Opinión
El rostro de Dios ante el salario digno y la denuncia de una economía de las tinieblas
domingo 3 mayo, 2026
Pedro Morales *
Tras haber puesto al descubierto en nuestro reciente análisis técnico publicado en el diario El Nacional, titulado «¿Por qué la ortodoxia económica del FMI falla ante el salario en Venezuela?», las profundas contradicciones de esa «factibilidad de escritorio» que naufraga ante nuestra realidad, es imperativo ahora trascender hacia la dimensión del espíritu. No basta con demostrar empíricamente que las recetas neoliberales son inaplicables en nuestra nación; es necesario comprender que detrás de cada error de cálculo y de cada escenario gélido de la ortodoxia, se oculta una crisis moral profunda.
En este orden de ideas, resulta ineludible precisar que no podemos diseccionar la inoperancia de las políticas que castigan al inocente con un «salario responsable» de miseria sin reconocer que la economía de las tinieblas es, en esencia, una negación del orden divino. Por ello, sobre la base de esa verdad técnica ya expuesta, nos adentramos ahora en el reconocimiento del rostro de Dios en el reclamo por la vida, donde la ciencia y el Evangelio se funden para proclamar la liberación de una nación que se niega a perecer.
La unidad sistémica: el Evangelio como fundamento de la Justicia Económica
En el sagrado caminar de la vida, hemos comprendido que la economía no es un frío tablero de ajedrez, sino el escenario de una batalla espiritual donde se ignora sistemáticamente la dignidad de los hijos de Dios. Todo comienza ante la figura del Buen Pastor, esa puerta que nos invita a salir de la soledad y la traición que marchita la confianza; una puerta que hoy parece cerrada por una estructura que ofrece migajas mientras el venezolano camina en un suspenso de incertidumbre, víctima de un sistema que lo ha despojado de la soberanía sobre su propia vida.
Es imperativo denunciar con fuerza la denominada economía de las tinieblas, esa que el Fondo Monetario Internacional y la ortodoxia neoclásica pretenden imponer bajo el velo de supuestas «factibilidades» y análisis de «escenarios de la economía real». Esta lógica perversa es la que ha permitido que, apenas este viernes, se decrete un «salario responsable» que no es más que una burla hiriente, un aumento irrisorio que condena al trabajador a seguir pagando los platos rotos de una gestión fallida. Analizar la economía desde la frialdad del escritorio, ignorando que detrás de cada cifra hay un hogar en calamidad, es un acto de ateísmo práctico que prefiere la salud de los indicadores sobre la vida de los seres humanos.
Consecuentemente, la Ingeniería de la Economía Humana (disciplina científica y axiológica que constituye una propuesta de carrera universitaria para la UNET o cualquier institución académica interesada en formar profesionales bajo el diseño de sistemas basados en la dignidad intrínseca de la persona, priorizando el bienestar integral y la justicia social sobre indicadores deshumanizados) surge como un grito de rebeldía ante esta desalarización deprimente, la cual constituye una expropiación del tiempo vital y del aliento sagrado de nuestras familias.
Desde la cosmovisión de una praxis humanista, surge que. no podemos ser tibios ni esquivar la dureza de esta realidad: el venezolano está siendo sometido a una perversidad económica que atenta contra su existencia misma. Por ello, el salario mínimo vital de 3.000 dólares no es un debate técnico, es la exigencia mínima de justicia que emana del artículo 91 constitucional y del derecho natural. La verdad debe preceder a la justicia, y esa verdad nos revela el rostro de Dios ante el salario digno: un Dios que se indigna ante la opresión y que reclama para sus hijos la dignidad que el poder pretende arrebatarles.
Finalmente, esta unidad sistémica nos recuerda que Venezuela no es un país pobre, sino un país empobrecido por la ceguera moral, a pesar de ser una nación con una riqueza multidimensional extraordinaria. No se trata únicamente de los ingresos petroleros reales; nuestro suelo desborda en minerales estratégicos y tierras fértiles, pero, por encima de todo, poseemos el tesoro incalculable de un talento humano excepcional, profesionales de altísimo nivel y la calidad inquebrantable de nuestra gente. Todos estos dones confirman que somos una Tierra de Gracia, una tierra de Dios, donde la providencia divina ha sido derramada para que nadie padezca necesidad.
Bajo la luz de esta verdad inalienable, se erige que nuestra misión apostólica es, por tanto, una defensa férrea del derecho a la vida, cimentada en la certeza de que «Toda la Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y para reprender, para corregir y educar para que el ser humano de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda buena obra» (2 Timoteo 3:16-17). Caminamos con la pluma firme y el alma encendida, con la seguridad de que este calvario no es eterno, porque el mal no tiene la última palabra y, al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará, trayendo la justicia real a cada hogar de nuestra amada Venezuela.
Referencia bibliográfica:
Morales Rodríguez, P. (2 de mayo de 2026). ¿Por qué la ortodoxia económica del FMI falla ante el salario en Venezuela? El Nacional. https://bitlysdowssl-aws.com/opinion/por-que-la-ortodoxia-economica-del-FMI-falla-ante-el-salario-en-Venezuela/?utm_source=Twitter&utm_medium=social&utm_campaign=social
* Economista (ULA). Profesor Titular de la ULA y la UNET. Expresidente de APUNET. Misión eucarística para la liberación espiritual: «Salve, María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera». Correo: [email protected]










