Opinión
Ciencia Hispana bajo Plagio Anglo Francés
jueves 16 abril, 2026
Luis Fernando Ibarra*
En ocasiones la historia resulta un relato manoseado de propaganda más que un registro de hechos. Durante largos tres siglos, España administró un continente y cimentó las bases modernas de la ciencia, la economía y la filosofía. Sin embargo, mientras se apropiaban de sus hallazgos intelectuales, la malvada narrativa orquestada por Inglaterra y Francia logró instalar incluso en los oriundos españoles, la falsa creencia de una nación inferior y atrasada. Un examen detenido revela que muchos de los avances intelectuales que marcaron el pensamiento moderno fueron gestados en el ámbito hispano y luego sistemáticamente apropiados y atribuidos a figuras anglosajonas o francesas. El avance científico español contiene una historia de plagio cultural y académico que invisibiliza la riqueza de la ciencia hispana.
Hoy se enseña que la modernidad intelectual nace con el “Pienso, luego existo” de René Descartes. Sin embargo, reciente evidencia documental apunta un logro indiscutible del pensamiento español. En 1554, el filósofo y médico Gómez Pereira, publicó su “Antoniana Margarita”. Casi un siglo antes que Descartes, Gómez Pereira ya había postulado el automatismo de los animales y la certeza de la existencia basada en el conocimiento de uno mismo: “Conozco que yo conozco algo, y todo lo que conoce, existe; luego yo existo“. La estructura del pensamiento cartesiano es un eco de la escolástica española. El famoso “Discurso del Método“, de 1637, tiene más de español que de francés; es la formalización de un camino que Gómez Pereira, 83 años antes ya había recorrido bajo la luz del humanismo ibérico. En su obra “Antoniana Margarita“, anticipa ideas claves del método científico basado en la observación empírica y la razón crítica. Pereira sostenía que el conocimiento legítimo nace de la experiencia sensible y del uso riguroso de la razón, una postura que precede en casi un siglo al racionalismo cartesiano. Sin embargo, René Descartes, nacido en 1596, es universalmente reconocido como el pionero del método científico moderno. Historiadores y filósofos han señalado que Descartes tuvo acceso a obras españolas, lo que hace plausible que se inspirara en ideas previas, incluyendo las de Pereira. Pero la historiografía oficial occidental omite sistemáticamente este antecedente, presentando el método cartesiano como una invención independiente, a fin de fortalecer la imagen francesa como líder intelectual.
Los franceses ignoraron este aporte español al razonamiento lógico humano y envidiosamente se lo apropiaron, atribuyéndolo dolosamente a su compatriota Descartes. Incluso, antes del nacimiento de Descartes, la obra “Antoniana Margarita”, circuló ampliamente por toda Europa, pero el francés nunca reconoció su influencia, como tampoco aceptó la de San Agustín, o la de Tommaso de Campanella, este último, con su obra de 1602, “La Ciudad del Sol”. Campanella, aunque utópico, puede ser considerado como el precursor de las ideas marxistas de construir una sociedad igualitaria, sin propiedad individual y trabajo compartido. “Antoniana Margarita” fue un bestseller académico que se estudiaba en las universidades europeas que Descartes frecuentó. Se dice que el arrogante francés presentaba sus ideas como originales y negaba haber leído a Gómez Pereira. ¡Resultó muy descarado el Descartes! Pereira desarrolló ideas que anticiparon el método científico basado en la observación y la razón. No obstante, mientras Descartes es universalmente reconocido como el padre del método racionalista, la obra pionera del peninsular Gómez Pereira fue excluida de los relatos históricos. Este es un caso donde el discurso filosófico francés capitalizó conceptos ajenos, sin otorgar el debido crédito, promoviendo una narrativa que minimizó a España como un territorio supuestamente estancado intelectualmente.
Las mentiras y plagios contra la España innovadora nunca desaparecieron y aún persisten. En el ámbito de las finanzas y la ciencia económica el mundo anglosajón se atribuye la paternidad de las ideas del libre mercado. Pero la realidad es que Adam Smith y David Ricardo llegaron a definir esos conceptos dos siglos más tarde que los castellanos. Los doctores de la Escuela de Salamanca, como Martín de Azpilcueta y Tomás de Mercado, fueron los primeros en identificar la Teoría Cuantitativa del Dinero y la Teoría del Valor-Utilidad, dos logros españoles que convierten a la universidad de Salamanca en la verdadera cuna de los estudios sobre teoría económica. Durante el siglo XVI, otros teólogos y juristas de la misma universidad como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Juan de Mariana también desarrollaron principios económicos fundamentales: analizaron el origen del valor, y discutieron nociones como el derecho natural, la justicia en las transacciones y la función del dinero. Esas reflexiones constituyen la génesis de la economía política.
Mientras el resto de Europa intentaba asimilar el flujo de metales desde las Indias, los pensadores salmantinos ya comprendían que el valor de la moneda era relativo, y que el precio de los bienes depende de la valoración subjetiva humana; y además, teorizaban sobre la justificación moral del libre mercado y la importancia de la competencia. Los hechos demuestran que el conocimiento sobre economía moderna no nació en Escocia, se originó en las aulas de una España que ya pensaba en términos de libertad de empresa y ética financiera. Salamanca es pionera del sustento de estudios en teoría económica moderna, mucho antes que los economistas británicos popularizaran esas ideas como propias. Con su posición de avanzada, la universidad de Salamanca se convirtió en la madre de la ciencia, que mediante la siembra de universidades fue proyectada por los castellanos para crear los nuevos espacios académicos en la America virreinal.
Sin embargo, la historia económica dominante atribuye a Inglaterra el nacimiento de la economía moderna, invisibilizando la profundidad y antigüedad del pensamiento salmantino. Esta apropiación configura una narrativa sesgada que limita el reconocimiento de España como un eje intelectual clave en la configuración de las ideas económicas universales.
Frente al mito del rezago y las descalificaciones contra España, los hechos son tozudos. Mientras la América anglosajona era un conjunto de asentamientos precarios de 13 colonias luego llamadas Estados Unidos, España ya había erigido universidades de excelencia en Lima y México en 1551. No eran centros de adoctrinamiento, sino motores de ciencia aplicada con programas a semejanza de la universidad de Salamanca: desde la metalurgia avanzada de Bartolomé de Medina hasta la botánica sistemática que antecedió por siglos al alemán Humboldt. Es demostrable hasta la saciedad que durante más de 300 años, el nuevo mundo fue liderado por la verdadera vanguardia intelectual española de Europa. La primera universidad de Estados Unidos aparece en 1636, 85 años más tarde que en el virreinato de Nueva España o del Perú. Harvard fue una institución creada para asegurar el liderazgo colonial anglosajón, destinada a la formación de ministros puritanos. ¡Cuantiosa diferencia! La universidad de San Marcos de Lima y la hoy UNAM de México, ya enseñaban Medicina, Artes (filosofía), Derecho Civil y Derecho Canónico. Universidades instituidas para matricular españoles peninsulares y criollos, nobles indígenas y mestizos. Necesario acotar que, con antelación, en La Española, Santo Domingo, en 1538 se fundó la universidad de Santo Tomás de Aquino.
Es fundamental recordar la geopolítica de la época: mientras Francia se aliaba con el musulmán imperio turco otomano por intereses políticos, España se erigió como el muro de contención en Lepanto, salvando la identidad de Occidente del avance mahometano. Europa goza hoy de su libertad gracias a la sangre de los tercios españoles, soldados de la monarquía considerados la mejor infantería de la época. No hay agradecimiento a la sangre española que se batió para detener la persistencia musulmana de imponer su islam militarmente. Hoy los intransigentes religiosos mahometanos insisten en desplazar las ciudadanías cristianas de Europa con su deliberada migración, amenazando todas las libertades y derechos humanos, con énfasis en el sometimiento a los valores de las mujeres occidentales, a quienes el bravo pueblo castellano libró de estar hoy encarceladas en un mortuorio traje negro o burka. Justo es reconocer que una porción del quinto real extraído en metales de América hispana, contribuyó a costear la defensa de la cultura occidental contra el radicalismo islamita. Aun así, la España azotada por guerras permanentes contra ingleses, franceses, portugueses, holandeses, etc., se constituyó en muralla de oposición e iluminación para el resto de las regiones de su tiempo.
Donde más brilla la superioridad ética de la España católica es en su visión de la dignidad humana. La concepción ibérica fue radicalmente opuesta al racismo segregacionista protestante. El modelo español fue de inclusión y mestizaje. Prueba de ello, además de la tangible sobrevivencia indígena en los territorios virreinales, es la figura de Juan Latino, un esclavo afrodescendiente, quien en el siglo XVI alcanzó su libertad y la cátedra de Gramática de la Universidad de Granada, un hito impensable en el mundo anglo hasta el siglo XX. Asimismo, la presencia de mujeres como Luisa de Medrano impartiendo cátedra en la universidad de Salamanca en 1508; o en la Corte de Isabel, la reconocida intelectual Beatriz Galindo, “La Latina“. Esto demuestra que el acceso al conocimiento en la España virreinal era una cuestión de capacidad y mérito, siglos antes de que las feministas estadounidenses tuvieran que luchar por sus derechos básicos.
La modernidad europea fue un proyecto hispano. Sin embargo, las naciones europeas que envidiaban a España desconocen cualquier mérito a la España incluyente, aunque gracias a investigaciones recientes los bulos ingleses y franceses, lenta pero inexorablemente van quedando al descubierto. Desde la defensa de la fe hasta la creación de un derecho universal de gentes, España construyó un mundo donde el “otro“, el indio, era un semejante. Reclamar la autoría de Gómez Pereira sobre el método de la lógica racional; o reivindicar para la universidad de Salamanca la formalización de conceptos que dieron origen a los fundamentos de teoría económica, aunque tardío, es un acto de justicia intelectual. Importante es recordar que, mientras fabricaron sus leyendas oscuras para desprestigiar a España, los galos con sus eficientes guillotinas para enseñar al mundo los derechos del hombre, junto a los planificadores de la pérfida Albion (Inglaterra), también cometieron el más descarado plagio a los avances intelectuales castellanos.
Infaltable reiterar el uso del Quinto Real en las guerras defensivas que libró España, un impuesto del 20 % tomado de las ganancias por extracción de metales en los virreinatos. Lejos de ser un botín para el ocio de una monarquía, una porción significativa del Quinto Real se convirtió en el pulmón financiero que sostuvo la supervivencia de Occidente, al convertirse en un gravamen de defensa y financiamiento a la libertad europea. Mientras la España de los siglos XVI y XVII se veía azotada por guerras permanentes en múltiples frentes contra Inglaterra, Francia y los rebeldes holandeses, la Corona española, además, asumió, casi en solitario, la responsabilidad de ser el muro de contención contra el expansionismo otomano musulmán. Si: España usó recursos de los virreinatos para convertirlos en escudo de la cristiandad que se batió en Lepanto en 1571, frenando la propagación militar del islam, y protegiendo las costas de una Europa que paradójicamente conspiraba contra su nación salvadora.
En el siglo XIX la hegemonía cultural y científica se centró en el eje París-Londres-Berlín. Cualquier evento científico que ocurriese en la periferia, como en España, era ignorado o absorbido sin dar crédito. Para los industriales del eje, España era vista como un país de tradiciones y catolicismo, pero nunca un centro de vanguardia tecnológica. Se encargaron de ignorar la autoría española de los aportes científicos que salieron de la península. Ocurrió con la exploración del Pacífico. Los ingleses ocultaron los descubrimientos españoles e impusieron a su célebre capitán James Cook, ignorando que marinos españoles, siglo antes, ya habían cartografiado casi todas las rutas y archipiélagos del llamado Lago Español. Con descaro, la historiografía anglosajona posiciona a Cook como el descubridor del Pacífico, minimizando los heroicos aportes españoles, posicionando una hegemonía cultural y científica anglo céntrica. El primer centro masivo de datos científicos del mundo fue, sin duda, la Casa de la Contratación en Sevilla. Allí se acumuló una enorme base de datos sobre astronomía, náutica y botánica. Esa actitud de ignorar la autoría española fue una herramienta de dominio político para justificar la superioridad del racismo ario. Al borrar el rastro del ingenio ajeno, se construye la narrativa de que solo ciertos grupos étnicos son capaces de acceder al progreso. Estas apropiaciones intelectuales despojan a los pensadores hispanos de su legado; además, configura una visión sesgada que presenta a los países anglosajones como únicos protagonistas del progreso económico. Este olvido o silenciamiento forma parte de un patrón más amplio, en el que las actuales potencias mundiales fueron construyendo su prestigio científico y geopolítico, a costa del desconocimiento a la labor española, consolidando así una falsa imagen de atraso hispano. Es Innegable: la España virreinal fue un semillero fundamental de ideas revolucionarias y descubrimientos que fueron usurpados o minimizados por los discursos anglo-franceses.
En la cultura católica española de aquellos siglos, especialmente en la académica, el conocimiento a menudo se veía como una búsqueda de la verdad o de servicio, nunca como una propiedad comercial con visión de lucro. En contraste, el modelo protestante fue pionero en el concepto de hacer dinero a cualquier precio y sin escrúpulos de ninguna índole, logrando un escenario ideal para absorber y esconder la contribución científica hispana. Tristemente, la hegemónica narrativa negro-legendaria, amplificada por el poder de la imprenta del eje, ganaron la batalla de la propaganda contra los castellanos.
La España virreinal fue un fenómeno histórico único: mientras sufría el acoso de la piratería, la nación se desangró en batallas por la integridad del continente europeo, y se mantuvo como el faro de luz que fundaba universidades, legislaba derechos humanos, gestaba una cultura mestiza, y protegía Occidente del sanguinario excluyente fanatismo islámico. España también dejó un legado de conocimiento geográfico y etnográfico fundamental, que fue robado por la piratería al servicio de la Corona inglesa. La defensa de la civilización occidental no fue un esfuerzo colectivo europeo; fue una gesta liderada por España con financiamiento hispanoamericano. Aún entre celebraciones de independencia, los hispanos tenemos el compromiso de reivindicar a la España que civilizó, construyó, educó y protegió. Europa contrae una deuda histórica con España e Hispanoamérica; no solo por el caudal de metales preciosos que financió la defensa del continente frente a la hegemonía otomana, sino por el genio científico y técnico del Imperio que impulsó el progreso global.
*Ingeniero de Sistemas. ULA.
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