lunes 26 septiembre, 2022
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Usuarios demandan mayor orden y también seguridad en La Parada

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Gran parte de las personas que circulan por el corregimiento son venezolanos


En La Parada, corregimiento colombiano situado a escasos metros del puente internacional Simón Bolívar, confluyen la formalidad, la informalidad y lo ilegal, tres escenarios que parecen mezclarse para mostrar un rostro difuso de la localidad.

A simplemente vista, todo pareciera estar signado por la anarquía generada, en muchas oportunidades, por los diversos oficios informales que han nacido de la diáspora venezolana.

Carretilleros, trocheros, lomotaxistas y vendedores de diversos productos pululan en el casco central del corregimiento. Allí, ademas, se divisan los locales formales: casas de cambio, supermercados, farmacias, restaurantes y ventas de víveres y golosinas.

Pero si la mirada profundiza un poco más, se mete por los escondrijos y rejillas, es posible detectar los movimientos ajenos a la ley, a lo legal, matices que se diluyen con las características anteriormente descritas y dan paso a un espacio denominado “la tierra de nadie”.

Robos, asesinatos y extorsiones siguen latentes en un territorio donde los grupos irregulares, en especial el Tren de Aragua, se han enraizado sin, hasta la fecha, ser controlado por las autoridades.

Hay días donde la presencia policial tiene mayor realce y hay otros donde, ese verde olivo, se pierde de la vista de los transeúntes. “Hace falta más orden y seguridad”, fueron las dos respuestas en las que coincidieron los ciudadanos encuestados por el equipo reporteril de La Nación.

El saber que su identidad se mantendrá protegida, les dio la garantía de responder sin titubeos. “Esto es un mundo gobernado por la anarquía”, indicó uno de los jóvenes abordados.

Ya en el seno de la localidad, la prostitución y la venta de droga empieza a ganar fuerza. Muchas de esas mujeres son venezolanas que se ven atrapadas en un entorno que ofrece pocas oportunidades para sobrevivir.

Semanas atrás, cuando se dieron los primeros anuncios de apertura de frontera, representantes de la alcaldía de Villa de Rosario se apersonaron hasta La Parada y anunciaron que trabajarían para darle un rostro más ordenado y humano al sector comercial.

Sin embargo, el escenario sigue igual de convulso para quienes a diario transitan por las calles y vías principales de la zona. Entre los recuerdos de muchos venezolanos, sigue vigente la imagen de cuando se han tenido que tirar al suelo o correr a causa de una balacera que se puede presentar a cualquier hora… no avisa.

Las personas consultadas (siete en total), además de demandar orden y seguridad, también ven la necesidad de humanizar más el territorio, que se haga más amable ante los miles de ciudadanos que frecuentan todos los días la localidad.

“No solo es hacer dinero”, soltó una de las personas interrogadas. “Hay que darle a La Parada la oportunidad de que se conecte más con el consumidor, y viceversa. Que provoque recorrer cada espacio, sin el miedo y la zozobra que a veces nos invade”, apuntó.

Los conductores tampoco la tienen fácil. (Foto: Jonathan Maldonado)

La reubicación de quienes hacen vida informal en La Parada, el respeto a las normas y la higiene de los espacios públicos son otras de las demandas de los usuarios, en su mayoría venezolanos.

Desde la gobernación de Norte de Santander y la alcaldía de Cúcuta hay proyectos que buscan cambiarle la cara a la zona, integrarla al proceso transfronterizo y de apertura para que sea un ejemplo de vida comercial, social y recreativa.

Al final, el papel de los gobernantes juega un rol fundamental, junto a la voluntad de las sociedades para concretar así virajes en beneficio de la colectividad, alejando del todo lo ilegal, lo que carece de  humanidad.

Jonathan Maldonado

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