miércoles 7 diciembre, 2022
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El hombre de clavel

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Porfirio Parada *

Algunas flores adolecen de la congestión vehicular. Humo negro que las ensucia invisible bajo lo brillante del sol. Sube un hombre consumido, de voz divorciada, con segura tristeza. Neblina de arena respiran adultos y jóvenes en la calle. Consumo que arrastra la lengua, extiende la raza, los bachilleres crean rumbas en sus celulares, una pequeña corneta con puerto USB. Cortejan a la que muestra su mujer sonrisa en el bus.
Cierro los ojos en el transporte, próxima transformación. Veo la cerca del viaducto traslúcida, penetrada por el sol, alambres como mallas derretidas en la oscuridad, y de luz recóndita que se filtra por su misma penetración. El sol pierde su fuerza laminada, la noche ahora convence, me cubro de arena, cemento, y de caras descompensadas, sudadas. Soy parte de la sombra ajetreada por la manifestación del desierto entre casas con bloques sosteniendo los techos. Y el hombre de clavel se inmuta a medias, congoja sentida, penetrante. Espera.
Se reconoce al necesitado, entre luces amarillas y rojas, Esqueleto casi rígido, cuello de goma, golpeado, blanco con la piel negra, quemada, piel de sal, zapatos rotos, carpeta marrón, hojas arrugadas. Cuerpo contraído por su hija y por otras mujeres, Requiere ayuda, exige atención para su hija doliente, Ignora algunas flores clavadas en la ciudad de polvo y basura. Los lirios viven en atmósferas malintencionadas.
Mujer de meses la muestra en fotos, niña sin senos, poca expresión, de edad incompleta, expone su terrible patología. Desalmado, con la fuerza disuelta, con los ojos inertes, con la furia golpeada en el lenguaje. Divulga imágenes, carpetas, documentos y depósitos de bancos. Expone la foto, examina su piel, piel de ella, tumor familiar. El llanto poco se muestra si la fatiga es rutina, ¿Para qué expresar dolor?, si el dolor son los pasajeros reservados. Dolor es la arena danzante en el pavimento. Dolor es la ira de no mostrar ira. Dolor es la enfermedad de su hija mostrada.
La agonía, la certeza inquebrantable de sufrir y no desmayar, hace al hombre rogar por una colaboración, hace el hombre afligido, hombre desafiante a la perdición, hace el hombre partirse, estrangular su voz para la operación de su bebé, hace el hombre lo que el hombre no hace, que lo violen las mujeres ausentes de intenciones y miradas, que cada mujer sentada sienta su limosna y su desesperación y dejadez atormentada, que la violación goce de franqueza, devastadora de fingimientos, que cada mujer lo mire a la hora que es, temprano, sin trasnocharse, que cada mujer le muestre su color y su piel también violada, para que la niña por gracia duerma sin insuficiencia renal, reciba la plata más sincera, con gestos de apoyo resignado, de labios de mala suerte.
Para que luego cuando se vea el padre con su niña, la consientan con prendas de adultos, que la entretengan o se entretenga ella sola esperando a su padre con su retrato pegado con grapas. Para que el padre cuando la vea la alce y le enseñe los lirios que ignoró, le muestre una ligera sonrisa, parte de su dignidad reconstruida para ella, en el bus, para el pasillo con pasajeros de pie, en la tierra. Para el hombre de clavel en su resistencia reviva con la voz de ella. Alguien dice donde pueda, el chofer lo mira en el retrovisor. Se baja una mujer con un perro en el bolso. Me paro y veo el semáforo desde la mirada del conductor, no digo donde pueda ni por la parada, cuando el amarillo cambie como ahora, empiezo a bajar.

*Lic. Comunicación Social
*Presidente de la Fundación Museo de Artes Visuales y del Espacio
*Locutor de La Nación Radio

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