martes 17 mayo, 2022
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Palabras por las madres

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Pedro Miguel Bustos Hernández 

El Día de las Madres madrugué para, con la frescura y silencio de la mañana, poder escribir un poema para ellas.

Siempre se ha dicho que madre es toda dama que ha tenido hijos y los ha criado; de todos ellos ninguno para ella es especial; trata de arroparlos a todos cuando cae el frio y las aguas se desplazan por el río hasta llegar al mar que reflejan el color azul del cielo.

Ya en el cielo, la madre es la Luna, el Sol y las estrellas; seguramente, para la madre, los hijos serán los más bellos adornos que Dios le ha dado a la naturaleza, será la principal belleza.

Oye madre, qué bello día el de hoy, se nos presenta claro y lluvioso; pero ella es la gran significación de toda alteza, sobresaliendo humildemente para decirle a la humanidad aquí estamos nosotras para abrazar sin ningún distingo a nuestros hijos, que de verdad engrandecen a la sociedad en que vivimos.

La madre es y seguirá siendo la luz por la cual ha de transitar toda aquella persona que sabe amar.

Madre solo hay una y es la que mueve la cuna cuando escucha a su niño llorar; de inmediato busca la manera para poder consolarlo.

Para la madre, estando su hijo cerca o lejos, es el reflejo de su existencia, supera el avance de la ciencia y de todo corazón lo decimos y escribimos con todo el corazón que supera la razón.

Madre bendita, entre todas las mujeres, ustedes son los seres que el Señor les ha proporcionado llevar sobre su pecho la alimentación necesaria para poder subsistir y escuchar los latidos de su corazón para impulsar la vida de los seres que gritan, lloran y corren sin descanso alguno y le permite al profeta, al escritor y al poeta, realizar su mejor inspiración en este día, donde todos nosotros escucharemos la canción acompañada de la oración para unificarnos a los seres que saben llorar.

Madre, por un tiempo limitado nos lleva en tu vientre, para todos los lugares por donde te movilizas y sientes mis movimientos y risas y desde allí pronosticas con tus palabras lo que pudiera ser en el futuro cuando sé de mi nacimiento.

Madre solo hay una, la que adivina cuando estoy en la cuna que no estoy en buen estado. Ella viene con gran cariño, se acerca a mí, me limpia, me besa, y por eso ella siente que allí se expresa cuando se vaya a la resurrección.

Decía mi padre, “ninguno se sienta muerto cuando su madre viva, porque al sentir frío ella viene con la cobija y lo abriga”.

Sinceramente, hoy debo decir que escribiendo este mensaje a las madres las lágrimas han bañado mi cara y no quiero que se me sequen porque el frío de ella me da la fuerza necesaria para seguir adelante sin desmayar en el amar.

Voy a terminar este poema, no porque así yo lo quiero, sino porque ha ocurrido algo que no me permite continuar, mis ojos se han nublado, parece como que si fuera a recorrer y quedé entre lo oscuro cuando me acordé de mi madre. Mi brazo derecho dejó de movilizarse, parece ser que el lapicero con que escribo se le secó la tinta y no puedo continuar.

Madre, siento que mi cerebro ya no produce nada y solo me conduce a señalar que ya no puedo vaticinar nada.

No se preocupen, aprendí en la vida que cuando uno tiende a caerse es necesario levantarse para no postrarse y a quienes te vean les provoques lástima.

Madre mía, sé que volveré a verte porque tu figura, aun estando ciego, la recordaré para siempre, así como tú lo hiciste cuando yo siendo niño me alimentaste sin pedirme nada, solamente me exigías que en este mundo me comportara bien.

*Licenciado en Educación y abogado.

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