sábado 2 julio, 2022
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Por puente o por trocha, el paso en frontera no se detiene

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Desde el 25 de octubre de 2021, el puente internacional Simón Bolívar fue abierto otra vez. (Foto/Jonathan Maldonado)

Los caminos verdes siguen siendo la opción de algunos grupos de personas


Jonathan Maldonado


La marcha no se detiene por ninguno de los accesos hacia Colombia, y viceversa. Regular o irregular, los pasos mantienen un ritmo acelerado y con objetivos precisos.

Desde el 25 de octubre del año 2021, el puente internacional Simón Bolívar, el más concurrido de la frontera, volvió a recibir a los transeúntes tras el último bloqueo -casi dos años-, por la llegada de la covid-19.

Con la reactivación del puente, los caminos verdes, mejor conocidos como trochas, perdieron parte de su dinamismo. Ahora la circulación por estas sinuosas rutas se da, en su mayoría, para el traslado de mercancía y para el acceso a Colombia de quienes no cuentan con algún documento exigido por Migración de la nación hermana.

Quien transita por el paso formal, a lo lejos, puede divisar a grupos de personas cruzando el río Táchira para arribar al vecino país. Más adentro, invisibilizadas por los ramales, caminan personas con chatarra, alimentos o cualquier otro producto. A veces, esperan a que caiga la noche, para no llamar la atención.

El puente Simón Bolívar registra el mayor movimiento. Por este tramo transita la mayoría de personas. Los motivos son diversos: compras, citas médicas, jornada laboral, académica o con fines migratorios.

Desde la avenida Venezuela, en San Antonio del Táchira, y hasta La Parada, en Villa del Rosario, el flujo de gente es nutrido. En el corregimiento neogranadino, los carretilleros, “silleros”, “lomotaxistas” o “maleteros” ofrecen sus servicios hacia el puente o trochas.

El cliente, al final, es el que decide. Los trabajadores informales, en su mayoría venezolanos provenientes del centro de la nación, ya están duchos por ambas vías.  Son migrantes internos que han echado raíces de lado y lado.

Maletas y costales son parte de las pertenencias que muchos prefieren pasar hacia Venezuela con la ayuda de algún “trochero”, pues el peso siempre se convierte en un problema durante el tránsito, sobre todo si es por algún camino verde.

“La llevamos hasta la puerta de su casa”, son ofertas constantes en La Parada. “Le llevo la maleta por 5.000 pesos”, suelta otro con carretilla en mano. “La gente quiere todo regalado”, piensa un tercero, en voz alta, algo cansado por el sol inclemente de la zona, y con el afán de ganar un cliente para llevar algo de efectivo a su bolsillo.

Las denuncias en torno a las extorsiones han cesado en las últimas semanas. La gente circula con mayor calma y sin el estrés de que alguien quiera obligarlos a pagar ciertos servicios informales.

“El caudal del río está tranquilo, hermano. Hoy pasé sin problemas”, dijo uno de los tantos “trocheros” que pululan en la frontera.

El punto de sobrevivencia es clave en una zona que experimenta un lado calmado, apacible, y otro violento, que no es tan visible y notorio. La circulación que reina es la pendular: van a Colombia, en horas de la mañana, y retornan en la tarde o noche.

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