viernes 3 febrero, 2023

Carrera 9

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Porfirio Parada


La carrera 9 de la ciudad de San Cristóbal es muy especial para mí. Gran parte de mi vida he transitado por esas calles y espacios, incluso recorro sus lugares en la memoria, cuando no estoy en el sitio, por alguna razón me acuerdo de esa carrera. En principio el vínculo familiar, mi padre de niño me llevaba a la Comercial Porfirio Parada mientras él trabajaba. Ahí nacen mis primeros recuerdos y relación con esta zona de la ciudad, con su trayecto envuelto por negocios abiertos, personas y grupo de gentes caminando por las aceras, busetas saliendo de sus paradas, la cercanía con el movimiento de la quinta y séptima avenida, la cuesta que conecta a Barrio Obrero, la imponente iglesia gótica de San José.

 

Antes de trabajar y luego ya trabajando en la comercial de mi familia, me iba con el chofer de la comercial, Leonardo Gutiérrez, conocido popularmente como “Leo”, a entregar la mercancía vendida a la gran cantidad de clientes que tenía COPORPA en diferentes partes de la ciudad. Y luego de terminar la jornada, cuando retornamos por la carrera 9, “Leo” saludaba al frutero, zapatero, comerciante, vendedor ambulante, vendedor de embutidos, al encargado de la taguara, al médico veterinario, a la promotora del banco, al albañil, a los que trabajaban en repuestos de licuadoras o agentes autorizados de la Oster. Y esos saludos generalmente comenzaban desde la Plaza Garbiras y se extendían hasta pasando la Plaza Sucre. Así fue por muchos años mi rutina cuando bajaba por esta carrera transitada.

 

Cuando estudié en el Liceo Simón Bolívar tengo gratos recuerdos bajando por sus calles, con compañeros estudiantes de mi sección y de otros salones, bajábamos y cuando llegamos a la carrera 9 algunos se separaban, tomando otras vías, otros buscaban la parada de bus que les correspondía, y yo llegaba de nuevo a la comercial para matar el tiempo de la mañana escuchando a los vendedores, iba a las oficinas y hablaba con las secretarias, para luego estar debajo de la santamaría y ver a la gente pasar, escucharla, los buses saliendo en la esquina, la gente transitando, pasando, para luego encontrarme con “Leo” de nuevo y volvía a acompañarlo para hacer otras entregas.

 

Mi familia, partiendo por mi abuelo y luego mis tíos, mi padre y algunos primos hicieron o han hecho relación y amistades con varias personas y empresas de la carrera 9. De niño y luego adolescente escuché en reiteradas ocasiones a Electrofer Marconi, ubicado en una de sus esquinas, una cuadra antes del Banco de Venezuela, en ese sector está un conocido hotel que ha cambiado de nombre pero sigue abriendo sus puertas; bajando por esa calle han existido gimnasios, panaderías y negocios de pollo a la Broaster, que también han tenido remodelaciones y cambios en sus espacios. También entré y compartí en varias oportunidades en el Restaurant El Trapiche, de esos con ambiente y arreglos taurinos, influencia española, donde mi tío Porfirio llevaba al personal de la comercial a comer y compartir un buen momento en algunas épocas del año y en diciembre.

 

Y en la época navideña, por supuesto, conservo también los mejores recuerdos que pude vivir en este sector de la capital tachirense. Si durante todo el año el dinamismo, la congestión vehicular, el transitar, el ruido y algunas veces el caos se hacía presente en la carrera 9, en diciembre era el doble con el plus musical de las gaitas en cada esquina, las lucecitas de colores en las fachadas, papeles de regalos y grandes ofertas de juguetes para los niños. Me acuerdo de algunos negocios realizados entre la Comercial Porfirio Parada con colchones y muebles en época decembrina, se ayudaban en la venta con algún producto, pero lo que realmente se buscaba en el fondo era que la gente pudiera comprar y así conseguir su cama individual o matrimonial como regalo de fin de año.

 

Y como idea final entre lo escrito, no se me olvida la gran impresión que tuve en ver por esos años a gente del Táchira y del interior del país ir hasta la carrera 9 y preguntar por la iglesia San José. Personas como turistas que llegaban y se paraban en frente de la iglesia o en diagonal y empezaban a tomar fotos. Fotografías con sus celulares o sacaban cámaras profesionales mientras admiraban fascinados su arquitectura. No sé si en la actualidad todavía pasa eso, pero en ese momento me di cuenta lo importante que es la iglesia, no solo para los tachirenses sino para el país. Ya empezó el mes de diciembre.  Actualmente por mis ocupaciones sigo pasando por las calles de la carrera 9. Los tiempos cambian; sin embargo, igual la gente sigue trabajando, buscando el pan, mientras suena la gaita y hablan del Mundial de Qatar.

 

*Lic. Comunicación Social

*Presidente de la Fundación Museo de Artes Visuales y del Espacio

*Locutor de La Nación Radio

 

 

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