Opinión
¡Autocensura no!
domingo 5 abril, 2026
Ricardo Escalante
La permanencia del chavismo en el poder en Venezuela me empuja a exponer lo que siempre he llevado en los tuétanos por la irrenunciable condición de periodista: el tema de la libertad de expresión y la autocensura.
Después de tantos años en las redacciones de los periódicos más influyentes de Caracas durante la democracia anterior a Hugo Chávez, abordo el asunto porque estamos en los prolegómenos de una etapa que adivino esperanzadora para los venezolanos en general y, sobre todo, para los periodistas.
Es verdad que el cambio empezó, pero aún persisten las amenazas de Diosdado Cabello y de los hermanos Rodríguez, empeñados en coartar la libertad de expresión. Se siente cierto alivio en las redes sociales y en los medios que han logrado sobrevivir, además de que han sido liberados periodistas cuyo único delito era ejercer la profesión, pero todavía no hemos visto la plena e indispensable libertad de expresión.
En Venevisión reapareció la imagen de María Corina Machado y en algunas radioemisoras hay periodistas –como Román Lozinski–, que por momentos desafían al gobierno con noticias que antes no se difundían. Sin embargo, el número de páginas web sancionadas es elevado, hay amenazas a radioemisoras y, por supuesto, contra eso habrá que luchar con decisión. Tampoco podemos olvidar que la televisión oficialista: el Canal 8, Globovisión, Canal i y otros, siguen como si vivieran en la época cumbre del estalinismo.
Delcy Rodríguez, al parecer, se ha visto obligada desde Washington a meter presos a dos empresarios protuberantes sindicados de corrupción –los dueños de Globovisión, Raúl Gorrín; y del Canal i, Wilmer Ruperti, también propietario del equipo de beisbol Los tiburones de La Guaira y de negocios petroleros–, sin que hasta ahora el gobierno haya declarado nada sobre el particular.
Por lo demás, la mayoría de los políticos, periodistas y gremialistas excarcelados, hacen sentir sus denuncias de la barbarie prevaleciente en los centros de reclusión. A ellos se suman otros miembros de la sociedad civil que actúan en el mismo sentido, pero el cambio definitivo solo se logrará con las voces de todos en las calles, porque el amedrentamiento tiene que llegar a su fin.
Lo anterior me conduce a plantear que para los periodistas tiene que ser claro que la autocensura es mala consejera. El periodismo es por naturaleza contrapoder. ¡Como tiene que ser!










