miércoles 8 diciembre, 2021
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22 ánforas de magia alquímica

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Freddy Omar Durán

Obra de significados simbólicos, en signos de profundas raíces telúricas, es lo que ofrece el Museo del Táchira con la más reciente exposición de Oswaldo Barreto, titulada Serie OVO.

Escritor, ilustrador, creador de cómics, diseñador gráfico y artista plástico, un caleidoscopio de facetas que en realidad se corresponde a una línea de creación, de investigación y de vida: la del equilibrio de la vida y la muerte, del equilibrio de luz de la oscuridad en el preciso punto en el que una chispa de invención explota, y ello se corresponde con el nombre de esta muestra, alusivo al “huevo primordial”.

Si bien lo que también se puede contemplar a través de las redes sociales del Museo del Táchira se remonta a una década atrás, donde los intereses de Barreto gravitaban en torno a la alquimia y, por ende, a los procesos de transformación individual y colectiva, resulta actualmente interesante de conocer en un seguimiento cómo ha sido la evolución de una obra que en muy poco ha desviado sus líneas básicas.

—La exposición consta de 22 pequeños ensamblajes, la mayoría elaborado con tierras, azufres y objetos de desecho. Fue una serie que comencé en 2000 y terminé en 2002; pero no me había atrevido a exponerlos porque hacían parte de un proceso del cual no estaba muy seguro, y ahora sí lo hago como en reconocimiento a una etapa de mi trabajo que hoy en día vale la pena conocer— explicó Barreto.

Alquimia y tierra son los ingredientes que, sobre lo que inicialmente eran abyectos objetos de desecho, hacen posible sobre ellos la transformación alquímica, que eleva su estatus ontológico. En este juego no se pretende llegar al “oro material”, el idolatrado por la sociedad, el de la riqueza, sino el “oro espiritual”

—El tema de las piezas es la alquimia, un tema del cual me nutrí mucho para esa época a través de mis diversas lecturas, y precisamente el “ovo”, es el “huevo”, un símbolo de transformación; por eso la tierra, por eso el azufre, que son materiales de la tradición hermética, y los objetos de desechos en los que vi un aura estética, y sacados de su contexto, donde eran basura, yo los transformo en obras de arte y, de alguna manera, los sublimo— explicó Barreto.

Mucho ha pasado desde entonces, y OVO ha encontrado la hora y el lugar precisos en el Museo del Táchira, abiertos a un artista tachirenses pionero de un abstraccionismo que en nuestras salas expositivas ya es común en estos 20 años, aunque en el caso de Oswaldo Barreto, para el tiempo de sus exposiciones de principios de siglo, resultó ser un motivo de impacto, extrañeza y sobrecogimiento. Valga recordar, que el arte abstracto, más que contemporáneo, se ubica entre nuestros remotos antepasados, quienes descubrieron el placer y la expresividad del arte. Entre todos sus talentos, se le reconoce el ser curador de muchas exposiciones, propias y de colegas, y en OVO toda su experiencia al respecto, al lograr que algo que surgió años atrás pase a ser algo diferente.

—A pesar de que las piezas son del 2002, el montaje que realicé en el Museo del Táchira cambió sus formas de su lectura, al convertirlas en una instalación vertical, y se acoplaron al espacio, y la totalidad pasa a ser algo completamente nuevo. Cuando yo las creé eran unas pinturas pequeñas y ahora cobraron otra dimensión, una vez juntadas de determinada manera. Además que también se incorporar sobre la pared letras y palabras que refuerzan la carga simbólica de las instalaciones— agregó Barreto

La pandemia ha puesto un reto, que cada institución cultural del estado ha asumido a su manera; pero sin por ello dejar de lado su labor divulgadora del hacer artístico de la región. En esta caso, las redes sociales, en especial el Instagram para el Museo del Táchira, han acortado distancias, al menos logrando que “la imagen de la imagen” llegue al dispositivo electrónico que tengamos más a la mano. Al respecto, Oswaldo Barreto maneja algunos criterios, pues si bien lo virtual ha sido adaptado a su labor de difusión literaria y plástica a través de las publicaciones bajo el sello Jóvenes Artistas Urbanos, con sus piezas no ha sido tanto así, pues estas han encontrado su lugar de revelación en espacios expositivos concretos, fijos y presenciales.

—Esta modalidad expositiva que tiene que ver con lo virtual es la primera vez que lo hago así, yo por lo general lo he hecho en el circuito del arte tachirense y venezolano, pero con exposiciones presenciales. Y la verdad es que no soy muy fanático de este uso de lo virtual, sobre todo cuando se refiere al arte, porque yo creo que estar frente a la obra de arte es una experiencia totalmente distinta, por lo menos para mí, mucho más rica, que ver la obra en formato digital. Creo que hay una pérdida en mi caso, que trabajo con la materia, y la materia transmite energía y eso se pierde en el registro digital— opinó Barreto.

Sea como sea, la idea siempre será adaptarse a tiempos en los que se aceleró una tendencia hacia lo virtual y, en este sentido, el artista asume una comprensión global de la situación contemporánea.

—Pero hay que adaptarse a los nuevos tiempos y la pandemia nos ha llevado a estas situaciones y replantearnos las formas en que podemos seguir haciendo arte y mostrándolo. La pandemia, en muchos casos, ha favorecido el trabajo del artista, le ha dado más tiempo en el taller, la soledad necesaria para crear; pero al socializar el arte, la cosa se pone más cuesta arriba. De todas maneras, la pandemia lo que ha hecho es acelerar el proceso—concluyó Barreto.

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