Opinión
La vigencia de los valores de Occidente dependerá de nosotros como ciudadanos
sábado 29 noviembre, 2025
Carlos Casanova Leal
El modo de vida y los valores que como sociedad occidental nos hemos dado a lo largo del tiempo, pasan hoy por un momento complejo. Sustituir valores nos conduce a un cambio de prácticas, principios, cultura y tradiciones, nuestra forma de producir, el derecho individual a la propiedad y prosperidad; nuestra democracia liberal es atacada por nuevas formas de modelos políticos, sociales y económicos; nuestra religión es atacada en nuestras tierras.
La pregunta es obligada para entender esta reflexión: ¿Están en peligro los valores del mundo islámico, chino/asiático e indio? No, no lo están. Los valores atacados son los de la sociedad occidental, y por el contrario los valores de estas sociedades se fortalecen y se expanden.
Necesario es admitir en consecuencia que el ataque y erosión que sufre la sociedad occidental viene de frentes internos y externos, la ofensiva es multipolar, procurando diluir los valores occidentales clásicos.
Por ello, el índice de libertad económica y de democracia descienden todos los años, las democracias plenas dando paso a democracias imperfectas, aumento de gobiernos autoritarios; no es posible aceptar el retroceso de democracias en los países por el ejercicio de elecciones poco creíbles, cambiando la cultura del voto como instrumento ciudadano para premiar o castigar buenos o malos gobiernos.
Buena parte de los problemas que hoy padecemos son consecuencia de ese descenso en los índices democráticos toda vez que genera escenarios económicos negativos caracterizados por la inestabilidad, menor inversión, hiperinflación y pobreza, necesarios para impulsar los cambios desde la crisis.
Bovero incorpora una categoría de democracias invertidas/ kakistocracias (gobiernos de incompetentes), que distorsionan la economía aumentando el clientelismo como prioridad sobre el crecimiento; tampoco podemos admitir una pérdida de derechos civiles y libertades en estos tiempos, donde por el contrario deberían estar más consolidados.
Occidente basa su influencia en la promoción de la democracia liberal y los derechos humanos como condición para el comercio y la cooperación. China, por ejemplo, asume el pragmatismo que procura la expansión económica sin imponer condiciones políticas a sus socios.
Podemos identificar los ataques desde adentro a la sociedad occidental con el populismo, la imposición de modelos contrarios a la libertad económica, a la propiedad privada, al trabajo como medio de vida, a la democracia plena, gobernantes que propenden a que se pierda la confianza en las instituciones públicas, el incentivo a la fragmentación social como parte de esta estrategia, aumento de la censura y control social por algoritmos, manipulación mediática y restricción de derechos políticos.
Ahora bien, cómo se protegen las otras sociedades que hemos afirmado no están en peligro ya que se ven fortalecidas por el control estatal, colectivismo y expansión global.
La migración ilegal promovida constituye un arma de presión política y económica que crea tensiones sociales por el aumento de políticas anti inmigratorias y discursos xenófobos, pero no toda migración puede considerarse contra Occidente. Sectores del islamismo radical, por ejemplo, sí perciben a Occidente como amenaza cultural y moral.
Se trata en consecuencia de identificar qué acciones y quiénes promueven ese ataque sistemático contra nuestra cultura y valores. Solo asumiendo nuestros valores, los podremos defender de quienes quieren lo contrario.
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