Opinión
Bosque en la Avenida Ferrero Tamayo (Breve Homenaje)
viernes 9 enero, 2026
Porfirio Parada*
¿Cuánta vida me queda para ver el bosque de la Avenida Ferrero Tamayo? Un bosque de ciudad y montaña, bosque urbano que lo envuelve la inmensidad de Los Andes en cada nuevo año, años pasados, de siglos e historias, calendarios sin fechas, transitar de la madre naturaleza, antes de la inauguración de la avenida en el primer gobierno del presidente Rafael Caldera por allá en 1969, antes de que el Táchira fuese Táchira, un bosque que se renueva en su deleite, en su ecología, en el caminar de las personas, carros, buses, en la atracción de los animales que vuelan, recorren, descansan por ahí. Mi vida cambia, parece no ser la misma, cuando se deja llevar por lo verde, cuando vuelvo a caminar por esa avenida, por varios años me reencuentro con ese micro mundo que es tan extenso como el cielo y la imaginación. Mi transitar es el transitar de lo andino, de lo que hay aquí, de estas tierras prodigiosas que uno no se cansa de admirar.
Puedo decir que su trayecto es subiendo a partir de uno de los semáforos de esa avenida, pasando la Iglesia Santísimo Salvador, y concluye en el otro semáforo que llega al Hipermercado Baratta. Pero no es todo, si uno sigue subiendo la avenida, subiendo por el Club Latino, se encuentra con más elementos de bosque, de diversidad de plantas y monte, Pino, olor a pasto fresco y tierra, sigue subiendo donde antes había como un terreno para paseos de cabellos, montando niños, ahora por lo que vi, harán un Farmatodo por ese sector, cerca de la redoma de Los Arbolitos. La ciudad va cambiando y la naturaleza se sigue transformando. Según un reportaje de Megavisión y en la voz del cronista de la ciudad Luis Hernández Contreras, esta avenida tiene su nombre por José Rafael Ferrero Tamayo, ingeniero de profesión, sancristobalense, fue presidente del Colegio de Ingenieros, profesor de la Católica, murió trágicamente atropellado cerca del Tennis Club y su casa.
Hay un espacio de máquinas, donde su nombre en letras grandes se lee BUSINESS, si uno va subiendo (porque el recorrido del bosque lo puedes hacer de ambas maneras, bajando o subiendo de la avenida) en el semáforo indica una entrada a la izquierda que va a terminar a Los Kioscos o al Seguro Social. Pero uno no cruza sino sigue derecho y se encuentra con un árbol gigante, con grandes tallos, extensos, barba de palo, musgo español. Árbol de otras épocas y otros tiempos, pareciera de otras tierras, de cuentos infantiles, historias fantásticas, crecido y agrandado por su raíz, tronco envuelto como suave alfombra por el musgo húmedo y verdoso, mostrando el camino aventurero que pareciera corto pero infinito en el sentir. Sigue uno caminando y se encuentra con sonidos de agua y animales, con hojas que van cayendo, suspendiéndose en el instante, hojas amarillas, hojas rojas, hojas verdes, hojas mixtas de varios colores, hojas marrones. Los habitantes del sector que tienen perros, suelen pasearlos, y soltarlos en el bosque, hacen sus necesidades, el animal disfruta siempre del recorrido.
He caminado por ahí, durante varios años de mi vida, de niño, adolescente y adulto, incluso he estado por años o temporadas muy largas que no camino en ese bosque, pero cada reencuentro es la vida manifestándose entre los años, entre el silencio y en el andar, el recuerdo, el terruño, la vital experiencia de vivir. Uno sigue caminando y se encuentra con otras alfombras, paja de Pino adorna el suelo que a su vez también está arropado por lo verde, el musgo está en varias partes, incluyendo en las paredes blancas que ya no son blancas, tienen los colores del clima, del sistema ecológico del lugar, de la suma de las mañanas y las noches, del frío y sol, lluvia y atardecer, todo se mezcla y se convive, para que el bosque de la Avenida Ferrero Tamayo se muestre así tal cual es. ¿Habrá un artista que le haya hecho un homenaje a este bosque? Unos versos libres ¿habrá un poeta, un músico, un pintor que se ha influenciado de ese camino mágico para crear un mundo soñado? Quién sabe, lo que sí he visto es niños, correr y saltar, jugar con el camino, en un día cualquiera de la semana.
El hermano de José Rafael Ferrero Tamayo, Aurelio Ferrero Tamayo, fue abogado y doctor en Ciencias Políticas. Fue historiador, estuvo en la cámara de diputados. Escribió varios libros sobre la historia del Táchira y fue autoridad del Ateneo del Táchira. Ellos dos fueron dos hermanos que dejaron una huella indiscutible aquí en la ciudad y el estado Táchira. En estos días tan convulsos, despertándonos con bombardeo al país, la gente ha cambiado de ánimos, pensamientos y emociones, mientras tanto por el bosque de la Avenida Ferrero Tamayo, la vegetación vuelve a nacer entre la neblina, el frío y la brisa que desciende en estos primeros días del año. Hay un monte atrás donde queda el Colegio de Contadores, que traspasa la cerca y se une al bosque, matas, arbustos, árboles, madera de diferente textura, texturas de flores, de colores, del rocío en cada paso, el asfalto se ha movido, se rompió de su trayecto por la rebeldía de los árboles, por su opulencia y su personalidad con el pasar de los años. Por esa avenida, hay casas, residencias privadas, una entrada a unos apartamentos, la urbanización San Judas Tadeo, Residencia Girasol. Cuando busco la vida en un lugar de la ciudad, busco tiempo para caminar de manera sencilla e ir al bosque de la Avenida Ferrero Tamayo, y escribo bosque, pero puede ser paraíso, un mini refugio, pequeño jardín, me alimento de su aire fresco mientras pasa el transporte público, la Línea Intercomunal, y unas motos que van en alta velocidad.
*Locutor de La Nación Radio










