Regional

Las Oblatas, al rescate de las mujeres de mal vivir

5 de junio de 2023

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El vulgo lo señala como “el oficio más antiguo del mundo” pues desde tiempos milenarios ha existido el ejercicio de la prostitución o comercio sexual, que degrada moralmente tanto a quien lo ejerce como a quien lo consume, y que es no solo atractivo, sino que se ha prestado para la explotación infame del cuerpo de la mujer.

Víctor Matos

Por ello, y en procura del dinero fácil, han caído bajo engaños o por necesidad millones de mujeres a lo largo de la historia, vendiendo sus carnes al mejor postor o cayendo bajo la explotación de los mafiosos internacionales que bajo engaños al principio y a la fuerza después, las explotan hasta convertirlas en guiñapos ambulantes.

Dicen que muchas caen por necesidad, y otras por engaños. Pero lo cierto es que este comercio crece día a día, en donde los llamados “chulos” o proxenetas se enriquecen a costa de la infame explotación que obligan hasta con la fuerza que se lleven a cabo para llenar el bolsillo gangsteril de bandas que se forman y fortalecen alrededor del mundo.

Muchas veces timan a las futuras víctimas con el anzuelo de llevarlas a escenarios del modelaje al exterior, para luego esclavizarlas y hacerlas producir bajo la trata de blancas en todos los niveles de acuerdo a las necesidades impuestas por estas organizaciones que han logrado un poder insospechable, cautivando sobre todo a incautas adolescentes a quienes deslumbran con promesas de una vida plena de riquezas y de fama.

Ante esta proliferación, surgió hace muchos años una Misión de la Iglesia, denominadas Las Oblatas, que operan en Casas de Formación y que están trabajando por el rescate de las malogradas mujeres, operando en quince países, siendo Venezuela uno de ellos, y San Cristóbal sede de esta labor de conciencia para sacarlas de la miseria humana a quienes desean superarse en la vida.

Las Oblatas es un grupo de mujeres convocadas en comunidad y práctica de la verdad para vivir “De la buena Noticia del Reino” dirigida a las féminas que ejercen o son víctimas de la explotación de la prostitución.

En tal sentido, las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor han consagrado su existencia a la recuperación de las mujeres que han caído en las redes de esta desoladora actividad, sacándolas del estado de postración moral y físico, para que renuncien a la promiscuidad y vuelvan a la vida feliz y normal, de acuerdo al código que cumplen las religiosas y laicas dedicadas a fortalecer el destino de las desdichadas que muchas veces sienten que se encuentran en un callejón sin salida.

En los últimos tiempos, las noticias de explotación sexual lucen escalofriantes, el abuso de menores, el acoso, la violación, están empujando a un modo de actuar de diabólica tendencia promoviendo las bandas para que caigan en sus redes a jóvenes inexpertas que creen que sus sueños se cumplirán si lucen un vestido lujoso, una joya carísima, y una vida “de princesa” que son las promesas que les ofrecen los encantadores de serpientes dedicados a reclutar a las ingenuas jóvenes.

Labor en San Cristóbal

por la salvación moral

 

En busca de las almas perdidas, las Oblatas ofrecen su salvación.

Para luchar contra la degradación física y moral de muchas mujeres dedicadas a la prostitución, en San Cristóbal opera una Casa de Formación de las Hermanas Oblatas, en donde hay muchas damas laicas que llevan su palabra de recuperación a quienes deseen salir de esta abominable actividad.

Esta organización nació en 1864 en la localidad de Cienpozuelos, España, promovida por la Madre Antonia y el Padre Serra, quienes fundaron la primera Casa de Acogida para recibir a aquellas mujeres que buscan una salida de la prostitución.

Las Oblatas trabajan para abordar las causas más profundas de la trata de personas y la explotación sexual que sufren, incluidas la pobreza y la degradación sexual, promoviendo programas de educación y trabajo para devolver a la mujer su dignidad como persona y de esa manera sanar las heridas provocadas por el comercio de la carne, trabajando en tres puntos importantes: prevención, asistencia y ocupación.

“Nuestro ser de Oblatas nos lleva a comprometer nuestras vidas en favor de la igualdad, la justicia y la liberación, cumpliendo así con el programa iniciado por la fundadora que se desarrolla en una Misión Compartida con toda la familia Oblata, dando lugar desde las diferentes formas de colaboración, miradas, experiencias vitales y perfiles profesionales, así como respuestas cristianas y audaces”, señala una de sus integrantes en esta ciudad.

Víctor Matos

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