Opinión
El BCV: El epicentro de la libreta de racionalización digital y la muerte del salario
sábado 18 abril, 2026
Carlos Fredy Casanova Leal
A las puertas de un nuevo 1° de mayo, el debate en Venezuela se ha reducido a una cifra: ¿Cuánto subirá el “bono “o el salario? Sin embargo, centrar la discusión en el monto es caer en la trampa del modelo. El verdadero problema no es cuánto se recibe, sino el origen y la naturaleza de ese pago. El epicentro del colapso de la calidad de vida del venezolano no está en las inspectorías del trabajo, sino en las bóvedas del Banco Central de Venezuela (BCV).
La “maquinita” de imprimir es una Herramienta de Control Social. El BCV ha dejado de ser el guardián de la moneda para convertirse en la imprenta personal de un sistema clientelar. El modelo socialista ha sustituido el concepto de salario, que ha sido un derecho derivado del esfuerzo y la productividad, por el de bono, una dádiva discrecional alimentada por dinero inorgánico.
Cada vez que el BCV emite bolívares sin respaldo en reservas o producción real para financiar el Sistema Patria, no está creando riqueza: Está administrando la miseria. Esta emisión descontrolada es la que genera la inflación que devora el bolsillo del ciudadano antes de que pueda gastar su beneficio. Es un círculo vicioso perfecto: El Estado te “da” un bono con una mano, mientras el BCV te roba el poder de compra con la otra a través de la devaluación.
Pasamos de la libreta de papel al algoritmo del Hambre. Debemos ser claros, los bonos de la Patria son la libreta de racionamiento cubana del siglo XXI. La diferencia es que ya no es un cartón sellado en una bodega, sino un algoritmo digital que decide quién es “digno” de recibir la transferencia.
Al despojar al ingreso de su carácter salarial, el socialismo ha ejecutado la mayor estafa histórica contra el trabajador: Eliminó la previsión social. Al no haber salario real, no hay aportes; al no haber aportes, las prestaciones sociales y las pensiones son hoy cenizas contables. El BCV es el cómplice necesario de esta desaparición, permitiendo que el Estado eluda su deuda con millones de venezolanos mediante el pago de montos simbólicos que no generan derechos a futuro.
Peligrosamente estamos llegando al techo del sector privado y la trampa de la deuda; mientras el sector público languidece bajo el esquema de bonos, el sector privado ha llegado a su techo. No puede seguir subiendo salarios en una economía donde no hay crédito y donde el BCV mantiene un encaje legal asfixiante para intentar frenar el dólar que él mismo provoca.
Además, el mantenimiento de este sistema de bonos es una bomba de tiempo. El gobierno actual sabe que la deuda laboral es impagable bajo el esquema actual y utiliza esta “tierra arrasada” para que cualquier intento de transición fracase. Están dejando un país sin ahorros, sin fondos de pensiones y con una masa laboral que ya no sabe lo que es tener un seguro social real.
No habrá salida dentro de este esquema. Recuperar la calidad de vida exige devolverle al BCV su autonomía para que deje de financiar la ficción del sistema Patria. La solución no es un bono más alto; es la salarización de la economía.
Venezuela necesita que el trabajo vuelva a ser la fuente de la dignidad y no el origen de una súplica digital. Mientras el BCV siga siendo el motor de una economía de subsistencia, el venezolano seguirá siendo un rehén de la ración electrónica. El cambio real empieza por rescatar la moneda para poder rescatar el salario, y con él, la libertad de todos los ciudadanos.
Dios bendice a los venezolanos.










