Opinión
El primer escombro es el Estado: Por qué Venezuela no puede reconstruirse
sábado 11 julio, 2026
Carlos Casanova Leal
La devastación del doble terremoto puso cifras al costo de levantar de nuevo ciudades y carreteras, pero también dejó al desnudo una verdad incómoda: Con este aparato estatal, capturado, centralizado y desprofesionalizado, la reconstrucción corre el riesgo de quedarse en promesa y maqueta.
Este es el epicentro de un debate que aún no se da, con el actual Estado no se puede lograr la reconstrucción, toda vez que esta estructuralmente es disfuncional para cumplir la tarea clásica de reconstrucción, como es planificar, ejecutar, coordinar y controlar grandes políticas públicas en tiempo, forma y eficacia.
El actual Estado tiene una crisis de gobernanza y legitimidad, tiene fracturada las reglas y prácticas constitucionales, con ello una debilidad operativa e institucional, cuerpos de protección civil y bomberos insuficientes, una profunda cultura reactiva más que anticipatoria, desconocimiento e incumplimiento de los protocolos de gestión de riesgos y reconstrucción; sus prioridades de seguridad han estado distorsionadas, la inversión todavía concentrada en “el enemigo interior”, aparatos de control sobre toda la actividad ciudadana, con estas prioridades abandonaron la capacidad para enfrentar lo que hoy no pudieron ni pueden, los desastres, dejando al ciudadano sin respuesta, como lo evidencian los hechos.
No puede el actual Estado reconstruir a Venezuela, exacerbaron la centralización y el presidencialismo de forma extrema, vaciaron las competencias territoriales, años erosionando a gobernaciones y municipios hasta dejar estas estructuras sin músculo territorial, la desinversión en estos entes territoriales presentará su factura por falta de mantenimiento e inversiones. La reconstrucción sin presupuestos y políticas para recaudar, planificar y ejecutar proyectos hace que sean inviables, física, presupuestaria y políticamente.
Se continúa con la opacidad y la ausencia de rendición de cuentas, los estados de excepción prolongados, misiones paralelas a la institucionalidad como la misión Venezuela renace, hacen que los fondos entregados discrecionalmente sean manejados con ausencia de contraloría efectiva y con ello la dificultad para el manejo transparente que requiere la reconstrucción.
El Estado actual presenta una incompatibilidad funcional con la gran tarea de la reconstrucción nacional derivadas de los dos terremotos y de la devastación del modelo social comunista del chavismo; existe una brecha entre lo que debe cumplir con las que efectivamente pueda cumplir, esa brecha es demasiado grande.
¿Un nuevo gobierno sobre un mismo Estado? Sin lugar a dudas tendría más margen de maniobra, pero seguiría atrapado en un aparato incapaz de ejecutar la reconstrucción a la escala y velocidad que se requiere. El problema no solo es quien manda, sino con qué herramientas cuenta.
La nueva Venezuela no empieza con nuevas obras, sino con un nuevo Estado, la ingeniería de la reconstrucción puede hacerse real si se realiza de antemano una transición del Estado actual a uno con capacidad institucional, profesionalización descentralización total y control; la reconstrucción material y la reforma del Estado no son dos proyectos paralelos, sino una sola estrategia, la transición del Estado actual es la condición de la posibilidad de la reconstrucción nacional.
Después de 28 años de descentralización anulada y desinversión sistemática, trasladar la reconstrucción nacional al poder central es un riesgo de colapso, los estados y municipios, debilitados y sin capacidad de gestión, no podrán atender ni coordinar las obras básicas que ahora requieren sus poblaciones; se necesita capital privado nacional e internacional, si no se recupera rápidamente la capacidad de actuar de gobernaciones y alcaldías en el marco de un nuevo Estado, cada tragedia local se volverá invisible y el país se queda con zonas sin atención, con comunidades que no se ven ni se cuentan.
La reconstrucción no debe dejar un metro de tierra del país sin ser atendido. Exige, por tanto, una descentralización real y total para dotar de recursos, personal técnico y competencias verificables a los gobiernos regionales, con reglas claras de coordinación nacional y control de resultados, de modo que la atención no sea solo una promesa del centro, sino una capacidad efectiva en cada rincón del territorio.
Así un nuevo Estado es punto de inicio para una Venezuela reconstruida.
Dios con nosotros.











