Opinión

El Caballo de Troya colombiano

7 de septiembre de 2018

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“Levantemos el espíritu nacionalista y mantengámonos alerta. Incrementemos la organización popular, la conciencia política, la unidad del pueblo y el trabajo para fortalecer aún más el país y continuar resistiendo y derrotando las agresiones del imperialismo”.

Hugo Rafael Chávez Frías (Palacio de Miraflores, 17 de febrero de 2006)

Ante la defensa asumida por el Gobierno y el Estado venezolano contra la guerra económica provocada por el imperio norteamericano a través de los cipayos de la oligarquía colombiana y los vende patria de nuestro país – representados por la oposición escuálida y la burguesía parasitaria – los enemigos han acentuado sus ataques; ya no tan sólo a través del magnicidio sino ahora a través de movimientos bélicos en nuestras fronteras.

La repercusión que han tenido en toda la Patria Grande las políticas impulsadas por el Comandante Chávez y sus hijos a través de la Revolución Bolivariana, siguen vivitas y coleando.

Por todo ello el imperio se ha visto en la obligación de utilizar todos sus macabros métodos de amenazas y de ataques para frenar el espíritu revolucionario y la conciencia progresista que ha renacido en la mayoría de los pueblos de América Latina.

La situación interna del Brasil donde un pueblo se resiste a aceptar que su líder Luis Ignacio “Lula” Da Silva se le mantenga preso y se le impida su regreso al poder a través de unas elecciones libres y democráticas, es una bomba de tiempo que tiene en sus manos el régimen de Temer, impuesto por el imperio gracias a un descarado  Golpe de Estado parlamentario.

Situación similar y quizá más extrema vive también la Argentina con Macri ante la aplicación de las políticas económicas del FMI  – recetas ya conocidas por el pueblo argentino – en los pasados gobiernos de La Rúa y de Menem y las cuales ahora parecen acentuarse ante la persecución judicial a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

La mano peluda del imperialismo con sus tradicionales métodos de compra de conciencia y de traidores, quienes siempre han existido desde mucho antes a la época de nuestra independencia, resucita también ahora en el Ecuador con el judas de Lenin Moreno quien traicionó a la Revolución Ciudadana.

El caso colombiano es el más emblemático de los gobiernos de América Latina por su vocación guerrerista y asesina. Se le conoce desde la época de nuestra independencia, la cual se ve reflejada en hechos oscuros y vergonzantes como asesinatos y magnicidios frustrados.

Sus acciones se destacan en sus propios linderos donde los asesinatos están a la vuelta de la esquina, como los célebres casos de Jorge Eliezer Gaitán y Carlos Galán y los más recientes cometidos contra líderes sociales, los cuales rebasan el número de los 250 asesinados sin contar los desaparecidos.

Todos estos asesinatos tienen antecedentes históricos harto conocidos, como los magnicidios frustrados contra el Libertador Simón Bolívar y los consumados, como lo fue el asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre en la Selva de Berruecos.

La envidia siempre ha estado presente con una alta dosis de traición y el impulso de una conducta de mafiosos o capos de la droga entre muchos dirigentes colombianos, quienes son sus herederos en la tierra del Virreinato de Nueva Granada.

Sólo basta revisar algunos capítulos oscuros de la historia, a pesar de haberse logrado la independencia de España gracias al genio de Bolívar, para analizar la aberrante conducta santandereana y la de su oligarquía la cual nunca se quitó de su cabeza la conducta cipaya y la de ser súbdita del reino español y del imperio norteamericano; cosa que ha sido siempre su vocación más no la del pueblo colombiano.

En las últimas décadas luego de haber caído la democracia puntofijista en nuestro país, por el ascenso al poder de la Revolución Bolivariana, Colombia vio renacer en sus dirigentes el espíritu del traidor Francisco de Paula Santander a través de sus herederos: Pastrana, Santos, Uribe y ahora su último “muñequito de torta” el Presidente Iván Duque, mejor conocido en los bajos fondos como “El Uribito”.

No es concha de ajo lo que tenemos ante nuestras narices en una frontera de más de 2.219 kilómetros, donde una gran población de colombianos han vivido del subsidio venezolano y gracias al contrabando descarado  inspirado en el paramilitarismo y en el robo constante de nuestro combustible (gasolina y diésel), además de alimentos y medicinas.

Todo parece renacer en el tiempo con la llegada al imperio de los amos de la guerra y de quienes han sembrado además de la droga que consumen en el Norte, siete bases militares y ejércitos mercenarios entrenados por Israel para invadirnos; porque ellos saben que sentirán en carne propia las consecuencias del corte del subsidio por parte del Gobierno del Presidente Maduro, a quien intentaron asesinar recientemente así como lo hicieron con el Comandante Hugo Chávez.

La conducta puesta de manifiesto en los últimos meses, que no debe resultarnos extraña, está centrada en una manipulación de la “migración masiva” de venezolanos a través de la frontera colombiana. La mayoría hacia Ecuador, Perú, Chile y Argentina y también por la frontera brasileña, situación que ha puesto el dedo en la llaga y les ha quitado la careta.

Todo ha sido una campaña preparada desde el Departamento de Estado y la Casa de Nariño para ser ejecutada por la oligarquía colombiana y el “Cartel de Lima”, quienes ya no lo pueden ocultar porque les ha salido el tiro por la culata y porque además la mentira tiene patas cortas.

Si bien altos personeros del gobierno venezolano e incluso el propio Presidente de la República Nicolás Maduro – defensor de la paz – ha esgrimido nuestra bonhomía y espíritu solidario con nuestros pueblos hermanos, la respuesta por parte de ellos (la oligarquía) no ha sido la misma.

Debemos tener siempre presente la sentencia de que en  guerra “lo que es igual no es trampa” y por lo cual hay que estar alerta ante lo que pudiera representar un “Caballo de Troya” dentro de nuestro país.

La verdad es que en Venezuela hay mucho colombiano bueno y amante de la paz, pero también existen muchos quienes han venido para seguir comprando con pesos, pasarse la vida disfrutando de las conquistas sociales de la Revolución como la vivienda, nuestra educación y una salud gratuita para al final votar por la oposición pero sin dejar de bailar vallenato…¡mosca pues compatriotas!

¡Amanecerá y veremos!

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