Frontera
Viajar por las cenizas de su madre la salvó del terremoto en La Guaira
lunes 29 junio, 2026
Yamileth Tortoza salió de Catia La Mar, en el estado La Guaira, 11 horas antes del terremoto. Ese día, 24 de junio, tomó un vuelo en el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía, rumbo a San Antonio del Táchira, para cruzar frontera y buscar las cenizas de su madre en Ocaña, en el departamento colombiano de Norte de Santander, donde falleció hace cinco años, en plena pandemia.
Tortoza cuenta que estuvo a punto de suspender el viaje, pues horas previas la invadieron unos sentimientos que no entendía: tenía un susto inexplicable y, ese 24 junio, el cielo de Catia La Mar estaba de un negro insual y con un torrencial.
Al llegar al puerto aéreo, sin motivo alguno, «me solté a llorar. Estuve muy cerca de no viajar porque pensaba que el presentimiento era como un mensaje de que debía suspender mi diligencia». Sin embargo, cuando después de las 6:00 p.m., ya instalada en el vecino país, le llegó la noticia del fuerte movimiento telúrico, comprendió el verdadero motivo de su incertidumbre.
La noticia del terremoto le llegó justo cuando se acababa de instalar en el hotel de Ocaña. La desesperación, llanto y descontrol que experimentó hizo que la recepcionista interviniera para calmarla. Estaba inconsolable al no saber cómo estaban sus dos hijas, su único nieto y yernos, así como el resto de sus familiares.
«No estaba allá, pero sentía que también moría», subrayó al manifestar que algo del sosiego regresó cuando supo que sus familiares cercanos: hijas, nieto y yernos, sobrevivieron; pero «tengo sobrinos que murieron, otros desaparecidos, al igual que muchos amigos sin vida y otros sin aparecer».
Por el rostro de Yamileth surcaban lágrimas a medida que iba avanzando en su relato. «Tenía que haber viajado el lunes 22 de junio, pero me cambiaron la fecha de exhumación para el miércoles 24, que fue cuando salí», detalló.
El miedo por lo que verá
«Tengo miedo. Quiero viajar porque quiero estar con mis hijas, pero tengo miedo y me da mucho dolor lo que me voy a encontrar. Mi hermano me escribió y me dijo: ‹tienes que venir preparada porque lo que vas a ver no es nada normal›», resaltó la ciudadana de 47 años.
Recalcó que una de sus dos hijas, durante la llamada que sostuvieron, le pedía que no volviera, que se quedara en Colombia. «Pero yo prefiero irme, porque esa es mi casa, es mi gente y de alguna manera quiero ir y apoyar en lo que sea necesario», enfatizó desde el aeropuerto internacional Cipriano Castro, en frontera, donde esperaba que la incluyeran en un vuelo de contingencia, con dirección a Barquisimeto, en el estado Lara.
Aunque las estructuras donde viven sus hijas y ella, sufrieron graves daños por los seísmos, está agradecida con la Providencia por protegerlos. «En La Guaira dicen que todos nos conocemos», soltó con la voz entrecortada.
Yamileth Tortoza quiere estar al lado de su gente, ser útil en lo que necesiten. Quizá su temor más grande está sustentado en la gran interrogante de muchos: «¿en cuánto tiempo nos recuperaremos?, pues estamos desempleados, ya que todo se perdió». Está dispuesta a ayudar a mover escombros, de ser necesario.
Jonathan Maldonado
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