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“Soy más raro que la mie…”: la confesión íntima de Messi que le está dando la vuelta al mundo
miércoles 7 enero, 2026
El capitán argentino dejó el fútbol por un rato y, en una charla sin filtros, habló de su vida en Miami, su familia, sus manías, la soledad y un 2026 que puede marcar el cierre de su historia con la selección.
obsesivo y ordenado el GOAT pic.twitter.com/hHJqJE6tis
— cm de luzu (@cmdeluzu) January 6, 2026
Lejos de las tácticas, los goles y la exigencia permanente de la élite, Lionel Messi se permitió una pausa para hablar de sí mismo. Sin personaje y sin escudos de por medio.
En una entrevista con Luzu TV, el capitán de la selección argentina mostró una faceta íntima, cotidiana y poco conocida, justo cuando transita el camino hacia el Mundial de 2026 que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá.
Con naturalidad, risas y frases que rápidamente dieron la vuelta al mundo, Leo dejó claro que detrás del mejor futbolista de la historia hay una persona estructurada, sensible y, según sus propias palabras, con rasgos que no siempre encajan en la imagen pública que lo rodea.
“Soy más raro que la mierda”: la frase que se volvió viral
“Tengo mi parte de que soy más raro que la mierda también”, soltó Messi entre risas, rompiendo cualquier guion previo. La frase, tan cruda como honesta, sirvió como puerta de entrada a un retrato personal en el que el astro argentino habló de su relación con la soledad, el orden y la necesidad de calma.
“Me gusta mucho estar solo, disfruto del estar solo”, confesó, reconociendo que el ruido constante de la casa, con sus tres hijos corriendo de un lado a otro, a veces termina saturándolo. En esos momentos, explicó, busca refugiarse en la tranquilidad, lejos del “quilombo” cotidiano.
La vida en Miami y los pequeños refugios del día a día
Lionel Messi comenzó el 2026 abriendo las puertas de su club con una entrevista en la que dejó ver un lado más humano y distendido. En charla con Diego Leuco y Nicolás Occhiato para la plataforma de streaming Luzu, habló de su vida en Miami, su familia y la selección argentina.
El actual jugador del Inter Miami describió esos espacios de desconexión que se permite: “Me gustan mis momentos de soledad. Miro tele, veo algún partido”. Incluso cuando intenta bajar revoluciones, el fútbol sigue presente, aunque desde un lugar más sereno y personal.
Estructura, orden y cambios que descolocan
Uno de los rasgos que más destacó Messi fue su necesidad de organización. “Estoy muy estructurado. Si tengo el día organizado de alguna manera y en el medio pasa algo que no estaba organizado…”, dejó la frase en el aire, dando a entender lo difícil que le resulta adaptarse a los imprevistos.
Según él mismo reconoce, son “pequeñas boludeces, detalles” las que pueden alterar su estado de ánimo. Esa relación casi obsesiva con el orden también se refleja en lo material: “No me gusta que me toquen las cosas, tengo que saber dónde está cada cosa”, confesó, una manía que arrastra desde chico y que hoy reconoce en dos de sus hijos, Thiago y Ciro.
Antonela, la que mejor lo conoce
En ese retrato íntimo apareció inevitablemente la figura de Antonela Roccuzzo. “Ella puede decir muchas más cosas que yo”, admitió Messi, consciente de que su pareja conoce mejor que nadie esas manías, esos silencios y esa forma tan particular de transitar el día a día.
También se refirió a su manera de expresar afecto. Se definió como alguien poco demostrativo, aunque sincero en sus sentimientos: “Me gusta hacer sentir bien y ser feliz a la gente que quiero, pero no soy muy demostrativo”. En esa comparación, reconoció que Antonela es “mucho más” romántica que él.
Guardarse todo para adentro
En el plano emocional, Messi se mostró honesto, incluso incómodo al describirse. Contó que realizó un proceso de terapia en Barcelona, pero que luego lo dejó.
“Soy mucho de comerme las cosas yo, de guardarme todo para adentro”, explicó, dejando ver una faceta introspectiva que pocas veces había expuesto públicamente.
Autoexigencia, crítica interna y el rol de su padre
En lo deportivo, el capitán argentino fue fiel a su autoexigencia histórica. “Yo fui el crítico número uno conmigo mismo”, afirmó, dejando claro que su evaluación nunca dependió solo del aplauso externo. Siempre supo cuándo estuvo bien y cuándo no, y ese juicio interno fue uno de los motores de su vigencia en la élite.
En ese recorrido, la figura de su padre ocupa un lugar central. “Siempre necesité la aprobación o la opinión de mi viejo”, recordó, al explicar que, tras cada partido, era a él a quien buscaba para comentar lo ocurrido. No como una imposición, sino como un sostén permanente.
Charly García y un encuentro inolvidable
Durante el último partido de las Eliminatorias rumbo al Mundial 2026 en el estadio Más Monumental, Messi vivió un momento especial fuera del fútbol. Allí conoció a Charly García, leyenda del rock argentino. “A Charly no lo conocía, me preguntaron si podía bajar y yo dije ‘sí, obvio’. Cuando lo vi, fue inexplicable lo que sentí en ese momento”, recordó.
El 10 del Inter Miami reconoció que la experiencia fue sorprendente: “Tiene una energía especial, una magia, como que me encandiló con su presencia. Fue algo muy loco”.
Lionel Messi, de 38 años, no disputa un partido oficial desde hace un mes exacto. Su última aparición fue consagratoria: campeón de la MLS Cup con el Inter Miami, tras vencer en la final a Vancouver Whitecaps (3-1), con una exhibición suya que incluyó 2 asistencias y una actuación dominante en el Chase Stadium.
Hoy disfruta de las fiestas navideñas junto a su familia antes de iniciar la preparación de una nueva temporada y, sobre todo, de un año clave. A nivel de clubes mantiene la continuidad de su proyecto en Inter Miami, mientras que con la selección argentina aparecen dos grandes citas en el horizonte de 2026: la Finalissima contra España y el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, que asoma como una posible última gran función con la albiceleste.
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El Messi más humano
Lejos del personaje inalcanzable, Messi se mostró humano, sencillo y reconocible. Un futbolista que sigue marcando diferencias dentro del campo, pero que fuera de él disfruta de la soledad, del orden y de una rutina que le permita mantener el equilibrio. Incluso cuando es, como él mismo admite sin filtros y con una sonrisa, “más raro que la mierda”.
Con información de Vanguardia
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