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Los “silleros” del puente Simón Bolívar

Jonathan Maldonado


A escasos metros de la Aduana Principal de San Antonio del Táchira se hallan cinco ciudadanos, sentados en sus sillas de ruedas, a la espera de activar su servicio con algún cliente. Se les conoce como los “silleros” del puente internacional Simón Bolívar. Antes de la pandemia, ya desandaban con su vehículo de trabajo el tramo binacional; ahora lo hacen por el canal humanitario, y con los pacientes autorizados.

Este grupo de hombres trabaja de lunes a lunes. Hay días en los que el número de clientes aumenta, mientras hay otros en los que suele disminuir. Los cinco laboran de la mano, se respetan los turnos, con el propósito de que todos puedan llevarse algunos pesos al bolsillo. Cuando la persona no obtiene el permiso por el puente, le dan la opción de la trocha, trayecto que sale más costoso.

Desde la Aduana, en Venezuela, hasta el corregimiento de La Parada, Colombia, cobran 5.000 pesos. Ya cuando el viaje amerita cruzar los caminos verdes, cobran entre 10.000 y 12.000 pesos. Por el tiempo que llevan desempeñando el oficio, en este año de pandemia, ya hay hasta clientes fijos, con los que han entablado empatía.

Guillermo Jiménez tiene más de tres años laborando como “sillero” en la avenida Venezuela, en San Antonio del Táchira. “Paramos un poco con el tema de la pandemia, pero empezamos a trabajar de nuevo cuando activaron el canal humanitario por el puente internacional Simón Bolívar”, rememoró el caballero.

Los pacientes que más suelen usar su servicio son los oncológicos y renales. “Aquí estamos a diario, los siete días a la semana, desde las 5:00 a.m. y hasta la 4:00 o 5:00 p.m.”, precisó en nombre de sus compañeros, y bajo el cielo encapotado del Domingo de Resurrección. “Cuando la gente no tiene el dinero completo, le cobramos 3.000 o 4.000 pesitos, si van a pasar por el puente”, recalcó.

Respetando las normas de seguridad y empleando su tapaboca, el ciudadano recuerda que el año de pandemia ha sido para ellos un desafío. “Nos hemos comido las verdes y las maduras”, señaló, para luego indicar que, en ciertas ocasiones, suelen hacer, cada uno, entre tres y cuatro “carreras”. 

De los cinco “silleros”, cuatro son del centro del país. Jiménez, aunque es oriundo de la frontera, vivió varios años en Caracas, de donde regresó por el difícil escenario económico. Con la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y Migración Colombia, dicen estar agradecidos, pues les han permitido trabajar en estos meses de pandemia.

“No nos molestan. Son clase aparte con nosotros. Lo que nos dicen es que nos vistamos bien, que tratemos bien a los clientes. Tanto la GNB como Migración Colombia nos han apoyado en nuestro oficio”, enfatizó.

Guillermo Jiménez tiene al menos cinco clientes fijos. Se trata de pacientes que, durante la semana, establecen contacto con él, en busca del servicio de silla de ruedas. “Todos van a Colombia a sus citas médicas”, reiteró con tono de agradecimiento, al tiempo que puntualizaba que el paso humanitario lleva casi un año activo.

“Algunos pacientes se nos han ido, han muerto”, soltó, para luego traer a colación el caso de la señora Teresa, paciente renal, habitante de San Antonio del Táchira, y a quien le prestaban el servicio. “La hija se nos acercó y nos dijo que la mamá había muerto”, lamentó Jiménez.

Los cinco anhelan ver el puente internacional Simón Bolívar abierto, y bajo las medidas de bioseguridad necesarias por la pandemia.

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