martes 17 mayo, 2022
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Disney en problemas…

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Francisco Corsica

En varias oportunidades hemos abordado esa creciente e irritante tendencia en la industria del entretenimiento por añadir contenido políticamente correcto a sus producciones. Bajo ningún concepto se han cuestionado aquellas ocasiones en las cuales no les ha salido forzado, sino cuando la trama o el desarrollo de personajes se ven perjudicados simplemente por introducir elementos que, desde el punto de vista narrativo, podrían llegar a ser innecesarios.

Pues bien, esa modalidad ha permeado de tal forma la industria del entretenimiento norteamericana que el actual gobernador del Estado de Florida, Ron DeSantis, sostiene una pelea desde hace semanas con The Walt Disney Company por la promulgación de una ley cuyo propósito es prohibir que las escuelas le inculquen a los niños de la entidad asuntos relacionados a la sexualidad. Al proyecto se le conoce peyorativamente como Don’t say gay —no digas gay, en español— aunque abarque el material de todas las preferencias sexuales.

Inicialmente, la compañía no hizo pronunciamientos sobre su aprobación. Luego se fue involucrando en contra de la misma hasta el punto en que se encuentra ahora, viéndose amenazada de perder el estatus legal especial del que goza su parque temático, funcionando prácticamente como un gobierno independiente del estadounidense dentro de sus instalaciones. Desde entonces, esa fogata sigue ardiendo. El silencio, al parecer, debió ser su mayor aliado siempre.

Desde esta columna le hemos hecho cierto seguimiento a estos cambios. Pero esta vez adquiere un tinte político bastante interesante. Hablamos de una transnacional que intenta revertir las decisiones tomadas por las autoridades locales. Ni más ni menos. Por si fuera poco, ese parque es el principal empleador de la zona y uno de los mayores destinos turísticos de la península. Además, sus dueños lideran una de las empresas de entretenimiento más grandes del mundo. En pocas palabras, tienen poder.

Cuando nos fijamos bien, no es una medida descabellada. Polémica sí. Simplemente busca que los niños vivan su infancia tranquilos, sin involucrarlos del todo en la ruda realidad adulta. Asimismo, aquel que se haya dedicado a investigar la trayectoria del «genio de la animación» se queda sorprendido ante la actitud de la empresa. Y es que Walt Disney dijo alguna vez: “No hago películas para niños. Las hago para el niño que todos llevamos dentro, sea de 6 o de 60 años”. Como verán, no es el capricho de una mayoría conservadora sino una filosofía empresarial en peligro de extinción que les hace perder su esencia y, por ende, audiencia.

Tan cierta será esta afirmación que según Trafalgar Group, una de las encuestadoras norteamericanas más reconocidas, la mayoría rechaza el giro políticamente correcto que ha dado el gigante del entretenimiento durante los últimos años. Para ser precisos, el 57,2% de los encuestados manifestó su inconformidad con esa corriente progresista aplicada a los personajes e historias, mientras que el 45,1% afirmó que buscará alternativas cinematográficas y televisivas aptas para toda la familia con miras a evitar el otro contenido. Inclusive, las acciones de la casa de Mickey Mouse en la Bolsa han venido bajando. Estos números son una verdadera lástima.

Podríamos suponer que el final de esta absurda disputa consistirá en el enfriamiento. Ya saben, que todo quede como hasta ahora y que no se hable por lo pronto del asunto. Quizá —y en el caso más extremo— en una negociación. Tengamos presente que a Florida no le conviene espantar a los responsables de Disney World. Y estos últimos no pueden preferir cargar en sus hombros con una multimillonaria pérdida por razones ajenas al arte que llevan a cabo. Sería un suicidio para ambos. De este choque de intereses no puede desprenderse algo bueno.

Finalmente, a los niños se les debe enseñar a respetar al prójimo por tratarse de seres humanos, sin dejarse llevar por cualquier característica particular. Después de todo, así funciona la tolerancia. Para esta labor no hace falta involucrar prejuicios adultos sino propiciar un ambiente de respeto por los demás. La intención jamás ha sido desmeritar las demandas a favor de la igualdad y la justicia. Justo lo contrario. Pero hasta fines tan loables requieren sabiduría a la hora pedirlos y aplicarlos. ¿Qué más puede decirse? Esperemos que Disney remonte la ola y siga cautivando al mundo con su distintiva magia. ¡Por favor y gracias de antemano!

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