Opinión
Colombia, con recelo, busca socios comerciales y nichos de mercado en Venezuela
domingo 17 mayo, 2026
El sector privado colombiano tiene por delante el reto de reconstruir una confianza perdida en casi tres décadas, identificando oportunidades y socios para este ciclo comercial. Los tachirenses estamos llamados a cumplir ese rol.
Alans Peralta Mora *
Después de años de justificada desconfianza, el tejido empresarial colombiano vuelve a explorar la posibilidad de hacer negocios masivos en Venezuela, lo que pudiera incluir inversiones en infraestructura y capital con socios venezolanos; pero para ello necesita tres elementos claves: identificación de socios confiables, seguridad jurídica y la infraestructura mínima que soporte el intercambio comercial que se aspira.
La relación comercial entre ambos países es inevitable. Comparten más de 2.000 kilómetros de frontera y viven como un hecho cotidiano el intercambio comercial entre sus habitantes a pequeña o mediana escala.
Pero este intercambio es también historia: desde los tiempos de las rutas comerciales indígenas descritas por el cronista Juan de Castellanos en sus Elegías de varones ilustres de Indias (1589), pasando por las actas de la Gobernación de Venezuela y la Audiencia de Santa Fe de Bogotá entre 1550 y 1560, que documentan el intercambio de ganado, textiles y productos agrícolas entre ambas regiones territoriales.
De hecho, la fundación de San Cristóbal, en 1561, y de Cúcuta, en 1733, responden al crecimiento y la necesidad de controlar y formalizar este comercio. Siempre ha existido la vocación de intercambio y comercio entre nuestros territorios.
Sin embargo, la esencia del comercio moderno es la confianza como activo intangible (la reputación) y la premisa del beneficio mutuo, lo que permitiría la construcción de negocios de beneficio compartido entre las partes involucradas. El problema es que entre Colombia y Venezuela, en los últimos años, la confianza fue destruida y hoy resulta un trabajo de orfebre la reconstrucción de los nexos entre empresarios de ambos países. Es como una pareja y la infidelidad: cada paso requiere una constante verificación.
¡Hola socio!
El mejor momento del comercio binacional fue el año 2008, cuando el intercambio alcanzó los 7.200 millones de dólares (de los cuales Colombia exportó 6.000 millones, convirtiendo a Venezuela en su segundo socio comercial después de Estados Unidos). El peor momento de los últimos 26 años llegó en 2020, cuando el comercio entre ambos países fue de 222 millones de dólares (Colombia exportó 196 millones de dólares).
A pesar de la tendencia de recuperación reciente (comercio binacional de 1.170 millones de dólares en 2025, de los cuales las exportaciones colombianas representaron 1.072 millones de dólares), Colombia, en los últimos 26 años, siempre ha tenido una balanza comercial favorable y lo sigue siendo a pesar de las expropiaciones, el régimen cambiario, las deudas comerciales impagas y los cierres fronterizos.
Venezuela es un mercado de consumo lo suficientemente apetecible para el empresario colombiano, pero siguen sin resolverse los aspectos que lo ubican como un destino de riesgo para la inversión.
Además de políticas favorables al intercambio, el restablecimiento de las cadenas logísticas adecuadas, seguridad jurídica y financiamiento de soporte, el sector privado colombiano necesita reconocer y confiar en el socio que se sienta al frente en la mesa, tanto para importar como para exportar.
Los antiguos interlocutores han cambiado y se necesita activar los nuevos enlaces. En este momento el empresariado colombiano ve con emoción, pero con un sesgo de desconfianza, la situación del país venezolano, y tiene claras razones para ello: el incumplimiento contractual, los controles cambiarios (que generaron una deuda comercial impaga), el cierre de fronteras, la hiperinflación y las rupturas diplomáticas.
La perspectiva fronteriza
Los habitantes de la frontera hemos vivido intensamente este proceso. Incluso en los momentos más duros del cierre fronterizo, el comercio binacional entre Táchira y Norte de Santander no se cerró completamente, ya que siempre se encontraron posibilidades para el intercambio: trochas, contrabando, hormigueo, etc.
El intercambio comercial es una necesidad para ambos lados de la frontera, y los hechos demuestran no solamente que nuestras sociedades se encuentran íntimamente relacionadas y son corresponsables de su futuro, sino también que tachirenses y nortesantandereanos somos los llamados a crear mecanismos y soluciones creativas frente a la nueva realidad venezolana y su impacto en la región.
Ante estos hechos, el tejido empresarial tachirense tiene oportunidades claras. El reto es pasar de ser meros espectadores reactivos a la construcción de una estrategia comercial de desarrollo propia y acelerada. La crisis ha sido una gran maestra: ha agudizado el ingenio, la identificación de nichos de mercado, la resiliencia y la valoración de riesgos.
Somos los socios naturales y confiables de Colombia, y eso debemos mostrarlo. Nuestro empresariado conoce bien el mercado colombiano, sus necesidades, demandas y particularidades. Esa es una ventaja que no tienen los empresarios del centro del país.
Ante una balanza comercial negativa con Colombia, el Táchira tiene mucho que ofrecer al mercado del país vecino. Por ejemplo: el sector lácteo y sus derivados, la horticultura y los frutales son oportunidades para crecer en un mercado que ya consume, de manera informal, estos productos. No hay necesidad de grandes inversiones y son sectores tradicionales de producción ante un mercado como el nortesantandereano, con déficits estacionales que pueden ser atendidos por la capacidad tachirense.
Lo que se necesita es una estrategia comercial única —calidad, certificación y complementariedad— que permita abrir estas oportunidades. Lo mismo ocurre con el café, a través del café de especialidad, acompañado de un modelo de integración productiva transfronteriza: con la producción en un lado, el procesamiento en el otro y la distribución compartida. Eso sería verdaderamente innovador en esta frontera.
El momento es de oportunidad. Colombia busca socios con condiciones; los tachirenses somos los socios ideales. Se requiere un tejido empresarial dispuesto, innovador, con pensamiento estratégico, proyecto común y capacidad de romper paradigmas.
Periodista y mercadólogo *












