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Inicio/Opinión/¿Cómo trascender la crisis multidimensional del rentismo en Venezuela?

Opinión
¿Cómo trascender la crisis multidimensional del rentismo en Venezuela?

domingo 21 junio, 2026

¿Cómo trascender la crisis multidimensional del rentismo en Venezuela?

Pedro Morales

El rentismo en Venezuela constituye un fenómeno sistémico multicausal determinado por la convergencia de factores históricos de subordinación geopolítica, distorsiones estructurales de monoproducción extractivista y un entramado cultural-axiológico que reconfiguró las dimensiones cognitivas y espirituales de la sociedad. Para comprender esta realidad con rigor analítico, es imperativo desglosar este entramado a través de categorías analíticas precisas, integrando las visiones macroeconómicas con las tesis fundamentales del pensamiento crítico venezolano, resumidas en la célebre e impostergable máxima: «sembrar el petróleo».

Es preciso aclarar que, si bien esta icónica expresión fue popularizada por Arturo Uslar Pietri en su famoso editorial del diario Ahora el 14 de julio de 1936, la coautoría intelectual y filosófica de esta tesis debe reconocerse en el ilustre economista merideño Alberto Adriani, quien desde años antes ya propagaba con determinación la urgencia de transformar la riqueza minera transitoria en progreso permanente y reversión agraria.

A continuación, se presenta un análisis sistemático fundamentado en los tres factores determinantes:

1. El factor histórico y la génesis exógena: el patrón de la subordinación colonial

El devenir histórico de Venezuela no puede desligarse de su inserción originaria en el sistema-mundo como una periferia proveedora de recursos para las metrópolis imperiales.

  • Intereses geopolíticos globales: desde el proceso de conquista y colonización por parte del Imperio español, el territorio venezolano fue articulado en función de las dinámicas de acumulación originaria de capital europeas. La institucionalidad colonial no se diseñó para fundar una economía endógena sostenible, sino para maximizar la transferencia de valor hacia el exterior.
  • El paradigma del mercantilismo: durante la conquista y la colonia, el pensamiento económico dominante fue el mercantilismo. Este modelo regía la política imperial bajo la premisa de que la riqueza de una nación dependía de la acumulación de metales preciosos y del mantenimiento de una balanza comercial favorable mediante el estricto monopolio de la metrópoli sobre sus colonias. Venezuela, inicialmente desprovista de grandes yacimientos auríferos, fue forzada a encajar en este esquema mediante la explotación de la tierra, convirtiéndose en una provincia periférica proveedora de materias primas valiosas.
  • La transición al liberalismo clásico en la independencia: el proceso de emancipación a principios del siglo XIX coincidió con el auge global del liberalismo clásico (la fisiocracia y las tesis de Adam Smith). Los líderes independentistas buscaron romper el monopolio colonial mercantilista para abrazar el libre comercio, la propiedad privada y la inserción directa en el mercado internacional, especialmente con Gran Bretaña. Sin embargo, en el transcurrir de la Venezuela decimonónica, este pensamiento liberal se tradujo en la práctica en un modelo agroexportador vulnerable que perpetuó la dependencia de los mercados financieros internacionales.
  • Continuidad del patrón extractivo: tras la independencia, la ruptura política no implicó una emancipación económica. Las potencias imperialistas hegemónicas del siglo XIX y XX (como Gran Bretaña y, posteriormente, Estados Unidos) mantuvieron a la nación bajo el paradigma de la dependencia centro-periferia, adaptando la producción local a los requerimientos de la división internacional del trabajo.

2. El factor estructural: la matriz del Estado distribuidor y la monoproducción

El paso de una economía agraria a una minero-extractiva generó una fractura orgánica en la arquitectura económica del país. Antes de 1920, Venezuela poseía una economía rural basada en el café y el cacao que, aunque modesta, era orgánica y sana porque vivía del esfuerzo directo de sus ciudadanos. La irrupción del hidrocarburo barrió con esta estructura.

  • La raíz agrícola de la monoproducción: es fundamental precisar que el fenómeno del patrón monoproductor, monoexportador y consumista no fue exclusivo de la era del hidrocarburo. Este modelo ya se hacía presente de forma crítica durante la etapa agrícola venezolana, dado que la estructura de producción obedecía estrictamente a los intereses geopolíticos y geoeconómicos de las potencias internacionales, las cuales demandaban exclusivamente rubros específicos como el café y el cacao. En consecuencia, la economía nacional no experimentó una diversificación en términos agrícolas, limitando la seguridad alimentaria interna y preconfigurando la vulnerabilidad macroeconómica del país antes de la aparición del petróleo.

Aquí cobra vigencia crucial el pensamiento de Alberto Adriani, quien afirmaba categóricamente que la verdadera salvación económica de la nación dependía de la modernización y diversificación de la economía agrícola y pecuaria. Adriani advertía que el auge petrolero podría destruir el aparato productivo tradicional si no se implementaban políticas científicas destinadas a enriquecer el campo, promover la ganadería eficiente, industrializar los procesos rurales y fomentar la asociación cooperativa de los productores. Para el ilustre economista, la tierra y el trabajo humano eran las únicas fuentes genuinas y duraderas de riqueza nacional reproductiva.

  • Dinámica de precios y la transición energética: la transición estructural de la economía agrícola a la petrolera encuentra su raíz en la naturaleza de los mercados globales de bienes primarios. La economía agroexportadora tradicional estaba sujeta a una alta volatilidad de precios internacionales, lo que generaba ganancias variables e inestables para la nación. Por el contrario, el petróleo emergió como la energía fundamental que mueve al mundo industrializado, representando un flujo de riqueza colosal y un negocio de altísimo lucro para las potencias hegemónicas. Esto aceleró la sustitución del modelo agrario por el minero-extractivo, atando el destino nacional a un recurso de valor estratégico global y de rendimiento financiero concentrado.
  • El bloqueo de 1902-1903 como punto de inflexión y la hegemonía estadounidense: un hito histórico-estructural indispensable para comprender la fragilidad de esta economía agroexportadora pre petrolera fue el bloqueo naval que sufrió Venezuela a inicios del siglo XX (diciembre de 1902 a febrero de 1903) por parte de las armadas del Imperio británico, el Imperio alemán y el Reino de Italia. Este acontecimiento representó un drástico punto de inflexión que evidenció la extrema vulnerabilidad de una nación asfixiada financieramente por las deudas externas, cuya soberanía e ingresos dependían enteramente de un circuito comercial controlado exógenamente.

Detrás de la resolución de este conflicto se consolidó la figura de Estados Unidos como la potencia dominante en la región. Invocando la doctrina Monroe y mediante los Protocolos de Washington, la diplomacia estadounidense no solo intermedió el levantamiento del cerco, sino que determinó las reglas de juego políticas y financieras que facilitaron su posterior ingreso masivo y dominación absoluta en el territorio venezolano, posicionándose como el principal receptor y administrador fáctico de la inminente riqueza petrolera.

  • El capitalismo corporativo y el keynesianismo de Estado en la aparición del petróleo: con la consolidación de la explotación petrolera en la primera mitad del siglo XX, el pensamiento económico rector mutó hacia un capitalismo corporativo transnacional coordinado con un capitalismo de Estado de corte keynesiano. La teoría económica de la época justificaba la intervención centralizada del Estado como el gran planificador y dinamizador de la economía nacional a través del gasto público masivo, alimentado por las regalías de las corporaciones extranjeras. El Estado asumió el rol de motor del desarrollo y principal empleador, consolidando el circuito rentista.
  • El debate contemporáneo en la actualidad: en el siglo XXI, el pensamiento económico rector en Venezuela se ha caracterizado por una profunda tensión dialéctica. Por un lado, se implementó un modelo de estatismo hipercentralizado y neorrentista (asociado a tesis del socialismo de Estado), que buscó el control de los medios de producción y la distribución directa de la renta para la inclusión social. No obstante, ante el agotamiento del modelo y el cerco financiero, la actualidad nacional muestra un viraje fáctico hacia el neoliberalismo pragmático o capitalismo de sustitución, caracterizado por la desregulación de precios, la dolarización de facto y la apertura a capitales privados locales e internacionales como mecanismos de supervivencia económica frente a la contracción del flujo petrolero.
  • La ilusión del progreso sin esfuerzo: con el advenimiento de la explotación petrolera a gran escala, el nexo entre el trabajo productivo y la generación de riqueza se disolvió. La riqueza pasó a ser percibida como un don geológico extraído por corporaciones extranjeras, cuyas regalías e impuestos nutrieron directamente las arcas fiscales.
  • El modelo del Estado distribuidor y la urgencia de siembra: el Estado venezolano se transformó aceleradamente en un ente hipertrofiado, un «Estado rico en medio de un país pobre», cuyo rol mutó hacia la distribución discrecional de la renta. Frente a esto, la advertencia económica fundamental ha sido la necesidad imperativa de «sembrar el petróleo»: utilizar una riqueza efímera y de origen exógeno para financiar el desarrollo industrial, agrícola y educativo del país. Al ignorarse históricamente esta premisa, se consolidó:
    • Una monoproducción y monoexportación absoluta que asfixió el aparato productivo interno (fenómeno conocido en la literatura económica como la enfermedad holandesa).
    • Un patrón consumista y de alta dependencia externa, donde el tejido social abandonó el campo para concentrarse en las urbes bajo el amparo del subsidio estatal, volviendo a la economía nacional críticamente vulnerable a las fluctuaciones internacionales.

3. El factor cultural, axiológico y emotivo-cognitivo: el andamiaje de la mentalidad rentista

El impacto más profundo y complejo del modelo minero-extractivo no se evidencia en las variables macroeconómicas, sino en la colonización sutil de las esferas subjetivas e intersubjetivas de la población, afectando la totalidad de las dimensiones del ser (física, vital, emotiva, cognitiva, alma y espíritu).

  • Dimensión cognitiva y de creencias: el ingreso masivo de petrodólares inoculó la ilusión de la riqueza fácil y el providencialismo estatal. Se instauró en el imaginario colectivo la creencia de que el bienestar no es la consecuencia del trabajo creador ni de la disciplina organizativa, sino del derecho a participar en el reparto de la riqueza del subsuelo.
  • Dimensión axiológica y emotiva: los valores asociados a la productividad, el ahorro y la previsión fueron sustituidos por una ética del consumo inmediato, el estatus y el clientelismo. La afectividad colectiva quedó signada por una oscilación entre la euforia de las bonanzas rentistas y la profunda frustración o angustia vital durante las crisis de precios, erosionando la resiliencia espiritual del tejido social.
  • El impacto geocultural: las potencias hegemónicas no solo extrajeron la materia prima, sino que exportaron sus patrones culturales de consumo masivo a través de la industria cultural. Ello generó una alienación espiritual donde lo propio se desvalorizó frente a lo importado, consolidando un vaciamiento identitario que facilitó la perpetuación de la dominación geoeconómica.

Epílogo y rectificación histórica: la siembra como destino

El diagnóstico riguroso del rentismo venezolano demuestra que la superación de esta condición exige mucho más que reformas técnicas o fiscales superficiales. Como se extrae de las reflexiones críticas de nuestra historia económica, para salvar la vulnerabilidad estructural del país es indispensable desmontar el esquema de la mentalidad extractivista.

La célebre consigna de «sembrar el petróleo» —concebida bajo el respaldo precursor de Alberto Adriani y expresada con vehemencia editorial por Arturo Uslar Pietri— no debe entenderse simplemente como una inversión de capitales en sectores económicos secundarios, sino como una transmutación axiológica: convertir el recurso natural no renovable en talento humano, infraestructura, ciencia y soberanía alimentaria. Solo a través de esta siembra integral se podrá generar una economía independiente y sana que pueda sostener a la nación con prosperidad cuando el recurso pierda su hegemonía global, devolviendo al trabajo productivo su rol como verdadero motor del destino nacional.

Al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará

Nota institucional sobre la autoría y contexto: La imagen que acompaña y complementa el registro de este pensamiento académico hace alusión directa a la participación del autor (en el rol de presidente de Apunet) en la sesión especial de la Asamblea Nacional en el Palacio Federal Legislativo, celebrada en enero de 2016, espacio institucional donde se presentó formalmente y se expuso la temática de la crisis estructural aquí analizada.

Referencias bibliográficas en:

https://www.instagram.com/p/DZxP19CEYw1/  

Economista (ULA). Profesor Titular de la ULA y la UNET. Expresidente de Apunet. Misión eucarística para la liberación espiritual: Salve María Auxiliadora – «Economía de la salvación y de la felicidad verdadera».  Correo: [email protected]

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