sábado 13 agosto, 2022
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La Parada persiste como el refugio económico de muchos venezolanos

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Decenas de venezolanos, la mayoría del centro del país, siguen viendo al corregimiento de La Parada, en Colombia, como el refugio económico para sobrevivir en una frontera que sigue a la espera de su reactivación.

A escasos metros del puente internacional Simón Bolívar, se divisa los primeros puestos de ventas informales. Desde los famosos bocadillos, hasta refrescos y pasando por café y manzanas son parte de la variedad de productos que ofrecen.

El primer grupo está ubicado detrás de las vallas de Migración Colombia. Allí exhiben su mercancía. Los acentos que se le escuchan, al momento de vociferar lo que venden, permiten tener una idea de qué parte de Venezuela provienen.

Muchos, pese a los años que llevan en la localidad comercial, no pierden su sello venezolano. Quizá, algunas palabras colombianas ya se han adherido a su lenguaje, sin perder el acento que los identifica.

Otro grupo, más nutrido, se halla hacia la zona donde se paran los taxis y en los alrededores de las casas de cambio y demás comercios formales.

Wilson Parada, de 34 años, tiene un lustro viviendo en La Parada. “Aquí he hecho de todo. Lo que me falta es prostituirme”, bromeó mientras vendía una botella de agua en 1.500 pesos.

“No es mucho lo que se le gana a cada producto, pero gracias a Dios, al día, suelo vender bastante”, reconoció el joven oriundo de la ciudad de Maracay.

Parada ha pasado por diferentes oficios. Fue trochero, carretillero y asesor. “Antes de la pandemia era más grande el número de migrantes que abandonaba el país”, recalcó.

Como trochero, cuenta, experimentó algunos inconvenientes que lo hicieron desistir del trabajo. Los detalles, no los quiso compartir. “Es por seguridad, hermano. Uno no sabe quién pueda leer su trabajo”, refirió con algo de temor asomado en sus pupilas.

“Preferí abandonar ese mundo”. El de carretillero también lo dejó, pues considera que, en la actualidad, son muchos los que se dedican a esto y la demanda de clientes ha disminuido considerablemente.

“Con lo que hago ahora, que es vender refrescos, agua y cigarrillos, estoy más tranquilo y no cazo tantos problemas”, aseveró el caballero venezolano.

En la vía principal del corregimiento se ven apostados a los carretilleros. Ellos abundan y están uniformados con el propósito de mantener un orden.

Los venezolanos, sin duda, han hecho de La Parada un espacio que, con el tiempo, ha ido agarrando ciertos matices venezolanos, sin perder su esencia neogranadina.

Jonathan Maldonado

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