miércoles 28 septiembre, 2022
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REFLEXIONES DEPORTIVAS

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Pedro Vásquez 


CÓMO DEJAR DE AMAR ESTE DULCE PECADO QUE SE LLAMA BALONCESTO

El domingo amaneció con un sol radiante. Los nervios por jugar una final eran los
acostumbrados; pues en un año Panteras Máster +50 llegaba a su tercera final en tierras
colombianas. La memoria rebobinaba los encuentros de Cartagena y Santa Marta con sus mieles y sus hieles.

Las cavilaciones y los preparativos eran apresurados, se juega a las 12 del día. Camino a
las instalaciones del complejo deportivo Atanasio Girardot pudimos observar el puente de la 4 Sur, a los habitantes de Medellín llevando sus mascotas para el desfile respectivo y devotos orando junto a la Rosa Mística.

Al bajarnos de las unidades de transporte que conducen al metro, volvimos a sentir la
amabilidad de la gente que agradece al conductor cada vez que se baja. El metro estaba
atiborrado de familias que se desplazan, con respeto, paciencia y orden, a disfrutar de la Feria de las Flores. Es inevitable admirar a estos ciudadanos como preservan su ciudad; porque como dice Marc Anthony, en su tema flor pálida, han prometido cuidarla para que nadie le robe el color.

Rolando Useche (TOTY) recibe de Harold Rozo, presidente
del comité organizador, la medalla de subcampeón en máster +50.

Ya en el complejo deportivo apreciamos como las familias comparten la práctica de
diversas actividades físicas. Aún se siente el eco de las interpretaciones de Marc Anthony,
Silvestre Dangond, Jessi Uribe; que la noche anterior hicieron delirar a 40.000 fans.

El juego empezó puntual, Panteras con 11 jugadores. San Andrés presentó un jugador que
no participó en el primer encuentro. Los tantos iniciales de Panteras eran producto del trabajo de desmarcar a Oliver Osío que cargaba con la ofensiva; hasta que fue controlado, por dos defensores con talla y salto; la media distancia, ocasional, nos mantenía en el juego.

La defensa era insuficiente, la efectividad del rival se notaba en el score. Se intentó
defensas de zona, defensa individual y la desventaja era superior a tres posesiones. La larga distancia, el arma que logró el cometido en el juego anterior, no funcionaba. En el inicio del último cuarto, una presión 1-2-1-1 en toda la cancha, logró descomponer a los isleños, pero los robos de balón no se concretaron en puntos a favor y el rival fue consolidando la ventaja.

Las estadísticas del juego revelan que en cestas de dos anotamos el 44%, de cestas de tres
el 25% y fallamos 19 tiros libres de los 30 que lanzamos. Permitimos 12 rebotes ofensivos y recibimos 24 puntos producto de pérdidas de balón. Williams el jugador que no estuvo en el primer encuentro anotó 22 puntos. Con esta efectividad es difícil lograr victorias.

Con la frente en alto, por el subcampeonato conseguido ante nueve equipos, salimos del
coliseo para tropezarnos con las “Chivas” decoradas con flores multicolores. En el atardecer, para despedirnos, visitamos el Centro Comercial El Tesoro. Mientras la lluvia nos acompañaba, la sonrisa de la gente era permanente. Como no afirmar que Medellín es la ciudad de la eterna sonrisa.

De izquierda a derecha, integrantes del comité organizador. Weymar Romero, María Sara,
Rubén Jaramillo, Harold Rozo, Oscar Yépez.

Al comité organizador, en las personas de Harold, Rubén, Oscar, Weymar, María Sara; a
quienes siempre apoyan nuestras actividades pro fondos y a Diario La Nación, en la persona de Homero Duarte, que nos permite contar estas reflexiones con su venia y sus observaciones; les decimos como canta Silvestre Dangond, gracias por pintarnos la vida con hermosos colores, gracias por sembrarnos en el alma nuevas ilusiones.

Medellín nos trató excelente. Su gente es formidable y es un tesoro tenerlos como amigos. Para despedirnos, con la firmeza de volver pronto a encontrarnos, parafraseamos a Jessi Uribe: El torneo en Medellín nos permite reafirmar que el corazón no puede parar de amar por este dulce pecado que se llama baloncesto.

 

 

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