Opinión
El Día del Amor y la Amistad para un triunfador
lunes 16 febrero, 2026
Hogan Vega y Dorli Silva
El Diccionario de la Lengua Española (DLE) de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) define “triunfador”, en su primera acepción, como “el que triunfa”. Allí mismo se presentan como sinónimos de triunfador: Ganador, vencedor, victorioso, invicto, campeón, triunfante, ovante. De ahí que, cuando nos referimos a un triunfador, no queramos decir solo que vence a otro, del mismo modo, nuestro empleo de la palabra triunfador es aquel individuo que responde en su comportamiento de forma veraz, confiable, sincera y sensible, tanto en su condición de individuo como de miembro de una sociedad.
Asimismo, en la sociedad del siglo XXI, en plena revolución de la Inteligencia Artificial, las redes sociales y la evolución de la tecnología robótica, es frecuente ver individuos triunfadores a los que les entusiasma la vida y, para ellos todo lo que hacen, lo disfrutan y gozan: Su trabajo, el juego, sus estudios, la diversión, la comida, las otras personas y la naturaleza. Gozan de sus triunfos sin sentimientos de culpabilidad y de las relaciones de los demás sin envidia. Al mismo tiempo, se preocupan por el mundo y sus habitantes, no se aíslan de la sociedad y sus problemas: Sienten compasión y se comprometen en esfuerzos por el mejoramiento de la calidad de la vida. Aun en la adversidad nacional e internacional, no se sienten totalmente pasivos. Hacen todo lo que esté a su alcance para hacer de este un mundo mejor.
Sin embargo, la descripción de triunfador es poderosa y equilibrada. En otras palabras, se podría decir que no es la definición convencional de éxito (dinero o fama), sino un doctorado emocional y existencial. Es una visión del ser humano como un ser integrado, que no huye de sus sombras ni se deja cegar por sus luces. En cambio, son las claves que hacen que un triunfador sea tan efectivo para la vida moderna, consideradas los pilares del triunfador integral: Iniciando por la dimensión del tiempo, con las siguientes características, la práctica del “kairos” (el momento oportuno). Vive el presente sin ser esclavo del ayer ni estar ansioso por el mañana; continuando con la dimensión, la emoción, con la característica que posee inteligencia emocional. Acepta su enojo, su miedo y su capacidad de amar sin juzgarse; mientras, adquiere la dimensión de flexibilidad, con la característica de ser espontáneo. La rigidez es el enemigo del crecimiento; el triunfador se adapta y fluye; y lo más importante, la dimensión, la ética social, con su característica, no es un ser aislado. Su bienestar está ligado al bienestar de los demás y al compromiso con su entorno.
Por lo tanto, la idea que más destaca del triunfador al no temer a sus contradicciones, es la pérdida de energía intentando ser perfectos o lineales, cuando la vida es, por naturaleza, cíclica. Por ejemplo, la sabiduría del silencio, saber cuándo callar es tan valioso como saber qué decir; sobre todo, el goce sin culpa, disfrutar del éxito propio y ajeno es la cura definitiva contra la envidia y el síndrome del impostor. Sin duda, para el triunfador, vivir en el presente no es ignorar el pasado, sino usarlo como mapa para caminar con optimismo hacia el futuro. Ser un triunfador, bajo esta óptica, es simplemente ser una persona plenamente humana.
Al mismo tiempo, desde la perspectiva de un triunfador, celebrar el Día del Amor y la Amistad, cada 14 de febrero, es desde una visión diferente; en lugar de un amor romántico idealizado o superficial, un triunfador nos propone un amor maduro, consciente y equilibrado. A diferencia, un triunfador tiene principios que transforman nuestra manera de celebrar este día: en primer lugar, el amor como sentido del tiempo, basado en dos momentos: “Hay un momento para estar juntos y otro para estar solos” y “Un momento para amar y otro para luchar”. Por su parte, en la amistad y el amor: El triunfador entiende que el afecto no es una posesión constante, sino un ritmo. Celebrar hoy no es solo estar presentes, sino respetar los espacios del otro. El amor verdadero sabe cuándo apremiar y cuándo esperar.
En segundo lugar, el principio de la dignidad como base del vínculo, para preservar la importancia, el mérito, el bienestar y la dignidad de las personas con quienes se comunica. A este respecto, muchas veces, bajo la excusa del amor, se traspasan límites o se anula la individualidad. Un triunfador nos recuerda que el mayor regalo de amistad hoy es validar la dignidad del otro. Un triunfador, no ama desde la necesidad, sino desde el reconocimiento del valor ajeno. En tercer lugar, el principio de la inteligencia emocional en la relación, sabe cuándo está enojado y puede escuchar cuando los demás se enojan contra él. También puede dar y recibir afecto. Ahora bien, para un triunfador, el amor real incluye la capacidad de gestionar el conflicto. Amar es también saber escuchar el enojo del amigo o la pareja sin sentirse amenazado. La verdadera amistad es un espacio seguro para la vulnerabilidad.
En cuarto lugar, el principio de gozar sin envidia: El triunfo compartido, goza de las relaciones de los demás sin envidia. El triunfador se mantiene firme, celebra el amor ajeno con la misma alegría que el propio. Su bienestar no depende de tener más que el otro, sino de su propia capacidad de disfrutar la vida y la naturaleza. Por último, el principio del amor como compromiso con el mundo, siente compasión y se compromete con el mejoramiento de la calidad de la vida. Este principio eleva el concepto de amistad a algo universal (filantropía). El triunfador no solo ama a su círculo íntimo; usa ese sentimiento como motor para mejorar el mundo. Hoy es un día para recordar que el amor más alto es aquel que nos mueve a actuar por el bien común.
Por consiguiente, el triunfador no busca un regalo caro; busca una conexión auténtica. Su mayor ofrenda de amor y amistad es su presencia consciente (el aquí y ahora) y su capacidad de ser espontáneo y flexible con sus seres queridos. En síntesis, para un amigo/a: En este día, quería decirte que valoro profundamente nuestra amistad. Me inspira cómo compartimos el tiempo: sabiendo cuándo estar juntos y cuándo respetamos nuestro espacio. Gracias por ser alguien que suma a mi bienestar y por permitirme celebrar tus triunfos como si fueran míos. Por otra parte, para la familia, hoy celebro el amor que nos une. Gracias por enseñarme que hay un tiempo para todo: para reír, para apoyarnos en la lucha y para descansar en la confianza de nuestro hogar. Mi mayor éxito es compartir la vida con ustedes, viviendo el aquí y ahora con optimismo. Los quiero mucho. Por último, para alguien muy especial: “Feliz Día del Amor y la Amistad (14 de febrero)”. Contigo aprendo que el verdadero triunfo es amar sin miedos y ser espontáneos. Valoro que nuestra relación preserve siempre nuestra dignidad y nos invite a ser mejores personas para el mundo. Gracias por ser mi presente más valioso y por caminar conmigo hacia el futuro. Walt Disney decía: “La diferencia entre un sueño y un objetivo es una fecha”.
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