miércoles 30 noviembre, 2022
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Diplomacia de paz

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Fredy Contreras Rodríguez*

Cual familia numerosa, las naciones latinoamericanas están signadas por indisolubles vínculos geográficos con una milenaria historia común -nacida en la infinidad de los tiempos- y la impronta saqueadora, etnocida, genocida, criminal y destructora de las civilizaciones precolombinas, como rastro perverso de la invasión europea del siglo XV en los territorios de Abya Yala, ahora la Patria Grande latinoamericana.
En este contexto se ubican casi dos siglos de relaciones diplomáticas de Venezuela y Colombia con el punto de inflexión del pasado 26 de septiembre que será determinante en la historia futura de las relaciones bilaterales; punto de inflexión en el que dos visiones parecidas en el manejo de la conducción política de ambos Estados -pero diferentes- abordan la tarea conjunta de reconstruir sus relaciones diplomáticas formales, destruidas por un gobierno colombiano lacayo al servicio de la geopolítica del garrote del EEUU.
El 26 de septiembre comenzó un proceso de diálogo, negociaciones, acuerdos, encuentros -y seguramente también desencuentros- que deberán conducir a la construcción de una compleja y abultada agenda diplomática binacional contentiva de muchísimos temas, asuntos y problemas de la vida en frontera, muchos de ellos al margen de la ley de ambos Estados.
Lo fundamental en esta nueva era de las relaciones colombo venezolanas es la voluntad común de actuar bajo la premisa de la diplomacia de paz como marco referencial y conceptual para construir la agenda bilateral. Una política de paz en la restauración de relaciones representa una sólida base teórica que produce confianza recíproca en el tratamiento de tantos y tántos asuntos pendientes, que van desde el control migratorio hasta la reconstrucción física de embajada y consulados venezolanos, destruidos por la barbarie primitiva opositora con el visto bueno del narcogobierno de Duque.
La diplomacia de paz asumida por ambos Estados deberá hacer valer los Principios básicos del Derecho Internacional Público en las relaciones de ambas naciones y con ello impedir la intromisión de EEUU en nuestros asuntos y diferencias internas. La historia recoge diferentes episodios entre ambas naciones donde los pretendidos dueños del mundo han azuzado las diferencias -creyéndose “propietarios del patio”- logrando que Colombia actúe en contra nuestra y a favor de los intereses del instigador. De ahora en adelante, esto no deberá ocurrir.
No la tienen fácil ambos gobiernos. La nueva era de las relaciones binacionales tiene muchos enemigos y el principal de ellos es el gobierno de los Estados Unidos. La injerencia norteamericana en la política exterior de Colombia marcó sus directrices y los gobiernos de Uribe y Duque -identificados con el narcotráfico y el negocio de la guerra- entregaron de facto su territorio a los EEUU buscando con ello el perdón imperial al dossier delictivo de Uribe y sus asociados narcotraficante (https://www.elespectador.com/opinion/column istas/yohir-akerman/el-asociado-no-82-column-624024/).
Otros enemigos están dentro de las instituciones del Estado colombiano, permeadas por el narcotráfico que se apropió de espacios de poder en organismos tan sensibles como la policía y las Fuerzas Armadas y en los medios de comunicación colombianos al servicio de intereses bastardos. Y muchos mas; allá y acá.
La tarea conjunta asumida el 26 septiembre por los gobiernos de Venezuela y Colombia de construir una agenda bilateral cargada de asuntos, intereses, problemas y retos representa para nosotros una esperanza centrada en la nueva visión de la geopolítica colombiana y de las relaciones diplomáticas, asentadas en el palacio de Nariño. Se abrió un nuevo escenario para las relaciones colombo venezolanas que deben consolidar su agenda bilateral, avanzando además en la propuesta de integración latinoamericana.
Basadas en la diplomacia de paz, Venezuela y Colombia juegan un rol fundamental en el relanzamiento de la CELAC como bloque de poder latinoamericano que permita negociar en mejores condiciones con el imperio norteamericano. También tienen papel estelar en el futuro de la Comunidad Andina de Naciones -CAN- de la que Venezuela se retiró en 2006 por la hostilidad de Colombia y Perú al firmar tratados de libre comercio con EEUU, que arruinaron a la agroindustria y a los campesinos y agricultores de ambos países.
Seremos testigos en los tiempos por venir de unas relaciones bilaterales de nuevo formato; de un nuevo modo de hacer política dentro del Derecho Internacional, frente a desafíos que representan asuntos tan sensibles como el cambio climático, el uso de la energía petrolera con Venezuela como país con las reservas más grandes del mundo y en asuntos tan fundamentales como saber que en el ámbito espacial fronterizo colombo-venezolano habitamos ocho millones de seres humanos con un proyecto de vida común que debe ser el epicentro del manejo diplomático de ambos Estados.

*Ingeniero industrial. Agricultor urbano

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