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Inicio/Nacional/El privilegio de envejecer en comunidad

Nacional
El privilegio de envejecer en comunidad

sábado 4 julio, 2026

El privilegio de envejecer en comunidad

El espejismo de la exclusividad. Durante la mayor parte del siglo XX, el éxito arquitectónico y social se definió a través de la segregación. El modelo de desarrollo urbano, impulsado por la libertad de desplazamiento que otorgó el automóvil, fragmentó nuestras ciudades en zonas rígidas: áreas para trabajar, áreas para comprar y áreas para vivir. En este esquema, la vivienda unifamiliar aislada se convirtió en el trofeo máximo. Sin embargo, este concepto de urbanismo vinculó erróneamente el lujo con el aislamiento comunitario.

Hoy, nos enfrentamos a las consecuencias de haber construido “casas-castillo” o “casas-palacio” que, si bien proyectan identidad individual, han perdido su capacidad de ser iconos de pertenencia social.
La crisis de este modelo se hace evidente con el envejecimiento de la generación de los Baby Boomers. Para el año 2030, solo en Estados Unidos, 79 millones de personas habrán superado los 65 años, un fenómeno que se replica proporcionalmente en el resto del continente. Lo que antes era un refugio de privacidad se ha transformado en una prisión de soledad. Como bien señala la investigación de John Thackara (referido en círculos de diseño como Thacker), bajo la premisa “We Cannot Be Healthy Alone” (No podemos estar sanos solos), la salud no es un atributo individual que se posee, sino una propiedad ecológica del entorno. El aislamiento social, propiciado por una trama urbana que separa al vecino del vecino, se ha convertido en una amenaza para la salud tan letal como las enfermedades crónicas.

El Tercer Lugar: El ancla de la salud mental. Para contrarrestar esta “cascada de desafíos”, es imperativo rescatar el concepto de Ray Oldenburg: El Tercer Lugar. Según Oldenburg, la vida de una persona se equilibra en tres esferas: El primer lugar (el hogar), el segundo lugar (el trabajo) y el tercer lugar (espacios neutrales como plazas, cafés y mercados donde ocurre el intercambio social informal). El urbanismo moderno destruyó el tercer lugar en favor de centros comerciales privados y zonas residenciales herméticas, dejando a la población mayor sin nodos de conexión espontánea.

En las comunidades latinas, existe una resistencia cultural intrínseca a abandonar el hogar para trasladarse a centros de asistencia o Assisted Living Facilities. No obstante, quienes eligen “envejecer en casa” a menudo experimentan una pérdida de propósito y una muerte social prematura. La “Ecología del Tercer Lugar” propone que no necesitamos mudar a los ancianos a instituciones, sino inyectar las cualidades del tercer lugar dentro de los vecindarios de media y baja densidad. Se trata de transformar el entorno estéril en una red de apoyo donde la interdependencia sea la norma y no la excepción.

Hacia una infraestructura del cuidado social. La propuesta de reformular la vivienda unifamiliar busca romper la inoperatividad de los modelos actuales. Si la tecnología y la medicina han extendido nuestro “span” de vida, la arquitectura debe ahora extender nuestra calidad de interacción. No es suficiente con tener acceso a la telemedicina si no hay un vecino con quien compartir un café. El desafío para los próximos cuatro años es monumental: Debemos pasar de una cultura de la independencia absoluta —que nos deja solos al final del camino— a una cultura de estructuras cooperativas. La siguiente entrega explorará cómo la arquitectura física, a través de estrategias productivas, puede devolverle el propósito de vida a millones de personas que hoy se sienten invisibles en sus propios hogares.

*Arquitecto. Curador de Arte

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