Opinión
¿Crucificamos a Jesús hoy nuevamente?
sábado 28 marzo, 2026
Carlos Casanova Leal
En el umbral de la Semana Santa 2026, tiempo de reflexión, no solo para contemplar un hecho histórico, sino un misterio que se actualiza en nuestra realidad social y política, la crucifixión no fue un accidente fortuito, fue el resultado de un engranaje institucional y ciudadano que dolorosamente resuena en nuestra conducta actual.
Jesús fue víctima de una estructura legal que priorizó la paz romana sobre la verdad, Poncio Pilato fue un funcionario como los que hoy tenemos, hizo la voluntad de los corruptos del Templo que, conociendo la inocencia de Jesús, prefirió lavarse las manos para evitar un conflicto político; ahí desvían sus valores y entregan su ética funcionarial por una conveniencia personal con el sistema imperante.
De qué hablamos hoy, la crucifixión actual es el aplastamiento del derecho legítimo para favorecer al sistema imperante como en aquellos tiempos ¿Cuántos funcionarios siguen actuando como Pilato? Y lo reviven cuando deciden dañar al bien común atropellando al ciudadano, cuando sabiendo que no se es culpable se voltea para el otro lado lavándose las manos, creyendo que se lavan la cara.
Pero no hay crucifixión sin un pueblo que prefiere a Barrabás como en aquellos tiempos, la solución rápida, el menor esfuerzo, el dinero sin trabajo, el contacto de corrupción, el privilegio, esa parte de conducta ciudadana que busca beneficio propio, la viveza mal llamada criolla, la conducta ciudadana que desforesta, depreda el ambiente y la vida del que tiene la razón ante la ley con la venia crematística del funcionario, es un clavo en las manos de Jesús nuevamente. El 90 % del pueblo quiere cambio, justicia, verdad, pero la respuesta es deshumana. Los clavos hoy se encuentran en cada decisión de un funcionario que no le hace justicia al ciudadano. A Pilato lo tenemos aquí, en la estructura del Estado.
Ahora bien, los invito a ser actores de la teología de la responsabilidad abandonando la posición de observadores del rito. Hoy debemos aceptar que causas de la crucifixión son la corrupción, el sistema de indiferencia de los funcionarios, el mantenimiento de políticas que empobrecen al ciudadano.
Redimir a Jesús es un acto litúrgico, pero también es un acto de justicia restaurativa; no podemos ser cómplices de lo espurio, redimimos la verdad cuando nos negamos a aceptar como normal que un derecho nazca del soborno, o de decisiones judiciales que quieren justificar al funcionario del Estado; la objeción de conciencia civil es una acción que redime a Jesús.
Al Pilato actual que mira para el otro lado, que recibe y luego se lava las manos, es al que hay que poner a rendir cuentas de sus actos para llevarlo al compromiso con el bien común y la justicia verdadera; por ello la ley de rendición de cuentas de los funcionarios acabará con los Pilato de la administración pública.
Jesús fue implacable contra la hipocresía, contra aquellos que se arropan de las formas, pero traicionan el espíritu de justicia, Jesús enseña amor al prójimo, esto en derecho es el respeto a los derechos colectivos y difusos, amor al prójimo es asegurar que los hijos de tus vecinos tengan agua limpia, Jesús enseñó en las montañas al ciudadano cuidar la creación, la naturaleza, hoy desbastada por los Pilato modernos.
Jesús cuestionó a aquellos que dan el diezmo, pero van en contracorriente de la recta aplicación de la justicia y la ley, hoy la justicia social es la transparencia, la justicia es la forma más alta de la caridad. Jesús expulsó a los mercaderes del templo, para los republicanos y demócratas las instituciones del Estado son los templos de la convivencia, de la actuación funcionarial depende que se deje entrar a los mercaderes al templo.
Pero la Semana Santa termina con noticias transformadoras, la vida vence a la muerte, la luz disipa las sombras, para los venezolanos la resurrección adquiere dimensiones profundamente cívicas para construir la nueva vida institucional que camina en la restauración de nuestra dignidad de pueblo.
La promesa del resucitado es clara: “Yo hago nuevas todas las cosas”. Estamos en consecuencia obligados desde la palabra “compromiso” a construir una nueva Venezuela donde la justicia sea un bálsamo, donde el ciudadano camine con la frente en alto sabiendo que habita una tierra bendecida por su riqueza y por la rectitud de su espíritu.
Tenemos que vestirnos con ropas de esperanza, la voluntad de cada venezolano crece en la verdad.
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