Opinión

¿A distancia o presencial?

23 de mayo de 2021

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Francisco Corsica


“Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”, dijo alguna vez el matemático y filósofo Pitágoras. Brillante manera de vincular educación y política en una sola expresión. Cada vez que leo a los antiguos quedo convencido de que sus conocimientos carecen de fecha de caducidad. Un claro recordatorio sobre cuán fundamental es para la humanidad la formación intelectual y en valores.

Una persona bien formada no solamente puede llevar a la práctica conocimientos útiles para la sociedad, sino que su honradez y rectitud hablarán por ella. Difícilmente caerá en los vicios que le rodean y, por consiguiente, no habrá motivos para castigarle. Grosso modo, sugiere que la escuela o la universidad en la juventud, tomadas en serio, evitan la cárcel o el reformatorio en la adultez.

Trayendo la experiencia a nuestro terruño, ya lo decía el Libertador en una de sus célebres frases, “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”. La primera podría estar enfocada al ejercicio individual de la ciudadanía, entendiendo por ciudadano a aquella persona que ha cumplido con sus deberes y, por consiguiente, tiene garantizados una serie de derechos. Sé que existen otras nociones del término, pero me aferro a este por sus implicaciones. Con esto no dejamos de lado que la ciudadanía es un ejercicio político, pero también moral.

La segunda, en contraste, se refiere a los conocimientos adquiridos en diferentes áreas y cómo estos podrían ser aplicados en la vida diaria. Allí entra la academia, la formación familiar y la individual o autodidacta. Ciencia, artes, cultura, historia, literatura y un sinfín más. Prepararse para la vida. Teoría y práctica siempre van de la mano aunque disten ocasionalmente. Nada que pueda envidiarle a la sabiduría de las antiguas civilizaciones.

Hasta ahora, creo que ha quedado tremendamente clara la importancia de la educación para la sociedad y las personas. No ahondemos más en ello por lo pronto. Vista su importancia para el individuo en sociedad, es preciso retomar las clases presenciales tarde o temprano. ¡Caramba! Venezuela lleva más de un año sin clases presenciales. Algunos países han podido reanudarlas intermitentemente, pero el nuestro no.

En mayor o menor medida, este tema ya ha sido abordado en textos anteriores. Sin embargo, no está mal retomarlo en vista de que en meses anteriores estuvimos cerca de retomar las aulas de forma semipresencial. Por obvias razones, el anhelado momento tuvo que posponerse.

Sé que la educación en línea fue la alternativa más viable debido a la emergencia sanitaria surgida en 2020. Igualmente, esta modalidad brinda una flexibilidad para la comunidad académica que el método tradicional no puede. Aprender a través del dispositivo que uno desee y desde cualquier lugar es muy cómodo. Mascando chicle y caminando al mismo tiempo, se pueden hacer otras cosas mientras se escucha la lección.

Hemos sido partícipes de una experiencia nueva, bastante agradable pese a los inconvenientes. Tengo entendido que en el ámbito universitario ha funcionado un poco mejor que en los niveles inferiores. Las fallas de luz y de conexión a la red no han faltado. Alguna vez leí —en claro tono jocoso— que una clase a distancia asemeja una sesión espiritista: voces preguntando si pueden oírlas, si alguien más desea unirse, que algunos no pueden escuchar al mensajero… En fin, las plataformas en línea no siempre funcionan óptimamente.

Pero conectarse a través de un teclado y una pantalla no es lo mismo que interactuar con el profesor y los demás estudiantes. Oír una explicación en persona es mejor que hacerlo mediante unos audífonos o un equipo de sonido. Sumado a ello, asistir personalmente fomenta una rutina que muchos extrañamos.

Queda relativamente poco para eso. Enfocándome en las aulas, un día más es un día menos. En muchos lugares, la «nueva normalidad» ya se asemeja a la antigua normalidad, aquella que era simplemente «normalidad». Nadie pensaba en tapabocas, teletrabajo, confinamiento ni distanciamiento físico. Poco a poco, el pensamiento vuelve a ser el mismo en otros países. Eventualmente, lo mismo ocurrirá acá.

¡Vaya expectativa! Siguiendo a los pensadores citados, retomar la academia en persona es primordial para evitar castigar a los hombres y adquirir las necesarias luces. Espero que el acontecer venidero lo permita y que los planteles e instalaciones estén en condiciones de albergar a la comunidad académica nuevamente.

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