martes 18 mayo, 2021
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Cuando esté viejo

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Pedro Alejandro Parra Fernández


Todos podemos equivocarnos; todos podemos caer algunas veces y creer que levantarnos es difícil después de haber recibido algunos golpes. A veces nos avergüenza haber caído, como si fuéramos seres perfectos, y, de pronto, algo nos hubiera derrotado. Pero, caer no es vergonzoso, siempre y cuando sepamos en qué nos equivocamos, siempre y cuando tengamos el deseo y el ánimo de levantarnos, continuar el camino y corregir aquellas cosas que no hemos hecho bien.

El día que esté viejo, ya no será lo mismo… ten paciencia y… compréndeme hijo cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide como atarme mis zapatos; recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las mismas cosas. Si cuando conversas conmigo, repito y repito la misma historia que saber de sobra como termina, no me interrumpas y escúchame; cuando eras pequeña para que te durmieras, tuve que contarte varias veces el mismo cuento, hasta que cerrabas tus ojitos.

Cuando estemos reunidos y sin querer me haga mis necesidades, no te avergüences de mí y, comprende que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas; piensa, cuántas veces cuando niño te ayudé y estuve pacientemente a tu lado a que terminaras lo que estabas haciendo; no me reproches porque no quiera bañarme, no me regañes por ello; recuerda los momentos en que te perseguí y las miles de cosas que inventaba para hacerte más agradable tu aseo.

Acéptame y perdóname, ya que yo soy el niño ahora. Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya yo no podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no lastimarme con tu sonrisa burlona; acuérdate que fui yo el que te enseñó tantas cosas: te enseñé a comer, vestir y tu educación para enfrentar la vida tan bien como lo haces ahora, esos son producto de mi esfuerzo y perseverancia contigo.

Cuando en algún momento mientras conversamos, me llegue a olvidar de qué estábamos hablando, dame todo el tiempo que sea necesario hasta que yo recuerde, y si no puedo hacerlo no te burles de mí, tal vez no era importante lo que hablaba y me conforme de que solo me escucharas en ese momento. Si alguna vez ya yo no quiera comer, no insistas, sé cuánto puedo y cuando no debo, también comprende que con el tiempo ya no tengo dientes para morder ni gusto para sentir.

Cuando me fallen mis piernas por estar cansadas para andar, dame una mano tierna para apoyarme como lo hice yo, cuando tú comenzaste a caminar con tus débiles piernitas. Por último, cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir, que solo quiero morir, no te enfades. Algún día entenderás que esto no tiene que ver con tu cariño o cuánto te ame. Trata de comprender que ya yo no vivo sino sobrevivo y eso hijo mío, eso, no es vivir. Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer, piensa entonces que con el paso que me adelanto a dar, estaré construyendo para ti otra ruta, en otro tiempo, pero, siempre contigo a tu lado.

No te sientas triste o impotente por verme como me ves; dame tu corazón, compréndeme y apóyame como lo hice cuando empezaste a vivir, de la misma manera como te he acompañado en tu sendero, te ruego me acompañes a terminar el mío.

Hoy, quiero hijo mío, que escuches mis consejos, mira que soy un viejo curtido del destino. Yo puedo ser tu espejo, porque ya me conozco de memoria el camino. Pues, muchas gracias ¡Padre!, y aquí vengo a tus plantas a pedirte que guíes con tu luz mi existencia; quiero ser algo grande como tú en el mañana; y, hoy acudo a tus canas teñidas de experiencia…

He querido escribir estos párrafos y publicarlos, ayudado por unos versos prestados,  por cuanto estoy notando cómo los valores se están perdiendo; cómo ha habido hijos que han acabado con la vida de su padre o madre porque no le han dado dinero para la droga, sin importarles el sacrificio que él o ella hicieron para llevarlo a esa edad. Ojalá que las cosas cambien en nuestro país, por cuanto si ello no acontece, no estaremos en condiciones de avanzar en una nueva etapa de libertad, respeto, solidaridad y amor al prójimo. ¡Que Dios nos ayude a conseguir el camino, pero, ayudémosle nosotros también para poder lograrlo!

 

 

 

 

 

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