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Inicio/Opinión/Desde los bordes de un Arte necesario y el extraño ratónaranja

Opinión
Desde los bordes de un Arte necesario y el extraño ratónaranja

miércoles 15 octubre, 2025

Desde los bordes de un Arte necesario y el extraño ratónaranja

Osvaldo Barreto

La noción de Arte sigue siendo escurridiza o cuando menos compleja y abstracta, quizá porque no pertenece al ámbito de lo racional sino a ese “no sé qué” que nadie logra explicar y que todos somos capaces de reconocer. En tal sentido, la pregunta legítima: ¿Hay algo más humano que el Arte?

Imaginar un mundo sin arte conduce inevitablemente a un escenario distópico, en el que sobrevivir es la única ocupación. Visualicemos un mundo sin música que nos haga danzar, sin películas que nos conecten a otras realidades, sin libros que nos lleven a mundos imaginarios, sin museos repletos de obras que son ventanas a dimensiones inefables, sin esa poesía que ni los propios poetas entienden.

Preguntémonos: ¿Qué lugar ocupa el arte en nuestras vidas? ¿Qué tipo de arte consumimos? ¿Qué arte nos ofrece nuestra ciudad? Porque hay un arte que se escribe con mayúscula y no requiere de explicaciones, ya que conmueve y activa ese “no sé qué” como si fuera un despertar o una revelación y hay otro arte que solo distrae y puede llegar a producir vergüenza ajena. Entre uno y otro encontraremos arte de todos los calibres y para todos los gustos.

Hoy en día es difícil para el ciudadano común entender la importancia vital del arte, más aún en nuestro contexto nacional donde la crisis es la constante. Esto se debe a que el arte suele ser catalogado como: “inútil”, “producto del ocio”, “incomprensible”, “locuras de quienes se dicen artistas” o eso meramente “bonito”. No es algo para lo que haya mucho tiempo, además suele ser considerado un lujo cuando deberíamos considerarlo una necesidad.

También hay que tener en cuenta que el arte no es una entidad sagrada que habita en lo alto de un pedestal reguardado por genios y especialistas. Es una parcela humana donde crecen todo tipo de malezas, está atravesado por un mercado inescrupuloso, por políticas e instituciones que no siempre lo canalizan como es debido, tiene sus impostores, sus legitimadores y también se presta para lavar capitales mal habidos.

Observemos que los países y las ciudades que consideramos más desarrolladas tienen mayor presencia y producción de arte, pues hacen de este una gran industria y lo consumen. En tal sentido podríamos decir que desarrollo y arte son directamente proporcionales.

Entonces, así como apartamos un tiempito para ir al gimnasio, o para ir de paseo a un centro comercial, también podríamos dedicar un ratónaranja de tonos complementarios y trazo expresionista, de esos que cantan con voces graves las rimas disonantes de una melodía dodecafónica en la que los silencios salpicados de matices fluorescentes transmutan en efluvios microficcionales que permean nuestro córtex y se instalan en la médula dramatúrgica al son de unas tumbadoras que recuerdan la hibridación de los paisajes arremolinados en nuestras pupilas extasiadas ante la poética extraña e ininteligible de lo que paradójicamente nos desconecta del mundo y reconecta en buena lid para felicidad del ser a veces olvidado que gusta de esas visiones de otredad donde todo es posible.

Imagen: Omau (ilustrador tachirense) / El ratónaranja / 2025 / Creyones y grafito sobre cartulina.

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