Economía
Mitos y realidades de la dolarización formal
miércoles 18 febrero, 2026
Diego Mendoza
En un contexto donde las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) sitúan la inflación en Venezuela por encima del 600 % para este año, el debate sobre la estabilidad monetaria ha recobrado un vigor inusitado.
En una reciente entrevista para el programa La Ventana Rota de La Nación Radio, la politóloga e investigadora del Cato Institute, Gabriela Calderón de Burgos, analizó las principales objeciones y beneficios de la dolarización formal, basándose en la experiencia acumulada en la región.
Del uso espontáneo a la formalidad legal
De acuerdo con la entrevistada, es fundamental distinguir entre la dolarización espontánea —fenómeno recurrente en naciones como Venezuela y Argentina— y una dolarización formal. Mientras que la primera surge como un mecanismo de defensa ciudadana ante la devaluación, la segunda representa un cambio en el marco jurídico del Estado.
Para Calderón, la diferencia medular reside en el estatus jurídico de la moneda. En un esquema formal, el dólar adquiere curso legal, eliminando cualquier tipo de penalización o desincentivo estatal. Por el contrario, en una dolarización espontánea, el uso de la divisa ocurre dentro de un sistema que no la reconoce plenamente, lo que genera ineficiencias.
“Tratar de protegerse dentro de un régimen legal que no le da curso legal a la divisa […] genera grandes costos de transacción”.
La entrevistada advierte que, a mayor persecución legal o restricciones contra la moneda extranjera, mayores son estos costos, lo que termina segmentando a la población.
Uno de los puntos más críticos señalados por la editora de El Cato es la creación de una brecha social derivada de la falta de formalización. Al no ser legal el uso del dólar, se instaura una suerte de “apartheid” financiero donde ciudadanos con ingresos altos pueden asumir los costos de transacción necesarios para blindar sus ahorros, mientras que los ciudadanos con ingresos bajos quedan desprotegidos al frente a los mecanismos informales de resguardo cambiario.
En cuanto al impacto en el ahorro y la productividad, la entrevistada, tomando como referencia la experiencia de su país, Ecuador, previa a la dolarización, destaca que la inestabilidad y la inflación prolongada destruyen la cultura del ahorro. En sistemas de dolarización espontánea, los capitales suelen desviarse hacia la especulación cambiaria en lugar de destinarse a inversiones productivas.
Por lo que la transición hacia una dolarización formal, según explica, permitiría eliminar la desigualdad en el acceso a una moneda fuerte, redirigir el capital hacia la mejora de la productividad y la capacidad de producción nacional, y fomentar la planificación financiera a largo plazo.
Dolarización y soberanía monetaria
En el marco de la discusión sobre los efectos de la dolarización, Gabriela Calderón de Burgos sostiene que la renuncia a la emisión de moneda local no constituye una desventaja. Según la analista, la supuesta “herramienta de soberanía” es limitada y riesgosa cuando la moneda nacional carece de aceptación internacional.
La especialista argumenta que las monedas que no gozan de confianza universal —a diferencia del dólar o el euro— carecen de un prestamista de última instancia real en tiempos de crisis. La entrevistada ilustra esta debilidad señalando la dependencia de los países con moneda propia hacia organismos internacionales:
“Lo que termina pasando es que en momentos de crisis no tienen un prestamista de última instancia real. Por eso aparecen, como por arte de magia, los ministros de finanzas de estos países en Washington, pidiéndole al Fondo Monetario un rescate”.
Para la investigadora, la persistencia de una moneda nacional bajo estas condiciones genera una fragilidad y un riesgo cambiario constante, obligando a los Estados a recurrir a intervenciones externas incluso cuando existen mejoras en sus políticas económicas.
Separación entre finanzas públicas y privadas
Uno de los puntos centrales de su argumentación es la independencia que la dolarización otorga al sector financiero privado respecto a los manejos fiscales del Estado. Calderón destaca que este sistema permite blindar la economía privada de las crisis de deuda pública.
Para explicarlo se remite al caso de Ecuador, mencionando que, incluso durante periodos de default de la deuda soberana bajo la administración de Rafael Correa, las tasas de interés del sector privado no sufrieron variaciones significativas, demostrando una “desvinculación casi total” entre ambos sectores.
A su vez advierte que las dificultades actuales en este modelo en su país no derivan de la dolarización per se, sino de regulaciones impuestas que obstaculizan el flujo de ahorro externo.
Por esta razón, Calderón propone a Panamá como el referente de una economía dolarizada eficiente. En este modelo, la liquidez no depende de un Banco Central, sino del arbitraje de la banca internacional.
“Los prestamistas de última instancia ahí son los bancos… Estos bancos nutren de liquidez a la economía panameña cuando escasea […] porque persiguen mayores retornos por sobre sus inversiones”.
Bajo este esquema, la tasa de interés libre actúa como un mecanismo de señales haciendo que ante la escasez de liquidez, la tasa suba, incentivando a los bancos a repatriar fondos de manera inmediata. Para que este sistema funcione de forma óptima, la entrevistada subraya que es imperativo eliminar las barreras a la entrada y salida de capitales.
Salarios reales y el costo de la vida
Según Calderón de Burgos, el principal beneficio de oficializar el dólar es que se establece un “piso al salario real”. En sistemas con monedas débiles e inflación alta, el salario de los trabajadores suele ser la variable de ajuste; es decir, su valor se diluye constantemente para absorber las crisis.
La entrevistada destaca que, tras la dolarización en Ecuador, los salarios reales no han dejado de subir desde el año 2000, manteniéndose estables incluso frente a crisis políticas.
Respecto al temor de que el costo de vida se encarezca, la analista aclara que lo que ocurre es un ajuste de precios relativos. Explica que ciertos servicios “no transables” (que no compiten internacionalmente, como una peluquería) suelen estar artificialmente deprimidos y tienden a subir para reflejar el valor real del trabajo.
Por el contrario, los bienes transables e importados tienden a bajar de precio al eliminarse la incertidumbre cambiaria y los costos de transacción.
La entrevistada sostiene que quienes temen a la dolarización suelen ser grupos que se benefician de la distorsión actual. Personas con ingresos dolarizados que gastan en una economía con moneda débil, encontrando todo “baratísimo”, mientras que la gran mayoría de la población que percibe ingresos en una moneda en “caída libre” y debe adquirir bienes y servicios indexados al dólar.
En consecuencia, la dolarización elimina la ventaja injusta de quienes especulan con la moneda y protege el poder adquisitivo de la mayoría, permitiendo una capacidad de planificación que es inexistente bajo un esquema de devaluación constante.
Efectos sobre el endeudamiento
Según la analista, el incremento de la deuda pública no es una consecuencia inevitable ni exclusiva de la dolarización, sino el resultado de una gestión fiscal deficitaria sostenida en el tiempo. Sostiene que el endeudamiento excesivo es un problema estructural que afecta a cualquier nación, independientemente de su esquema monetario, siempre que el gasto estatal supere consistentemente a sus ingresos.
Uno de los puntos centrales de su argumentación es que la dolarización actúa como un mecanismo de disciplina para la clase política, al eliminar la facultad de emitir moneda nacional, lo que anula la posibilidad de financiar el déficit mediante la “llave más peligrosa” del gasto desmedido, la emisión monetaria.
Ante la imposibilidad de monetizar el déficit, los gobiernos quedan limitados a dos vías de financiamiento: el aumento de impuestos y el endeudamiento externo o interno. Calderón observa que el uso recurrente de estas vías —especialmente los aumentos tributarios— tiende a “espantar las inversiones y deprimir el crecimiento”.
La dolarización, alega, ayuda a visibilizar y, en cierta medida, a contener el endeudamiento al evitar que derive en crisis financieras, depreciación del poder adquisitivo y al depender de la disposición de los prestamistas.
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