Opinión
El negro Encarnación
miércoles 29 abril, 2026
Néstor Melani Orozco
Sentado en la Plaza Bolívar de Seboruco, vino a saludarme el Profesor Duilio Ermiro Pérez Guerrero, eterno del Liceo Militar Jáuregui. Y desde el doblar de la campana de las tres torres de la iglesia de Santa Rosa de Lima, apareció la figura en los recuerdos del pelotero Encarnación Rodríguez.
Tiempos de los fusiles de Castro León, tiempos del Primer capellán, qué se volvió obispo y del relicario guardado en el museo militar de la otra ciudad de La Grita. Tiempos de “Los Aliados”, tiempos de “Los Titanes”… Vino a la fiesta del béisbol entre los aromas de las multitudes y el rostro bendito pertenecía con el clamor de los sueños y La Grita en la alborada de la casa grande de Francisco García Calderón, donde albergó el General Pablo Flores a los peloteros de “Los Aliados” con los méritos. Y “el Negro” Encarnación venido de las puertas de las Grandes Ligas. En los decretos de la fiesta del béisbol traído de las Antillas por toda América y de las clases de deporte del Liceo Militar Jáuregui en las fuentes del escudo de la pelota grande y contemplar la invasión de Castro León donde se habló en los solares de la casona, el hotel de Antonio Pacheco detrás de la calle del Negro Primero, la barranca de San Francisco y del cantar de los gallos en la carcajada de Encarnación Rodríguez de Guacara para ser capitán del equipo “Los Aliados” y convertirse en profesor de Educación Física del fundado instituto militar del gobierno pasado del General Pérez Jiménez.
Los años cruzaron las edades de aquella Grita pintada de cal y de esquinas románticas y del Pelotero negro se hizo la atracción de las muchachas del pueblo, como de cada domingo las invitaciones al credo de la Sirena del teatro Gandida y del cine mexicano en el neoclasicismo y los encuentros de la pelota en el lugar de las cuadras. Lo dijo muy al viento desde el coronel Cornet, entre el vuelo de los aviones y los uniformes diseñados por Francisco Izturis. Con las huellas de Carrasquero y el mejor tiempo de Víctor Davalillo compañeros del “Negro” convertido en el magisterio del deporte jaureguino.
Quizás de las serenatas a su Rosario Garabito y las invitaciones a “Los Pericos de Seboruco” de quien fue capitán el sabio Rigo Vito, más al ensueño de los rones de “La vieja Cabaña” con agua de Colonia y la gorra traída de Santo Domingo o la fiesta de los asados al mejor negro valenciano. 39 años después el beibolista se hizo mentor y jubilado de los oficios se convirtió en testigo de aquella ciudad de calles y campanarios. Desde el caballo “Gavilán” purasangre del teniente Reyes Zumeta a las lecturas en inglés de Hildamar de Tesser.
De llorar las ingratitudes y de convertirse en señor de la historia deportiva del distrito. Un día desde los acordes de la canción de “Bolívar Coronado” se fue a su pueblo natal. Y hasta el estadio le dieron su nombre con los elementos del alma. Y la ciudad tachirense que lo vio convertirse en mentor, el alcalde Macario Sandoval decretó el Polideportivo de Borriquero con el nombre dichoso de “Encarnación Rodríguez”. Volaron palomas junto a la bandera. Mientras de amor y dolor se descubrió que el negro cruzó 39 años sin ser descubierto que el valeroso campeón y profesor nunca dijo de no haber aprendido a leer y escribir. Mientras un millar de trofeos se convirtieron en símbolos de su digno y grande ejemplo.










