viernes 19 agosto, 2022
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Diablos danzantes de Venezuela: personificar el mal para vencerlo

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El tambor marca el ritmo: tan, tan tan… Temibles “diablos” recorren las callejuelas de Naiguatá, un pueblo costero de Venezuela, con vistosas máscaras y trajes coloridos con cinturones cargados de manojos de campanas. Se siente el frenesí en la multitud.

La fiesta de los diablos danzantes es una tradición religiosa venezolana reconocida en 2012 como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, celebrada en 11 cofradías en el país, incluida Naiguatá (La Guaira, norte), en el jueves de Corpus Christi.

Es un evento profundamente religioso, donde se pagan promesas al Santísimo Sacramento. Los creyentes encarnan al diablo para vencerlo.

“Hoy el mal sale a la calle, pero el bien gana”, dice a la AFP Efrén Iriarte, de 31 años y presidente de la cofradía.

El noveno jueves después de cada Jueves Santo, decenas de "promeseros" con actitud penitente van de la plaza frente a la iglesia, de rodillas sobre el asfalto, en medio de un calor sofocante, hasta las puertas del templo a pagar sus promesas
El noveno jueves después de cada Jueves Santo, decenas de “promeseros” con actitud penitente van de la plaza frente a la iglesia, de rodillas sobre el asfalto, en medio de un calor sofocante, hasta las puertas del templo a pagar sus promesas. (Federico PARRA/ AFP)

No hay distinción de edad o sexo, todos danzan con trajes multicolores, alpargatas y llamativas máscaras de alambre y papel maché que emulan a animales del mar o la montaña, con gigantescos dientes, cuernos o pinzas.

Las máscaras son llevadas en brazos con un manto extensivo que cubre la cabeza de quienes las cargan: “El diablo no tiene rostro”, dicen en Naiguatá.

El “campanario” que va en la cintura busca “aturdir al maligno”, explica Efrén. “Con los colores haces que se confunda”.

Antes de vestirse de diablo, hay que protegerse. Kelvis Romero, que tiene 48 de sus 54 años haciendo de diablo, se para frente a un altar con el Sacramento en el medio, San Juan a la izquierda y San Pedro a la derecha y reza, tomando un cordel rojo con un crucifijo para el pecho y una medalla para la espalda.

Integrantes de los Diablos Danzantes participan en la celebración católica del Corpus Christi, en Naiguatá, un barrio popular de La Guaira, Venezuela, el 16 de junio de 2022.
Integrantes de los Diablos Danzantes participan en la celebración católica del Corpus Christi, en Naiguatá, un barrio popular de La Guaira, Venezuela, el 16 de junio de 2022. (Federico PARRA/ AFP)

Lo moja en agua y comienza a pedir en un susurro que remata con un “Padre, espíritu santo, amén”, que repite tres veces.

En el ritual participan todos, desde la pequeña Sara Rodríguez, de 7 años, que debuta como diabla este año, hasta Henry González, que lleva casi medio siglo en esto.

Deyanira, madre de Sara, la termina de retocar y le acomoda su cinturón de pequeñas campanas. Ella no se queda quieta, agarra la máscara y empieza a bailar, impaciente por llegar a la plaza.

En el ritual participan todas las edades: está Sara, de siete, que este año debutó como diabla, y Henry, que lleva el título de Diablo Mayor, como la persona viva que lleva más tiempo en la tradición
En el ritual participan todas las edades: está Sara, de siete, que este año debutó como diabla, y Henry, que lleva el título de Diablo Mayor, como la persona viva que lleva más tiempo en la tradición. (Federico PARRA/ AFP)

“Me complace mucho que haya más diablada, cada año crece un poco más. No creo que esta tradición desaparezca”, señala Henry, que lleva el título del Diablo mayor, otorgado a la persona viva que lleva más tiempo en la tradición.

Diablo de por vida

Frente a la iglesia, que ha cerrado sus puertas, hay un patio que remata en una pequeña plaza con una cruz.

De ahí salen decenas de “promeseros” a pagar promesas con actitud penitente: de rodillas, sobre el asfalto caliente en medio de un calor sofocante, van caminando hasta las puertas del templo para rendirse ante el cuerpo de Cristo.

"Hoy el mal sale a la calle, pero el bien gana", dice a la AFP Efrén Iriarte, presidente de la cofradía, sobre el rito de encarnar al diablo para vencerlo: "con los colores haces que se confunda" y el cinturón de campanas es para "aturdir al maligno"
“Hoy el mal sale a la calle, pero el bien gana”, dice a la AFP Efrén Iriarte, presidente de la cofradía, sobre el rito de encarnar al diablo para vencerlo: “con los colores haces que se confunda” y el cinturón de campanas es para “aturdir al maligno”. (Federico PARRA/ AFP)

Algunos agradecen o piden por salud o trabajo al Santísimo Sacramento.

No todos van vestidos de diablos. Algunos toman prestada la máscara para pagar su promesa.

La fiesta se realiza el noveno jueves después del Jueves Santo de cada año, también en poblaciones de los estados de Miranda, Aragua, Carabobo y Guárico.

Naiguatá y San Francisco del Yare, en Miranda (norte), destacan entre las cofradías que celebran esta tradición nacida entre los siglos XVI y XIX y muy vinculada a las haciendas de cacao, café o caña de azúcar, y que formaba parte del proceso de evangelización española.

Máscaras de los Diablos danzantes, tradición religiosa de Venezuela reconocida en 2012 como patrimonio inmaterial de la UNESCO, que celebran 11 cofradías venezolanas en el jueves de Corpus Christi
Máscaras de los Diablos danzantes, tradición religiosa de Venezuela reconocida en 2012 como patrimonio inmaterial de la UNESCO, que celebran 11 cofradías venezolanas en el jueves de Corpus Christi. (Federico PARRA/ AFP)

“Es un sincretismo, es una mezcla entre los indios, el africano que vino esclavo y la religión cristiana”, explica Kelvis.

Cuenta que cuando joven tuvo un accidente en una moto y se salvó de milagro. Cuando aún estaba en el hospital, una amiga prometió que si se salvaba él bailaría por el resto de su vida.

“Y aquí estoy bailando”, asegura sonriente.

AFP

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