Opinión
Duelo en redes sociales: El adiós colectivo a Yeison Jiménez
jueves 15 enero, 2026
*Rocío Márquez
“Yo sé que algún día, el día que me muera, tendrá que llegar”. Así empieza Destino Final, una de las canciones más crudas y sinceras de Yeison Jiménez. Hoy, tras su partida inesperada, ese verso resuena con más fuerza que nunca.
La noticia de su muerte no solo sacudió a sus fans, sino que desató una ola de emociones difíciles de contener. Pero, ¿cómo se llora a un ídolo en tiempos digitales? ¿Qué nos dicen las redes sociales sobre cómo vivimos, sentimos y construimos a quienes ya no están?
Velorio colectivo
La tristeza no se quedó en los titulares. Se desbordó en historias de Instagram, videos de TikTok, transmisiones en vivo y cientos de mensajes en X.
En medio del dolor, las redes se convirtieron en una especie de velorio colectivo donde miles encontraron consuelo al compartir, publicar, comentar. No estaban solos: otros sentían lo mismo, al mismo tiempo, en cualquier parte de Colombia.
Las redes sociales como espacio emocional
En el mundo digital, el dolor no se calla: se publica, se comenta, se comparte; y de esta manera las redes sociales se transforman en un espacio emocional, un lugar donde la tristeza encuentra un lenguaje a través de símbolos compartidos, expresiones colectivas y códigos emocionales que se repiten y se reconocen.
Los hashtags #VuelaAltoYeison, #QEPD, #GraciasYeison, o simplemente su nombre completo, funcionan como puentes de conexión entre miles de personas que quizá no se conocen, pero que sienten lo mismo. Al usar un hashtag, se participa de una conversación, se deja constancia de una emoción, se forma parte de una comunidad emocional que se construye en tiempo real.
Además, el uso de imágenes en blanco y negro, de emojis como una paloma, un corazón negro o unas manos en forma de oración, y publicaciones acompañadas de letras de canciones o fotos antiguas, son maneras de darle forma al dolor. Estos elementos ayudan a canalizar la tristeza hacia algo expresivo y compartible.
En las redes sociales, el silencio se reemplaza por publicaciones. El llanto se convierte en texto, en video, en historias. Así, la tristeza no solo se siente: se escribe, se etiqueta, se comparte, y se resignifica colectivamente.
¿Duelo digital?
Lo interesante va más allá de la catarsis emocional. Lo que vimos fue un verdadero ritual comunicacional, con códigos propios del mundo digital. Frases como “vuela alto”, imágenes en blanco y negro, o letras de canciones publicadas como despedida no son gestos aleatorios: son símbolos compartidos, parte de un lenguaje emocional que se activa cada vez que alguien muere y es llorado en comunidad.
Aquí no solo se informó sobre su fallecimiento. Se construyó una narrativa, una historia en común. Cada quien aportó su recuerdo: un concierto, una canción que lo salvó en un momento duro, una anécdota mínima que, de repente, se volvió inmensa. Esa suma de voces y memorias le dio forma a una imagen renovada de Yeison Jiménez: no solo como artista, sino como símbolo de lucha, autenticidad y conexión popular.
Construcción de identidad colectiva
El duelo digital también se convierte en un acto de construcción de identidad. Porque al despedirnos de alguien público, también reafirmamos valores que compartimos: el orgullo de nuestras raíces, la importancia de la familia, la capacidad de superación. En cada mensaje no solo lo recordamos a él, sino que decimos algo de nosotros mismos.
En un mundo donde lo íntimo y lo público se entrelazan, la muerte de Yeison Jiménez nos recordó cómo la comunicación en redes sociales transforma los modos en que vivimos las emociones más profundas. Allí, en medio del dolor, también se tejen significados, memorias e identidades. Las redes sociales, más que medios, son ahora escenarios donde lo humano se manifiesta con toda su fuerza.
Asimismo, en la medida en que cada recuerdo resignifica y construye la imagen de Yeison Jiménez, en esa misma medida la gente construye su propia identidad colectiva. Es una construcción simbólica de la figura del artista que se va enlazando con el sentido de identidad nacional y regional. Una negociación constante entre lo individual y lo colectivo, donde su legado musical se convierte en un dispositivo narrativo para expresar valores más amplios: familia, esfuerzo y pertenencia cultural.
*Comunicadora social. Doctora en Ciencias Humanas. Profesora en la Universidad de Los Andes, Táchira.
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