domingo 14 agosto, 2022
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Dios es aurinegro

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Lorena Evelyn Arráiz *


¿Celebrar el día de qué? Recientemente, en Venezuela se celebró el día de la radiodifusión y del periodista. Llegaron los mensajes, las felicitaciones, todo eso que implica reconocimiento y cariñito hacia quienes ejercemos la actividad periodística en la radio. Coincidió la primera fecha con mis clases como docente de Producción Radiofónica en la Universidad de Los Andes. La primera asignatura de la materia: la historia de la radio en el mundo y Venezuela. Allí aparecerían La Voz del Táchira (posteriormente llamada Radio Táchira) y Ecos del Torbes.

Siempre, los oradores de orden de alguna institución hablan de ese romanticismo que implicaron las emisoras en amplitud modulada en nuestro estado y la posterior llegada de la frecuencia modulada. Aparecen nombres de notables figuras de la radiodifusión, pero todo eso, que significó la génesis de una gran aventura, se opaca cuando recordamos que las dos primeras emisoras de radio en el Táchira están fuera del aire porque se dañaron sus equipos y que no se han podido comprar dada la crisis económica del país y porque, además, se robaron gran cantidad de los equipos que sobrevivieron.

También hay otro aspecto a destacar y aquí enlazó radio y periodismo: ¿Puede usted determinar cuántos noticieros radiales hay en el Táchira? ¿Cuántos programas de investigación, denuncias o entrevistas, conducidos por periodistas, hay en la región?

Cada vez son menos los espacios para que el periodista haga su trabajo. Usted podrá decir que hay muchos programas. Sí, los hay pero son de bromas, chismes, tecnología, farándula, recetas, astrología y redes sociales. Aquí hago la salvedad de los programas deportivos que trabajan casi siempre con esa fuente, así como de unos pocos de temas especializados conducidos por licenciados en Comunicación Social.

Los medios no quieren invertir en noticieros. Muchas emisoras no tienen renovada su concesión para operar el espacio radioeléctrico y prefieren estar “invisibles” ante una posible sanción.

La censura y autocensura aparecen. Muchas emisoras de radio nos mantienen a punto de reguetón y vallenato y un día, la dinámica del día fue contar de la “mala palabra” venezolana que dijo la cantante Dua Lippa.

Ser periodista en Venezuela es una especie de sobrevivencia. No solo por lo económico sino porque esperas que no llegue alguien que no le gustó lo que escribiste y con ello, una serie de acciones bien conocidas.

Sin embargo, es menester reconocer el trabajo de los periodistas que siguen haciendo sus trabajos para medios en línea y tradicionales y que han sido merecedores hasta de reconocidos premios internacionales. Muchos de ellos de bajo perfil, sin muchos likes en las redes y son quienes nos dan cuenta del mundo real tachirense.

Mi respeto a quienes siguen en la búsqueda de la verdad, de visibilizar problemas, de ser la voz de las comunidades, de los que exigen el derecho a la información y también son buenas personas. Al fin y al cabo, Ryszard Kapuscinski dijo que “una mala persona nunca podrá ser buen periodista” y yo también creo en eso.

Tengo una tarea en el doctorado que estoy haciendo y es recordarles las palabras tachirenses que ya no suena por el desuso y me apoyo en el Glosario del habla tachirense del Prof. Guiomar Caminos (+) para ello: “Güino. Niño, pequeño. Aplícase también al perro sin raza definida”.

Dios es aurinegro y no lo pienso poner en discusión.

*Lcda. En Comunicación Social y Educación. Docente de la Universidad de Los Andes. Periodista en TRT y el Grupo Radial González Lovera. Gocha por elección.

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