Skip to main content Skip to footer
  • Inicio
  • Política
  • Regional
  • Frontera
  • Nacional
  • Internacional
  • Opinión
  • Legales
  • Obituarios
  • Sucesos
  • Deportes
  • +Sec
    • Clasificados
    • Cosas del Mundo
    • Compilado Musical
    • Cultura
    • Economía
    • Farándula y Espectáculos
    • Flash
    • Infogeneral
    • Noche de Ronda
    • Reportajes y Especiales
    • Tecnología
    • Salud
    • Tachirenses en el mundo
    • Noche de Ronda
    • Obituarios
    • _________
Diario La Nación - Inicio

Buscar en Diario La Nación

La Nación RadioPublicidad
Set Of Black Circle Social Media Logos With New X logo-ai
Set Of Black Circle Social Media Logos With New X logo-ai
Set Of Black Circle Social Media Logos With New X logo-ai
Set Of Black Circle Social Media Logos With New X logo-ai
ImpresoMiniavisos
  • Inicio
  • Política
  • Regional
  • Frontera
  • Nacional
  • Internacional
  • Opinión
  • Legales
  • Obituarios
  • Sucesos
  • Deportes
  • + sec
    • Clasificados
    • Compilado Musiacal
    • Cosas del Mundo
    • Cultura
    • Economía
    • Farándula y espectáculos
    • Infogeneral
    • Marcas y negocios
    • Noche de Ronda
    • Reportajes y Especiales
    • Salud
    • Tachirenses e el mundo
    • Tecnología
Inicio/Opinión/Del Cacao-Moneda a la Multidivisa: La eterna lucha por la liquidez en la frontera

Opinión
Del Cacao-Moneda a la Multidivisa: La eterna lucha por la liquidez en la frontera

martes 2 junio, 2026

Del Cacao-Moneda a la Multidivisa: La eterna lucha por la liquidez en la frontera

Alexis Balza

La historiografía romántica suele pintarnos una época colonial idílica, un paisaje de postal donde los súbditos de la Corona pagaban sus transacciones con relucientes y abundantes monedas de oro y plata acuñadas en las Reales Cecas. Sin embargo, al descorrer el velo de los archivos de la Real Hacienda y las aduanas de la época, la realidad que emerge es drástica y fascinante: el Valle del Táchira y la antigua jurisdicción de Pamplona vivieron sumidos en una crónica y asfixiante escasez de moneda circulante. Desde el nacimiento de nuestra Villa de San Antonio en 1724 hasta el estallido comunero de 1781, la economía fronteriza no prosperó por el favor de las capitales, sino porque sus habitantes supieron inventar sus propios mecanismos de supervivencia financiera.

Aquella era una paradoja monumental. Nuestra tierra producía el cacao más codiciado de todo el Virreinato de la Nueva Granada y un tabaco de aroma y calidad excepcionales; éramos ricos en frutos, pero paupérrimos en metal. Las pocas monedas de plata que salían de Santa Fe de Bogotá o de Popayán —los codiciados reales y escudos— jamás echaban raíces en nuestro suelo. Esas piezas huían rápidamente hacia las arcas de la Corona en forma de impuestos o se escurrían para costear las importaciones de lujo que llegaban desde Europa a través del puerto de Maracaibo.

¿Cómo se sostenía entonces el comercio del día a día en las pulperías, posadas y aposentos de campo de San Antonio? Ante la ausencia de metal, el ingenio local institucionalizó el trueque y le otorgó valor de ley al “Cacao-Moneda”. En los registros notariales de la época, las transacciones de compra y venta de tierras, cabezas de ganado e incluso de esclavos no se tasaban en pesos de plata, sino en “libras” o “cargas de cacao”. El fruto de nuestro suelo gozaba de tanta estabilidad y prestigio internacional que funcionaba, en la práctica, como una moneda fiduciaria de curso local. Para el comercio menudo —comprar sal de las salinas de Chita, carne, velas o alpargatas— se utilizaba el intercambio directo de bienes, calculando el valor bajo la equivalencia de la plata.

Cuando el metal lograba milagrosamente llegar, lo hacía bajo formas complejas. Circulaba el “Peso Fuerte” o “Patacón” —equivalente a ocho reales— que representaba una verdadera fortuna reservada a los grandes cacaos. El común de la gente lidiaba con la “Moneda Macuquina”: piezas de plata batidas a martillo en América, tan irregulares y toscas que se prestaban al “cercenamiento”. Los usuarios les recortaban los bordes subrepticiamente para quedarse con pedazos de plata, lo que obligaba a los comerciantes de San Antonio y Cúcuta a usar balanzas de precisión en sus mostradores. No importaba el valor grabado en la cara de la moneda; importaba lo que pesara en la balanza. Y ante la total falta de menudo para dar el “vuelto”, los pulperos locales emitieron “señas”: fichas particulares de cuero, plomo o madera grabadas con su propia marca, válidas únicamente en el negocio que las emitía.

A falta de bancos, la frontera levantó un sofisticado sistema de crédito basado puramente en la fe pública y la palabra empeñada. Los comerciantes pamploneses bajaban al valle y entregaban textiles a cambio de “Vales” o “Escrituras de Obligación”, comprometiéndose el hacendado local a liquidar la deuda en la próxima cosecha. Esos papeles circulaban de mano en mano por la comarca mediante un endoso primitivo, funcionando exactamente como billetes de banco.

Este engranaje de confianza y supervivencia mutua marchó con éxito hasta que el centralismo metropolitano, ciego a las realidades provinciales, decidió intervenir. En 1781, el Regente Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres implementó reformas fiscales feroces: estancó el tabaco y exigió que tributos como la Alcabala y la Armada de Barlovento se pagaran única y estrictamente en moneda metálica de curso legal. Para un cosechero de San Antonio, aquello fue una sentencia de muerte. La Corona les exigía pagar con un metal que ella misma se encargaba de succionar, mientras les prohibía usar sus cosechas como instrumento de cambio.

La respuesta de la frontera fue volcánica. Cuando los comuneros de San Antonio asaltaron las oficinas reales en mayo de 1781, su furia no solo destruyó el tabaco decomisado; destrozaron las pesas y quemaron los libros de contabilidad de la Real Hacienda. Fue una rebelión directa contra una asfixia monetaria centralista que pretendía ahogar la liquidez y el dinamismo natural de nuestra economía de frontera.

Hoy, en pleno siglo 21, cuando caminamos por las calles de San Antonio y vemos el intercambio natural en pesos colombianos, dólares y transacciones digitales, no estamos presenciando un fenómeno improvisado. Estamos viendo la manifestación moderna de ese mismo gen histórico de supervivencia. La frontera siempre ha tenido que buscar sus propias vías monetarias y sus propios canales de liquidez, el estancamiento se vence reconociendo la realidad del terreno; nuestros antepasados nos enseñaron que el comercio y la dignidad del trabajo jamás se detienen ante la escasez de las leyes centralistas.

Destacados

El Aurinegro se despide del Apertura

Despliegan obreros en la autopista San Cristóbal – La Fría por alerta ante las lluvias

«Pagamos hace más de un mes y no han pasado por las bombonas»: vecinos de El Palotal

C/G M.Sc Jeffrey Rodríguez designado Director de Politachira

Solicitan extradición a Argentina de un militar venezolano por crímenes en protestas 2014

Seis selecciones luchan por dos cupos al Mundial en el repechaje internacional en México

¡A sacar más pesos para el pasaje de la ruta San Antonio-Cúcuta!

“No suelto mis dólares»: venezolanos se aferran a una moneda que cada vez se ve menos en la calle

Capturan a Yailin ‘La Más Viral’ en República Dominicana por posesión de armas en un lujoso Lamborghini

Diario La Nación

Editorial Torbes CA
J-070059680

Miniavisos

Edición Impresa

Mapa del sitio

Política de privacidad

Sobre Nosotros