Opinión
El Rostro Invisible del Progreso: Crónica de una Transformación
jueves 12 febrero, 2026
Maximiliano Vásquez Ayestarán
Imaginemos por un momento a una mujer en un mercado de nuestra frontera. Llamémosla Elena. Elena es una experta en logística, aunque ella no lo sepa; es una maestra de la estructura de costos, aunque nunca haya pisado una facultad de economía. Elena vende ropa en un mercado. Elena lucha todos los días en un ambiente rudo llamado “informalidad”. Para el sistema financiero formal o tradicional, Elena no existe. No tiene balances auditados ni documentos registrados o locales con lujo. Si intentara cruzar la puerta de un banco convencional, se encontraría con un muro: le dirían que su negocio no es bancable. El costo de formalizarla —ese impuesto en dinero, papeles y tiempo que en nuestra región puede devorar más de tres meses de ingreso— la condena a seguir en las sombras. Pero aquí es donde la historia cambia de ritmo. Aquí es donde entra en juego una fuerza que ve rostros y habilidades; que no ve carencias, sino capacidades. En el informe del Banco Mundial 2025 llamado “Doing Business”, ellos clasifican a los países en cuanto a facilidad para hacer negocios. Venezuela ocupa el puesto 188 entre 190 países analizados. Los retos que enfrenta Elena y millones mas de emprendedores venezolanos para salir adelante con su empresa y su familia son gigantescos. En Finampyme, no esperamos a que Elena se convierta en una gran corporación para atenderla. Entendemos que el microcrédito no es solo una transacción contable; es el combustible de la libertad. Cuando nuestro equipo de profesionales —expertos que llevan el ADN de las microfinanzas en la sangre— se sienta con un emprendedor, ocurre algo mágico: el reconocimiento. Al otorgar un micro crédito, no solo se entrega dinero. Estamos diciéndole a Elena: “Creemos en ti. Tu trabajo tiene valor. Tu esfuerzo es el motor de este estado”. Es lo que llamamos la “Garantía Moral”. Mientras el mundo se detiene a pedir papeles, nosotros avanzamos midiendo la capacidad e iniciativa de nuestra gente. Más que financiero es una Escuela para la Vida. La magia de Finampyme no reside solo en el desembolso. Somos una escuela para la formación de actores económicos. Antes de que el capital llegue a las manos del microempresario, nuestro equipo brinda capacitación técnica, enseñando a navegar las tormentas de los costos y el mercadeo. Convertimos el apoyo en “productividad”. Porque la mejor ayuda que se le puede dar a un empresario está en apoyarlo a fortalecer la empresa para que él mismo pueda llenar su despensa y la de sus vecinos por el resto de su vida. Hoy, con el retorno de miles de venezolanos que traen consigo nuevas habilidades aprendidas en el extranjero, Finampyme se convierte en la plataforma de aterrizaje. Somos el “trampolín” que permite que ese retornado sea un nuevo empleador. Transformamos la economía de subsistencia en un activo familiar sólido. Estamos demostrando que, cuando las microfinanzas se unen a la solvencia moral de una institución con 26 años de historia, los muros de la informalidad comienzan a caer. Al final del día, cuando Elena cierra su puesto y guarda sus herramientas, ya no es la mujer invisible de la mañana. Ahora es una socia del desarrollo regional. Tiene un historial, tiene un nombre y, sobre todo, tiene futuro. En Finampyme, estamos convencidos de que Venezuela no se reconstruirá solo desde las grandes oficinas, sino desde cada autobús que sale a servir con su transporte, de cada Santamaria que se levanta en un barrio de San Cristóbal o en una calle de La Grita. El microcrédito es nuestro algoritmo de esperanza; y nuestra gente, el capital más valioso que jamás hayamos administrado. La invitación es a creer. Porque cuando invertimos en el pequeño empresario, Bill Gates también comenzó como pequeño empresario, estamos asegurando la grandeza de todos.
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