Nacional
Andreina Baduel: “El silencio no es una opción”
jueves 20 agosto, 2026
Una fortaleza interna mantiene la lucha de Andreína Baduel por los presos políticos venezolanos. No cree en el silencio como estrategia, sino en el poder de la voz colectiva que es capaz de salvar vidas. Con el peso de un apellido criminalizado por el Estado, no pierde la esperanza en un país democrático, donde las familias y víctimas sean reparadas. “No se trata de venganza, sino de justicia”
Por: Nadeska Noriega Ávila
Andreína Baduel habla con una serenidad que parece inquebrantable, con un tono pausado que transmite sosiego incluso en medio de la incertidumbre, la rabia y el miedo. Pero basta verla frente a las rejas del Rodeo I —la cárcel venezolana comparada con un campo de concentración que sirve como centro de reclusión de presos políticos— con un megáfono entre las manos y decenas de familiares detrás de ella, para ser testigo de una metamorfosis y entender que esa calma no es fragilidad: es, más bien, resistencia.
Andreína, periodista de profesión y activista por los derechos humanos, se ha convertido en uno de los rostros más visibles del Comité por la Libertad de los Presos Políticos en Venezuela (CLIPPVE), una plataforma desde la que denuncia detenciones arbitrarias, torturas, aislamiento y desapariciones forzadas.
“Hoy más que nunca estamos convencidos de que el silencio no es una opción, de que solo se traduce en más impunidad y olvido. Por ello, en cada espacio que tenemos no solo llevamos nuestra voz, sino que abrimos paso para que otras víctimas también sean escuchadas”, explica en medio de una conversación sostenida en la Universidad Central de Venezuela (UCV), en Caracas.

Su accionar como cara visible del movimiento, sirve para proyectar una máxima en la lucha por los presos políticos venezolanos: la consolidación de un frente de mujeres, parejas, hermanas, madres, hijas, que han convertido el cuidado, la denuncia y la memoria en una forma de liderazgo político.
“Somos una red de solidaridad y apoyo, una gran familia. En la actualidad, el fin primario es que los liberen a todos, que no haya un solo preso político en Venezuela. Pero la organización, de la cual soy parte, va mucho más allá. Va de que seamos parte de la memoria histórica del país. Va de que sean las víctimas quienes busquen la reparación a tanta tragedia. Va de que incentivemos y culturicemos sobre lo que ha pasado, lo que hemos vivido, para que no se repita nunca más. El compromiso no termina cuando los saquemos (de la cárcel). Viene más allá, hay que seguir luchando”.
La lucha que refiere pasa por la exigencia de los derechos humanos de los presos políticos, el registro de los detalles y acciones judiciales de cada caso, la formación de las mujeres que exigen justicia para sus familiares y la humanización de una causa en la que se busca reducir a seres humanos a simples números de expediente.
El discurso de Andreína —que comenzó en singular para la exigencia propia por su padre, el general Raúl Isaías Baduel, fallecido bajo custodia del Estado en 2021, y por su hermano Josnars, preso desde el 4 de mayo de 2020— ahora se conjuga en plural, en el entendido de que el papel de las activistas por los derechos humanos es determinante para el futuro de Venezuela.
“Todo el que me pregunta, ¿qué podemos hacer? Le digo: hay que fortalecernos, hay que unirnos, hay que incentivar, hay que denunciar, hay que organizarse, para seguir reclamando que realmente se respeten los derechos humanos y que haya democracia en el país”.
El estigma de un apellido
La historia de Andreina Baduel no comenzó en las puertas de una cárcel o frente a una protesta ante algún despacho institucional, como un tribunal, fiscalía o defensoría. Su apellido ya cargaba un peso político mucho antes de que ella decidiera convertir el dolor en activismo.
“Ser Baduel en Venezuela ha significado vivir bajo la sombra de la persecución”, dice cuando se le refiere al slogan que viste en su franela: “Ser Baduel no es delito”.
Su padre, Raúl Isaías Baduel, exministro de Defensa y antiguo aliado de Hugo Chávez, fue detenido por primera vez en 2009, luego de romper públicamente con el chavismo y cuestionar el rumbo autoritario de la “revolución bolivariana”. Años después, en 2020, su hermano Josnars Baduel fue arrestado y acusado de participar en la llamada Operación Gedeón. Desde entonces, permanece encarcelado, mientras Andreína y su hermana Margareth denuncian torturas, aislamiento y graves violaciones a sus derechos humanos.

“He tenido muchos momentos duros en mi vida. Comenzando por la detención arbitraria de mi papá, que conllevó a una persecución que hasta hoy en día vivimos”, afirma mientras detalla cómo debe lidiar con funcionarios de organismos de seguridad apostados a diario frente a su casa con la intimidación de ser fotografiada por motorizados en cada manifestación pública.
Y aunque reconoce que estas acciones aún le preocupan, siente que bajar la cabeza, callarse o esconderse, no está en los escenarios planteados, a pesar de las duras pruebas que ha sorteado.
“En medio de estos 18 años de persecución, perdimos la vida de mi papá. Mi mamá también partió. Ha sido una cadena de duelos que todavía no hemos podido vivir. Ni siquiera me atrevería a poner alguno en prioridad, porque ha sido mucho dolor durante todos estos años; sigue siendo de mucho dolor la situación de mi hermano”, cuenta mientras suspira, al recordar los últimos 21 días que Josnars pasó en una celda de castigo durante el mes de abril de 2026.
“Yo creo, que rescataría de esta situación, que me ha hecho mejor persona. Que lejos de sacar lo peor de mí, he decidido ser mi mejor versión cada día. He decidido luchar para que nuestra historia no se repita nunca más. He decidido dar mi aporte para que en algún momento haya justicia. Y aunque el dolor es enorme y aunque el reto también lo es, en este tipo de proceso hay dos caminos, o sacas lo mejor de ti o sacas lo peor de ti. Si me lo preguntan hoy, yo no tengo odios, ni deseos de venganza, yo solo aspiro a que haya justicia”.
Para Andreína, esa fortaleza, también es un legado de su apellido.
“Estamos convencidos de que la situación contra mi familia no ha sido peor de lo que ya es gracias a que hemos denunciado. Al menos con nosotros el ensañamiento sigue de frente, pero eso evita que otros lo vivan: esa denuncia, esa acción determinada, esa manera en la que hemos alzado la voz, incluso antes del comité. Antes del comité yo siempre denuncié todo lo que vivíamos como familia, y creo que eso fue lo que me llevó al rol que ocupo hoy”.
Los terremoto aumentaron la vulnerabilidad
Y si el camino por la lucha de los derechos humanos de los presos políticos en Venezuela no fuera ya suficientemente difícil, el doblete sísmico del 24 de junio dejó en evidencia la vulnerabilidad de quienes están detenidos por razones políticas.
Para Andreína, la emergencia provocada por el doble terremoto desplazó en el debate público la crisis de derechos humanos que enfrentan los detenidos por motivos políticos, profundizándola. “Esta catástrofe socio natural se suma a la tragedia que ya vivíamos quienes hemos asumido la vocería de los presos políticos en Venezuela”, afirma, al tiempo que subraya que el comité ha procurado seguir visibilizando la realidad, manteniendo respeto y empatía al dolor de las miles de familias afectadas por el desastre.
Andreína sostiene que los terremotos dejaron en evidencia la ausencia de protocolos de prevención y respuesta dentro de los centros de reclusión. Asegura que los presos políticos permanecieron expuestos a riesgos innecesarios y que muchas de sus familias, además de enfrentar la incertidumbre por sus seres queridos encarcelados, también sufrieron pérdidas humanas y materiales a causa de los sismos. “No vamos a dejar de hacer presión para que no se olvide la realidad de los presos políticos, una realidad donde sigue reinando la opacidad”.
La activista considera que los terremotos agravaron una situación de vulnerabilidad preexistente. Explica que quienes permanecen detenidos por razones políticas continúan expuestos a presuntas torturas, malos tratos y restricciones a sus derechos fundamentales, mientras la emergencia sísmica incrementó los riesgos para su integridad física. “Los terremotos han afectado el centro de la vida de todos los venezolanos, pero en el caso de los presos políticos han aumentado su vulnerabilidad”.
Como parte de las acciones de documentación y denuncia, el 22 de julio de 2026, el CLIPPVE, junto con organizaciones de derechos humanos, presentó un pronunciamiento sobre la situación de los presos políticos tras los terremotos, en el que denunció la falta de una respuesta oportuna del Estado, exigió medidas humanitarias urgentes y alertó sobre el deterioro de las condiciones de reclusión después de la emergencia
Reparación y memoria
Andreína habla de justicia con una convicción que evita el odio. Repite que lo suyo no es venganza. Que no lucha únicamente por la memoria de su padre ni por su hermano, sino por la reparación de un país entero acostumbrado a convivir con el silencio y el miedo, al menos hasta el 3 de enero de 2026, una fecha que ella asume como de distensión, más no de solución.
“Aunque el 3 de enero marcó un antes y un después, el gobierno en este momento está tratando de imponer una narrativa muy lejana a la realidad. Y es ahí donde la sociedad juega un rol determinante (…) La injusticia no ha acabado, solo que es diferente. Ahora las detenciones arbitrarias, aunque no han parado, son de corta duración. Esa es la diferencia. La diferencia es que, podemos decir, que más de 700 familias se han reencontrado, pero otras 700, aproximadamente, quedan todavía en cautiverio y en condiciones de horror. La diferencia es que, en algunos casos de presos desaparecidos, se pudo tener la fe de vida, para sus familiares”.

Andreína Baduel insiste en recordar que las atrocidades no pueden normalizarse y que el país tiene la obligación de mirarse de frente para impedir que la historia vuelva a repetirse, en un escenario donde se respete la institucionalidad y exista democracia plena.
“CLIPPVE está trabajando para eso, para ese momento. Está buscando tener las capacidades para poder seguir impartiendo conocimientos con la memoria histórica que estamos construyendo. Mucha gente incluso me dice: «Pero, Andreína, no hay manera de que tú te salgas de esto”. O sea, no hay manera de que, así tu hermano sea libre y de que en algún momento haya justicia, tú pases, como quien dice, al anonimato. Y, bueno, el camino me ha hecho entender y fortalecer esa necesidad de ser útil para quien necesite de mí. Porque, además, mi rol como periodista también… eso está allí. Incluso uno de mis planes a futuro es poder tener una fundación, poder ejercer libremente mi carrera y dar aportes para quienes necesiten de mí, poder estar allí”.
Quizás allí radique la fuerza más incómoda de Andreína Baduel: en que, pese a todo, todavía habla de futuro y de justicia con esperanza.
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