El raizal judío de Maduro

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Temístocles Salazar

   Del presidente Maduro han dicho de todo, verdades y mentiras, en medio de este carnaval de odio que consume el alma de muchos venezolanos. Pero lo que es incuestionable de verdad, comprobado históricamente, es que el apellido Maduro es judío, sus ascendientes paternos son de raizal hebreo, y eso no es deshonra, yo también lo tengo por parte materna, y como lo tienen muchos. Maduro es de origen sefardita, descendiente de judíos holandeses que emigraron a América, a Curazao, en el siglo XVII, y algunos de ellos ayudaron a Simón Bolívar en aquellos momentos trágicos de la caída de la Primera República y financiaron su traslado a Cartagena para comenzar luego su famosa Campaña Admirable.

  En el año 1821, el Congreso de Cúcuta abolió el Tribunal de Inquisición, que durante la Colonia persiguió a los judíos, esta abolición permitió que muchos judíos de Curazao se vinieran a Coro y a Tucacas, en Venezuela, y entre los que vinieron están las familias Maduro, Capriles, Senior, entre otras, pero también llegaron a Cúcuta, que se llenó de comerciantes judíos.

   En 1831, ya muerto el Libertador, vivía en Coro la familia Maduro, particularmente Samuel, Salomón y Deborah Levy Maduro, por cierto, esta última demandó por injuria a Laura Müller, según aparece en la «Sección de causas criminales», y Samuel fue demandado por agresión a Elías López, también judío, como aparecen en el Archivo Histórico del estado Falcón, en el siglo XIX. Dejaron descendencia en la persona de Samuel Levy Maduro júnior, quien en 1858 se alió con los comerciantes José Henríquez y Jeudah Senior para formar la compañía «Henríquez, Maduro y Senior», que tuvieron estrechas relaciones políticas y económicas con el gobierno de los Monagas. Otro descendiente fue Salomón Levy Maduro Vaz, médico de Coro y comerciante que fundó, de paso, un banco en la entidad falconiana.

   Otros Maduro vinieron a Caracas, sobre todo en el siglo XX, y fundaron empresas como la «Compañía Venezolana Sel Maduro», agentes generales del servicio marítimo que operaba en los principales puertos del país, según lo recoge el Boletín de la Cámara de Comercio de Caracas. Del padre del presidente Maduro conocemos poco, pero no es de sorprenderse la pobreza de Nicolás, su hijo, como obrero del transporte, en contraste con esa familia de comerciantes judíos que bajaron de Curazao. Decía al respecto Charles Chaplin, el gran actor y judío inglés de pura cepa, que simbolizar al judío como un hombre rico no era una verdad absoluta, porque él nació en un barrio pobre de Londres, vivió de la mendicidad y en la pobreza extrema, y eso lo reflejó en sus obras maravillosas, como Charlot en la película «El Chico». Esto derrumba la tesis de que Maduro no puede tener un raizal judío porque se ganó la vida siendo obrero, que no es deshonra tampoco. Pero es incuestionable el raizal judío del presidente Maduro. La historia es «magistra vitae», es maestra de y de la vida.