acotó.

“Cuando yo inicié en el comercio, en el año 1986, la gente lo empujaba a uno, los carros pitaban, los camiones, y todo el mundo andaba con ese estrés. Ahora no, usted puede salir caminando y nadie lo ve; ya a las cinco de la tarde esto parece un cementerio y en semana radical más aún”, comentó quien tiene sus productos marcados en pesos y con la posibilidad de pagar con transferencia, si así lo desea el cliente.

Lentes para todos

los gustos y bolsillos

La óptica donde labora Sandra Uribe, de 52 años, y hermana de la propietaria, lleva más de 30 años prestando su servicio. En tres décadas ha presenciado cambios pocos alentadores para el comercio formal de San Antonio del Táchira, al punto de que la mayoría de locales han bajado las santamarías.

Sandra Uribe, comerciante de 52 años.

Si se compara este escenario con el vivido lustros atrás, dijo, entonces se está cada vez peor. “Estamos guapeando, luchando”,  remarcó la quincuagenaria mientras señalaba que parte del dinero que entra es empleado para pagar el alquiler. “Hay un optometrista, y se trabaja de lunes a sábado, de 9:00 a.m. a 5:00 p.m.”, recalcó.

“Se realizan los cristales formulados, se venden las monturas, hay servicio técnico, se venden lentes de contacto, de sol”, continuó Uribe, mientras aprovechaba la oportunidad para aclarar que poseen precios para todos los gustos y bolsillos, que van desde los 30 mil hasta los 100 -150 mil pesos, o más.

“Ahorita es muy rara la persona que compra lentes costosos, buscan la economía. Antes venía mucha gente de Colombia, pero ya no. Nuestros clientes actuales son de aquí. Para ellos, los colombianos, no es rentable venir a esta zona. Los precios están iguales”, reconoció la comerciante, al tiempo que informaba que también reciben transferencias en bolívares.

Uribe se crio, prácticamente, en el casco central de la ciudad fronteriza, y ha sido testigo directo de las drásticas transformaciones. “Somos de este pueblo, para dónde más vamos a agarrar. Para la gente con más dinero o más joven, quizá sí es posible”, enfatizó quien indicó que una apertura de los puentes binacionales debe empezar con el retiro de los contenedores.

Un negocio joven

en medio de la soledad

Ferddy Marciani, comerciante.

Dieciocho meses atrás, los jóvenes Ferddy y Luis Marciani lograron cristalizar su meta: abrir una barbería con un concepto más amplio y cargado de entretenimiento para los clientes: hay videojuegos, pool y áreas para descansar.

Pese al escenario complejo que ya atravesaba el sector formal en la frontera, se arriesgaron y cristalizaron su idea. A los pocos meses de haber inaugurado, arribó la pandemia y tambaleó un proyecto que sigue de pie, pero con muchas dificultades.

“Es algo frustrante”, puntualizó Ferddy Marciani, de 34 años, quien señaló que por estar en zona de frontera, con la posibilidad de cobrar en otra moneda (el peso colombiano), alivia un poco el lóbrego panorama.

“Estamos trabajando en el porcentaje más bajo, no solo atados a la situación pandemia, sino a la situación país. Antes de la pandemia, ya había una situación muy crítica en Venezuela”, reiteró este ciudadano que probó suerte en el extranjero y retornó para montar su propio negocio en la frontera.

De los seis barberos y una peluquera, solo quedan dos: él y su hermano. De las ganancias, deben apartar 40 dólares para cancelar el alquiler, precio que definieron durante la pandemia. “Cobramos 6.000 pesos por corte de cabello”, indicó el joven a modo de colofón.

¡Quieres recibir el periódico en la puerta de tu negocio!

1 Mes

  • 3 Ejemplares semanales
  • Entrega gratis (Delivery)
  • Aviso impreso 2×5
  • Descuento del 5% en publicidad Digital
  • Osequio de Instagram
    1 Post 1 historia

Mensual
54.000 Cop

Pago único

Suscribirse

3 meses

  • 3 Ejemplares semanales
  • Entrega gratis (Delivery)
  • Aviso impreso 2×5
  • Descuento del 10% en publicidad Digital
  • Osequio de Instagram
    1 Post + 1 historia
  • Descuento del 5%

Mensual
51.300 Cop

Pago único

Suscribirse

6 meses

  • 3 Ejemplares semanales
  • Entrega gratis (Delivery)
  • Aviso impreso 2×5
  • Descuento del 20% en publicidad Digital
  • Osequio de Instagram
    2 Post + 1 historia
  • Descuento del 5%

Mensual
48.600 Cop

Pago único

Suscribirse