martes 17 mayo, 2022
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Defensa de la mano y el bolígrafo

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Eduardo Marapacuto *

Recordemos que, la semana pasada, la mano y el bolígrafo fueron atrapados, juzgados y sentenciados por el gran Juez de la Palabra, por no respetar las normas elementales de la ortografía.  A pesar de que la sentencia del gran Juez de la Palabra fue sin derecho a fianza ni a pataleo, el bolígrafo y la mano protestaron el veredicto y la sentencia misma. Sin renunciar a su ignorancia, apelaron y pusieron de manifiesto varias razones por las que no consideraban ni pensaban respetar, en ninguna circunstancia, las reglas elementales de la ortografía. Así, sin ningún tipo de escrúpulos fueron construyendo sus argumentos de apelación y el discurso de defensa.

En primer lugar, manifestaron que gozaban de plena libertad para escribir lo que fuera y como fuera. Respecto al punto (.), manifestaron que les corta la inspiración, porque siempre quiere tener la última palabra y, además, le gustan las despedidas y a ellos no. Sobre la coma (,) dijeron que es una regalada y que no puede ver una palabra, porque de una se “encompincha” y se juntan con todo el mundo.

En segundo lugar, consideran a las comillas (“”) como muy sarcásticas, pues se creen que ellas, y nadie más que ellas, tienen memoria y talento y andan siempre “encomillando” lo que escribieron otros, haciendo quedar mal a la mano y al bolígrafo.  En relación a los signos de interrogación (¿?), dijeron que estos tienen dudas existenciales, y andan viendo la vida con el cristal de la interrogación. Todo lo interrogan, todo lo preguntan y esa no es la intención de la vida, sino que, más que preguntas, lo que se trata es vivir viviendo el mundo de las respuestas. De igual manera, en cuanto a los signos de exclamación (¡!), los califican como gritones y pareciera que se enfadan fácilmente.

En tercer lugar, al punto y coma (;) lo ven como dúo complicado en su forma de ser, siendo ignorados por las grandes mayorías. En la peor de las circunstancias, preferirían a la coma, pero tampoco, por ser del populacho. A los corchetes ([]) no les fue mejor, los ven como dos garfios, atrapando sardinas en los ríos de las palabras mojadas. Son signos del final de los tiempos y, para remate, tienen pocos amigos y nadie los quiere.

En cuarto lugar, y sin ningún tipo de reparo, arremeten contra los puntos suspensivos (…), diciendo que son unos corta notas, que van dejando todo a mitad de camino y para colmo de males, en el suspenso de los suspensos y en el silencio sepulcral de la gramática.  Del asterisco (*) dicen que es como un rey sin corona,  pisapasito, que siempre anda corrigiendo las “leves” faltas o “ligerezas” ortográficas de la sagrada y pulcra mano que empuña el bolígrafo.

Finalmente, respecto a los demás signos ortográficos, tales como la tilde (´), la diéresis (¨), el apóstrofo (‘), el guion (-) y la llave ({ }), los miran de lejitos por asomados, metiéndose en los párrafos sin que nadie los haya llamado.

Ahora bien, quien escribe esta historia no es abogado, sino politólogo; de allí que consulté a mi amigo Freddy Contreras, quien me dijo: Cuando una sentencia está apegada a los hechos y al derecho, no hay nada que reclamar. Sin embargo, siempre ocurre que el sentenciado o el que perdió apela y luego no explica ni argumenta nada porque no hay nada que reclamar; lo que se trata es de complicar el asunto y ganar tiempo. En el que caso que nos ocupa, el tribunal de alzada ratifica la sentencia, y la mano y el bolígrafo quedan condenados y obligados a pasar cuatro meses, con trece días y 5 horas, en los campos de la primaria. Cúmplase y hágase justicia. ¡Qué así sea!

 

*Politólogo, MSc. en Ciencias Políticas.

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