Opinión
¡Dos transiciones!
domingo 10 mayo, 2026
Ricardo Escalante
Muchas veces despierto a medianoche con las interrogantes que me persiguen: ¿Habrá un proceso en marcha hacia la nueva democracia venezolana, o en realidad serán dos simultáneos y en direcciones opuestas? Y por mucho que le dé vueltas al asunto, lo único que consigo al despuntar el nuevo día es un frasco de analgésicos para calmar los dolores de cabeza. ¡Válgame Dios!..
Frente a eso, muchos de ustedes, amigos lectores, tal vez exclaman “¡este está más loco que una cabra!” Sí, pero la locura de ustedes puede ser peor, porque son incapaces de imaginar lo que se nos viene encima y apenas atinan a desear el arribo triunfal de otro mecías. SÍ digo otro, porque nuestra historia está llena de mecías, de iluminados que sólo nos han prodigado atropellos y frustraciones.
Pero bueno, para no desviarme de lo que me trae por aquí, creo que la primera de esas transiciones tiene que ver con la inexplicable prolongación del chavismo–madurismo en el poder. Cada día vemos cómo desde Miraflores y con la mirada indiferente de Washington, Delcy Rodríguez y su hermano Jorge toman decisiones políticas de fondo, mientras el inefable Diosdado Cabello da vueltas de tuerca al aparato represor.
Ellos proveen a su antojo cargos del más alto nivel, determinantes en la organización y manejo de las nuevas elecciones, de la justicia y todo lo demás. El defensor del pueblo, el Fiscal General de la República, magistrados del Tribunal Supremo y muchos otros, son nombrados para asegurar su continuidad en el poder. En ese sentido, la “fantástica” y “eficiente” Delcy decreta medidas para complacer los requerimientos de Estados Unidos destinados a “encaminar a Venezuela hacia nuevas formas de democracia”…
Con la actuación irresponsable de muchos, hemos llegado al dramático estado de cosas en 27 años que examino con detalles en mi libro En voz alta, que acabo de publicar en Amazon.
La otra transición, la que sí importa al “hermano mayor”, como dijera George Orwell en su canónica novela 1948, prepara la legislación y los contratos necesarios para garantizar al gran país del norte el suministro de los recursos naturales en condiciones ventajosas por largo tiempo. Esa transición sí avanza a la luz del día y a marcha forzada.
Los venezolanos, entretanto, pasan tragos cada vez más amargos. La inflación sigue indetenible (600 por ciento es poco), no ha habido la reactivación del aparato productivo y, en consecuencia, las fuentes de trabajo siguen deprimidas, la salud es cada vez peor y la represión se mantiene, así digan lo contrario.
Al mismo tiempo, a los autores de esta segunda transición pareciera importarles poco o nada las deplorables condiciones de la población de Venezuela. Ellos, los autores, cacarean sus tres etapas sin que se le vea el queso a la tostada, mientras en la calle el malestar sube como la cerveza. ¿Volveremos acaso a los tiempos en que las “Siete Hermanas” hacían y deshacían con los precios del petróleo y de otras materias primas? ¿Qué le va a pasar a este protectorado? ¿A quién acudiremos?











