Economía
“Si Venezuela no crece no va a poder sostener los salarios más altos”
lunes 30 marzo, 2026
El experto habló del origen del estancamiento y expuso una ruta técnica para lograr aumentos reales y sostenidos
Diego Mendoza
Con un sueldo base en el sector público de apenas 130 bolívares mensuales, y una política de bonificación que no tiene peso sobre los beneficios laborales (vacaciones ni jubilación) en ninguno de los sectores, público ni privado, este asunto se ha convertido en una urgencia a tratar a nivel nacional. Siendo actualmente el motor de las primeras movilizaciones importantes que han ocurrido en este 2026.
Este tema fue abordado por el economista y especialista en análisis macroeconómico Giorgio Cunto Morales en una reciente entrevista concedida al programa La Ventana Rota, transmitido vía La Nación Radio. Morales expuso un detallado diagnóstico de esta crisis salarial, señalando las causas técnicas de su estancamiento y los desafíos para lograr una recuperación real del poder adquisitivo en un país que, entre enero y febrero, ya acumula una inflación del 51,94 %.
El estancamiento y la viabilidad del aumento
“Los salarios son un reflejo de la productividad”, explicó el economista, por lo que en el caso venezolano, la pérdida del poder adquisitivo está intrínsecamente ligada a la contracción del 75 % del tamaño de la economía real entre 2014 y 2021. A esto se suma la hiperinflación que erosionó los montos nominales -los valores económicos expresados en moneda corriente- y una caída drástica en la producción petrolera.
Uno de los puntos más críticos tratados fue la viabilidad financiera de un aumento general. Morales señaló que, considerando a unos 2,5 millones de trabajadores públicos y cinco millones de pensionados, un salario de 200 dólares mensuales requeriría unos 18.000 millones de dólares al año, “monto que supera la recaudación tributaria no petrolera e iguala los ingresos petroleros estimados para 2025”.
“Si el Estado venezolano empieza a dedicar cada centavo que le entra a salarios, quizá podría cubrir alguno de esos montos, pero quedaría sin mucho rango de maniobra para todo lo demás”, explicó.
El experto advirtió que el otro camino que quedaría es financiar este déficit mediante la emisión de dinero del Banco Central, lo que podría generar un “choque fiscal y monetario” e impulsar una nueva espiral inflacionaria, similar a la vivida en 2018.
El mito del “milagro” petrolero
Sobre la dependencia del ingreso petrolero para pagar nóminas, Morales fue enfático en que el modelo de “renta extraordinaria” de los años 70 es inviable hoy, puesto que la producción actual es apenas un tercio de lo que fue hace dos décadas, y el valor per cápita de esa producción, incluso con precios altos, es similar al de 2016.
“Sostenerlo en el tiempo, que sea la base principal de salarios más elevados, es una apuesta extremadamente riesgosa porque ya la historia venezolana nos lo ha demostrado”, sentenció, calificando la espera de un nuevo “boom” como “esperar por un milagro” que deja, además, los pagos sujetos a factores externos.
El dilema de la bonificación y la retroactividad
En cuanto a la política de bonificación, donde los pagos adicionales no se toman en cuenta para vacaciones, utilidades o jubilación, Morales sostuvo que tanto el sector público como el privado han adoptado este sistema para evitar los pasivos laborales derivados de la Ley Orgánica del Trabajo de 2012, que reintrodujo la retroactividad de las prestaciones.
El economista describe esta situación como un conflicto entre una ley con intenciones loables y la realidad productiva: “Si se sigue la ley al pie de la letra, se quebraría la actividad económica tanto privada como pública”. Además, señaló que las contribuciones obligatorias a fondos de seguridad social hoy en día son ineficientes: “La contribución óptima que tiene un trabajador al sistema de seguridad social es cero porque ese es un dinero que no va a volver a ver” debido a que la inflación supera cualquier tasa de interés.
Bajo este esquema, cualquier aumento salarial actual obliga al empleador a recalcular los beneficios de años anteriores basándose en el último sueldo, lo que generaría un “choque” en el flujo de caja que podría quebrar a las instituciones o empresas.
Por lo que si se obligara a convertir los bonos en salario real, las empresas no necesariamente pagarían más, sino que harían una “recomposición” del gasto. Esto significa que bajarían el monto efectivo para poder cubrir el costo de los nuevos pasivos legales, manteniendo el mismo presupuesto total de mano de obra.
Esto lleva a Morales definir este sistema como un “acuerdo informal y discrecional” que hace viable la contratación en un entorno donde seguir la ley al pie de la letra resultaría económicamente insostenible.
Ruta hacia una recuperación real
Ante esta situación el economista propuso una serie de medidas técnicas que considera inexorables para estabilizar el salario. Empezando por la necesidad de sincerar las cuentas de presupuesto, nómina e ingresos, puesto que, de lo contrario –advierte-, se estaría trabajando sobre especulaciones.
También consideró que no se debe postergar más la implementación de políticas antiinflacionarias para proteger el poder de compra y dar estabilidad a los precios relativos. Y como punto álgido pero igualmente indispensable, destacó la necesidad de llevar a cabo una reforma laboral para facilitar la formalización del empleo y ajustar la ley a las capacidades económicas actuales.
Esta serie de pasos iría encaminada a procurar la recuperación de la economía y su crecimiento, lo cual, señaló Morales, es lo único que ha demostrado poder hacer efectivo un aumento de la productividad y con ello un alza en el poder adquisitivo de los trabajadores.
“Si Venezuela no crece, no va a poder sostener salarios más altos en el sector público ni en el sector privado”, concluyó el economista, subrayando que la salida de la pobreza depende del dinamismo económico y no solo de protecciones legales en papel y aumentos por decreto.










