jueves 11 agosto, 2022
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La modestia y don de gente, legados de Giovanni Pérez en su paso terrenal

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El fútbol nacional está de luto, después de una penosa y larga enfermedad entregó su alma al Creador el pasado  domingo, el exjugador y entrenador de fútbol, que jugó y dirigió al Deportivo Táchira


Homero Duarte Corona


Giovanni Leonardo Pérez Fernández siempre se trazó metas y a fe que las logró. A los 15 años debutó como jugador  de fútbol profesional en el Deportivo Táchira; y ya retirada del deporte rey se formó para dirigir, se hizo director técnico.

Vino al mundo un 14 de octubre de 1974, en la capital tachirense. Un niño muy humilde, nació en Sabaneta, cerca de El Corozo, en las afueras de San Cristóbal;  como todo muchacho de barrio, desde muy pequeño su pasión por el fútbol lo marcó, vio la primera luz del día en el mismo año que se fundó el Deportivo San Cristóbal, más adelante Deportivo Táchira.

Su primera experiencia internacional, con el Deportivo Pasto de Colombia, club de la Primera División, en 1996; regresó a su país y militó en varios clubes de la categoría de honor: Deportivo Táchira,  Universidad de los Andes (ULA), Italchacaol, Estudiantes de Mérida, Unión Atlético Maracaibo, Deportivo Táchira, Caracas FC y Zamora FC, divisa donde terminó su carrera profesional en 2010.

Respaldado por su buen fútbol, elemento exquisito con el balón, volante de segunda línea con perfil zurdo, trajo consigo que el médico y entrenador Richard Páez Monzón lo llevara a la selección nacional de mayores, aunque también estuvo con el profesor José Omar Pastoriza .

Brilló al lado de jugadores de buen talante, entre los más destacados: Rafael Dudamel, José Manuel Rey, “Caricari” Noriega, Ricardo David Páez, “El Pequeño” Rondón, Rafael Mea Vitali, “El Pájaro” Vera, Leonel Vielma, Jorge “El Zurdo” Rojas y Juan Arango.

Siempre soñó con ser ganadero, tener su propia finca, por ello combinaba el fútbol con el campo;  recuerdan sus compañeros de fútbol que mientras que ellos llegaban a los entrenamientos en sus automóviles y camionetas, Giovanni Pérez lo hacía en un pequeño camión.

Su pasión por el fútbol o llevó a director técnico

Colgó los guayos a los 36 años, y de inmediato se encaminó en la carrera de entrenador. Debutó en el llano venezolano, al frente del Atlético Socopó, estado Barinas, divisa que la subió a la división de honor en la temporada 2013-2014 y de allí viajó a la capital del  para sentarse en el banquillo del Estudiantes de Caracas, al que también lo subió a la Primera División.

Después de su paso como futbolista, se hizo entrenador, dirigiendo varios equipos. (Foto:Cortesía)

Regresó al Atlético Socopó dos años más tarde, luego de perder la categoría y para beneplácito de la afición lo volvió a ascender a la categoría de oro, convirtiéndose en ídolo de los barineses, gracias a su honradez y trabajo profesional.

Volvió a la capital del país, contratado por las autoridades de la Universidad Central de Venezuela para dirigir el equipo de Segunda División de la primera casa de estudios superiores del país. Estando allí fue llamado al Deportivo Táchira para encargarse de la dirección técnica del aurinegro en 2019.

Quiso ser profeta en su tierra, romper el hechizo, convertirse en el primer tachirense en coronar campeón al Deportivo Táchira. No tuvo suerte en el banco amarillo y negro, los resultados no fueron los mejores, siendo relevado por su coterráneo  Juan Domingo Tolisano.

Un cáncer de piel terminó con su vida

Por más dos años enfrentó una batalla con esta terrible enfermedad, el partido más difícil de su existencia, al que no pudo ganarle. El poco o mucho capital que amasó en su vida como jugador y entrenador desaparecieron, todo se esfumó en gastos de clínicas y medicinas, pero sin poder detener lo que poco a poco iba minando su existencia.

Ya sin recursos económicos la familia de Giovani Pérez tuvo que recurrir a los amigos y personas de buen corazón para poder comprar los medicamentos, que en este país son difíciles  de adquirir ante los altos costos. Sin embargo, el exjugador y director técnico, al estilo de los buenos boxeadores se resistía a lanzar la toalla, siempre tenía esa luz de esperanza de poder ganarle la pelea a la enfermedad, sin que finalmente pudiera regresar a su pasión de toda la vida: el fútbol.

El pasado domingo su corazón dejó de latir, a los 47 años, cuando aún le quedaba un mundo por delante. Su esposa y sus hijas siempre estuvieron a su lado, aferrados a la fe del Dios Creador que ese milagro llamado vida se mantuviera en la humanidad de un ser humano que en su paso por este plano terrenal dejó huella de hombre bueno. Paz a su alma y fortaleza para su familia.

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