viernes 3 febrero, 2023
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Abarrotada La Parada de vendedores de tarjetas “sim card”

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Los vendedores de frutas también proliferan en una zona arropada por la informalidad


Jonathan Maldonado


De un día para otro, las islas que dividen la vía principal que conecta a La Parada, corregimiento colombiano, con el puente internacional Simón Bolívar, fueron tomadas por vendedores de tarjetas “sim card”, de diferentes operadoras, quienes además instalaron sus tarantines para mayor comodidad.

Los llamativos colores de los toldos no pasan desapercibidos. Una vez se cruza la fachada de la sede de Migración Colombia, con dirección al vecino país, se divisan los primeros puestos al lado izquierdo, en una amplia isla que ya no da para más trabajadores informales. A las tarjetas, se suman las ofertas de las recargas.

Es normal observar a decenas de venezolanos interesados en comprarlas, pues su costo es bastante asequible para el bolsillo de los ciudadanos que desean estar conectados, durante las horas que duren en La Parada o Cúcuta, cumpliendo así con sus diligencias. “En San Antonio del Táchira, un chip no se baja de los 70.000 pesos, mientras que aquí, el colombiano sale en 3.000 pesos, muy económico”, manifestó un transeúnte consultado por La Nación.

Aún si la persona adquiere la tarjeta colombiana con plan incluido, no sobrepasa los 10.000 pesos, un monto bastante económico para quien desee adquirirla. “Yo la tengo desde hace un año y siempre que vengo a Colombia recargo para estar comunicado. La que estamos comprando, en estos momentos, es para mi sobrina”, puntualizó.

Al menos 30 toldos se contaron en un recorrido de cuadra y media. Están en toda la vía principal y se hacen notar, no solo por los colores de sus tarantines, sino por las frases que los informales profieren, a todo pulmón, para captar la mirada de los cientos de transeúntes que circulan desde las 6:00 a.m. y hasta las 9:00 p.m.

Meses atrás, era común verlos sobre el tramo binacional, del lado colombiano, y en menor proporción. En los últimos días, la presencia de estos vendedores ha aumentado considerablemente y, de acuerdo con lo consultado, se debe a la gran demanda del producto en la zona, y que tiene como principales atractivos los precios y la buena conectividad.

Por el acento, se puede distinguir que una buena parte de estos trabajadores es venezolana; sin embargo, también hay grupos de colombianos que ven en el oficio la oportunidad de llevar ingresos a sus casas. Llegan desde muy temprano y se van retirando una vez la noche asoma su lado oscuro.

“Fruteros por doquier”

El frutero, con su carreta, también ha proliferado en La Parada, pero de una forma paulatina, no del “sopetón”, como es el caso de los vendedores de “sim card”, que se han organizado a tal punto que han arropado los espacios libres que antes tenían las personas para detenerse unos minutos, ya sea para descansar o para divisar el trayecto.

Manzanas, peras, duraznos, mandarinas y ciruelas son las frutas que no faltan sobre las carretas. Al menos 40, se contabilizaron a las par de los toldos de las diversas empresas de telefonía.

Las ofertas son variadas: Desde siete manzanas por cinco mil pesos o cuatro por cinco mil, depende del tipo. El kilo de ciruelas, mandarinas o duraznos (tipo melocotones) también se consigue en cinco mil pesos. La “ñapa”, para los clientes más frecuentes, suele palparse en los diferentes puntos.

En fin, La Parada sigue creciendo como un mercado a cielo abierto, donde la ley es escasa y la anarquía es lo que impera. “Qué tal estos, me vienen con el cuento de que son del Tren de Aragua. Ya uno no cae. Buscan quitarnos plata”, se le escuchó a un joven viajero que regresaba a Venezuela, con un grupo de otras seis personas, mientras desafiaba al victimario, que optó por desaparecerse. La Policía de Colombia estaba a escasos metros. La denuncia no se formuló.

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