Nacional

El desencanto gana terreno en Venezuela tras seis meses de proclamación de Guaidó

24 de julio de 2019

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Como millones, Eskeira volcó su confianza en Juan Guaidó cuando se autoproclamó presidente encargado de Venezuela. Seis meses después de ese juramento, carga con el peso del desencanto, al ver que Nicolás Maduro sigue en el poder.

En el portal de su casa en Cúa (60 km al sur de Caracas), donde vende alimentos bajo un parasol, la mujer dice que pasó de la esperanza a la frustración al constatar que la osadía de Guaidó ha sido insuficiente para desplazar a Maduro, a quien culpa de la devastación económica del país.

«Es una mezcla de impotencia, cansancio, desencanto», afirma Eskeira Padrón, de 47 años, mientras llora la muerte de su padre en 2017 -según relata por falta de medicinas- y la migración de familiares.

Los seis meses de presidencia interina se cumplen este martes bajo la sombra de un nuevo apagón que golpeó a todo el país el lunes y que aún afecta a varias regiones.

«Se nos fue de vacaciones la esperanza», añade Eskeira cerca de una mesa donde ofrece frijoles, arroz, pasta. Vende «todo lo que se atraviese», pero solo gana «para medio comer» por una inflación que -según el FMI- cerrará este año en 10.000.000%.

Guaidó, jefe del Parlamento de mayoría opositora, se proclamó ante miles de seguidores en una calle de Caracas, reconocido por medio centenar de países, entre ellos Estados Unidos.

Conmemora la fecha con una sesión legislativa, también callejera, a la cual convocó a sus partidarios para protestar por el apagón.

«¡No se rindan!», repite este ingeniero de 35 años, quien promete expulsar a Maduro este año «por las buenas o por las malas» para instaurar un gobierno de transición que convoque a elecciones.

– «Más lejos de una solución» –

Tras su juramentación, Guaidó lideró masivas protestas que han perdido fuerza, a la vez que intentó quebrar el apoyo de la Fuerza Armada a Maduro encabezando un alzamiento militar el 30 de abril y el intento de ingreso de ayuda internacional el 23 de febrero, ambas operaciones fallidas.

«Ya marchamos, ya vimos caer mucha gente, hay hambre», señala Eskeira, quien reclama una «acción internacional», pues «por las buenas esta gente no se va».

En el parque de la vecina Charallave, mientras trabaja en la contabilidad de algunos negocios de esa población, Gabriela Micó opina que hoy el país con la mayor reserva petrolera está «más lejos de una solución» a la crisis.

Extraña a su hija de 19 años, quien emigró a Costa Rica hace cuatro meses porque no pudo pagarle más los estudios.

Dice haber perdido siete kilos en un año por la precaria alimentación y las preocupaciones.

Una intervención de Estados Unidos, que Donald Trump no descarta, «no me parece buena idea porque se pierden vidas inocentes, pero uno se pone a pensar y parece que ésta fuera la solución», confiesa la mujer de 47 años.

Según la ONU, cuatro millones de venezolanos emigraron por la crisis desde 2015.

Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos, observa un «desgaste». «Aunque la gente vea esperanzas en Guaidó, también es cierto que cada día encuentra menos razones para salir a la calle porque siente que eso no contribuye en nada», opina.

Pese a ello, Guaidó es por mucho el líder opositor más popular con 53% de apoyo, según Delphos.- «Presidente paracaidista» –

Tras la rebelión de un pequeño grupo de militares, que según Guaidó fracasó porque jerarcas incumplieron su palabra, el opositor aceptó negociar con el gobierno bajo la mediación de Noruega a mediados de mayo, sin descartar la «cooperación militar».

Los diálogos avanzan con una agenda secreta, si bien la principal exigencia opositora son nuevos comicios.

«Aquí no va a haber elección presidencial, va a haber elección del Parlamento en 2020», se hace eco del gobierno Carlos González en Charallave, tras un altercado con un hombre que lo insultó por ser chavista, militancia que según Delphos reconocen 25% de los venezolanos.

Con una gorra roja del partido de gobierno y un pantalón de camuflaje, González, ayudante de construcción de 36 años, tilda a Guaidó de «presidente paracaidista» y lo acusa de buscar «conflicto».

También de «destruir» a Venezuela al apoyar las sanciones de Washington, incluido un embargo petrolero desde abril.

González admite que su situación económica es difícil, pero predice que Maduro gobernará «hasta 2035» y confía en la negociación. Eskeira, en cambio, cree que «el gran error» de Guaidó fue caer «en la trampa del diálogo» tras varias experiencias fallidas.

Según Delphos, poco más de la mitad de la población «ve con buenos ojos» las negociaciones.

Pero el desespero de Eskeira parece más fuerte. «No importa que (el desenlace) sea extremo. ¿Qué más alto (que) el precio que estamos pagando? Si seguimos así hasta la fe se irá de vacaciones».

AFP

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