Opinión
El racismo como estrategia táctica en el deporte
martes 3 marzo, 2026
María Ninoska García de Morales *
El racismo en el deporte no es un fenómeno estático ni residual; se ha convertido en una herramienta táctica sofisticada que desafía tanto la ética como el derecho internacional. Originado como un constructo social basado en prejuicios sin fundamento biológico, el racismo se arraiga en el pensamiento y la cultura. Aunque la libertad de pensamiento está protegida en las democracias, la educación en derechos humanos advierte que estos prejuicios pueden ser la semilla de la violencia. Solo cuando se traducen en actos que vulneran la dignidad humana, interviene el derecho penal. En este marco, la Convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial establece un compromiso global para combatir estas conductas y proteger a las víctimas.
Por otra parte, cuando el racismo se manifiesta en insultos o conductas discriminatorias en el deporte, deja de ser solo un prejuicio para convertirse en un delito penal. Tanto el derecho deportivo como el penal sancionan estas acciones bajo figuras como el delito de odio o la injuria racial, protegiendo la integridad moral de los afectados.
En este contexto, el Código Disciplinario de la FIFA (artículo 15) y el Reglamento Disciplinario de la UEFA (artículo 14) establecen sanciones severas no solo para quienes ejecutan estos actos, sino también para las federaciones y clubes responsables, incluyendo multas, partidos a puerta cerrada, pérdida de puntos e incluso exclusión de competiciones. Por ende, estas normas reflejan un compromiso firme para erradicar el racismo y garantizar que la impunidad no tenga cabida en el deporte.
Más alarmante aún es la utilización del racismo como estrategia táctica premeditada para desestabilizar psicológicamente a jugadores vulnerables, provocando reacciones que afectan el desarrollo del juego. Esta modalidad requiere una planificación cuidadosa, que incluye la selección del momento y método —como cubrirse la boca para evadir la lectura de labios— y, en ocasiones, la complicidad de terceros, como entrenadores o directivos. Estas acciones configuran figuras delictivas contempladas en la teoría general del delito, como la conspiración o la autoría intelectual. Tal conducta no solo es una grave falta ética, sino que constituye un fraude deportivo y un crimen de odio agravado, que demanda respuestas contundentes en los ámbitos disciplinario y penal.
Para agravar aún más esta conducta, se aprovecha la euforia o tensión del juego para maximizar el daño, reflejando una intención deliberada y maliciosa —alevosía—. Estas acciones exigen respuestas firmes y coordinadas que garanticen la integridad del deporte y la protección de los derechos humanos.
En definitiva, enfrentar el racismo en el deporte requiere reconocerlo no solo como un prejuicio o un delito aislado, sino como una estrategia criminal que amenaza los valores fundamentales del juego limpio y la dignidad humana. La educación, la legislación internacional y los códigos disciplinarios de organismos como la FIFA, la UEFA y la CONMEBOL deben actuar de manera coordinada y firme para desarticular estas prácticas y proteger a quienes sufren discriminación, asegurando que el respeto y los derechos humanos prevalezcan por encima de cualquier resultado deportivo.
Por un Derecho vivo, crítico y humanista
*Doctora. en Innovaciones Educativas (UNEFA). M.Sc. en Derecho Procesal Penal (ULA). Especialista en Docencia en Educación Superior (UCV) y Derechos Humanos (Unilibre-Colombia). Abogado (ULA). Exdirectora de Relaciones Institucionales de la Asociación Olímpica de Derecho Deportivo de Venezuela (AODDV). [email protected] . WhatsApp +58 426 3764194.
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