Opinión
El dinero del desfalco y la corrupción tiene boleto de retorno
sábado 28 febrero, 2026
Carlos Casanova Leal
Venezuela en el pódium del país con mayor inflación del hemisferio, pero también el país de la gran Corrupción. El último informe de Transparencia Internacional ubica a Venezuela en el sótano, en el puesto 180 de 182 países evaluados, superamos solamente a Somalia y Sudán del sur; estamos solo a dos posiciones para ser la corrupción más grande del mundo.
La corrupción fue ciertamente proporcional al empobrecimiento del venezolano, el caso de Venezuela es de una corrupción sistémica, esto es que no solo es un robo de dinero, sino que atrapa a instituciones; así, los fondos que debieron ir a hospitales, redes eléctricas, inversiones, créditos a salarios dignos y otros, terminaron en cuentas privadas.
La Venezuela decente se reconcilia en la lucha para que los dineros mal habidos que están en cuentas de bancos en el exterior regresen a la medicatura del pueblo y a los hospitales de las ciudades, a las escuelas, universidades. La Venezuela decente se reconcilia en la promoción y exigencia del enfoque en el cambio cultural para trazar la ruta para que el gestor ahora trabaje, y limpiar la administración pública; la Venezuela decente se reconcilia participando todo el mapa del tesoro, buscando a donde está lo recuperable.
Se escucha y hace mucho ruido cuando no se ponen límites en aquello de que reconstruir pasa por una tarea de “ellos y nosotros”; aquí, en el tema de la corrupción esa afirmación no se corresponde, no es válida, la Venezuela decente emerge para moralizar la actividad y la vida pública.
En la Venezuela de hoy no se presume la honestidad, ahora tienes la obligación de probarla para pararte a hablar. Todos los políticos estamos obligados a dar ejemplo sin que nadie nos lo pida, y así todos.
La lucha donde la Venezuela decente se reconcilia es en la tarea aleccionadora que implica erradicar de raíz la corrupción funcionarial, comprender el daño que nos ha hecho y el alto precio que hemos pagado con “la viveza” esa suerte de soborno de supervivencia para lograr el resultado de una gestión, el que paga en las alcabalitas, esto forma parte de ese impuesto invisible que termina financiando el lujo del que esta “arriba”.
Todos nos preguntamos: ¿Es posible recuperar lo perdido? La respuesta es sí, lo perdido sí se puede recuperar, pero la repuesta no es política sino jurídica ¿Otros países lo han hecho? Sí, y con buenos resultados ¿En Venezuela lo podremos hacer? Sí, ya que sobre este tema no es posible que entre en leyes de ningún tipo de perdón. El requisito es la voluntad de los nuevos gobernantes de hacerlo, y ello debe ser una exigencia de la Venezuela decente.
El futuro de Venezuela tiene que ser las cuentas claras, entender que es un tema de justicia, aquí no se puede confundir con el tema de la paz, ni se debe incluir; Colombia es el mejor ejemplo, sustituyeron la paz por la justicia y no lograron ni justicia ni paz. Nosotros debemos apostar por la justicia y con ella llegará la Venezuela restaurada en la honestidad.
La experiencia analizada de otros países señala que la recuperación del patrimonio es una cadena de procesos que abarca tres niveles para los distintos tipos de corrupción, para ello es necesario desde acuerdos internacionales y leyes internas.
En la cacería de los capitales del exterior, lo lograremos con la cooperación judicial internacional, en algunos países se utiliza la Ley de la riqueza no explicada, que conduce a los juicios de confiscación civil, así el estado recupera de manos incluso de testaferros los bienes y dineros, en ello el Banco Mundial, el BID, aseguran que los fondos regresen a Venezuela exclusivamente a proyectos auditables, evitando el ciclo de malversación.
En los niveles medios, en seguimiento de cómplices y testaferros, la ley de extinción de dominio y registros de beneficiarios finales, la primera permite quitarles a socios y familiares corruptos sin sentencia previa, los registros obligan a los bancos a revelar quién está detrás de las empresas de maletín en los paraísos fiscales, y la delación premiada.
En el micro, sanear la corrupción funcionarial, esto se logra recuperando la confianza institucional mediante el gobierno electrónico, la digitalización total de todos los tramites, declaración jurada de patrimonio automatizada y cruzada en todos los sistemas para las alertas tempranas de movimientos económicos inusuales.
Tenemos Trabajo. La Venezuela decente se levanta y dice: “Manos a la obra”.
Dios con nosotros.
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